viernes, 12 de agosto de 2016

Cuento para Rochel: "El Testamento"


La paz del reino de Lusol dependía de aquel manuscrito firmado y sellado por el Soberano, momentos antes de abandonar su cuerpo físico.

Su sublime voluntad tenía en jaque a muchos en palacio, que como buitres revoloteaban deseosos que su víctima, el moribundo rey, les tuviese en cuenta a la hora de redactar su testamento.
  • El rey ha muerto -gritó una voz desde la torre más alta de palacio -.
Inmediatamente aquella noticia se fue transmitiendo con rapidez, y en pocos minutos era conocida por todo el reino.

Las campanas del Sagrado Templo repicaron doce veces, como anunciando al cielo la llegada de un nuevo viajero.

Mientras tanto y con la ansiedad de lobos hambrientos, los herederos esperaban recibir noticias del Consejero Real, que daría lectura al testamento.
  • Yo, Yesthip, como único Soberano de Lusol, con plena conciencia de mis actos, dejo en manos de Rochel...
Tras aquella revelación, el Consejero no pudo seguir leyendo el manuscrito, pues la rabia de aquellos que esperaban ser reconocidos como herederos al trono, se lo impidió.
  • No puede ser, el viejo estaba loco. Ese testamento no es válido, debemos evitar que se cumpla su voluntad –dijeron todos violentamente -.
  • ... que nada, ni nadie pueda impedir que mi voluntad sea cumplida -terminó de leer el Consejero -.
Pero aquellas últimas palabras, tan sólo fueron oídas por Rochel, el único heredero.

Aquello no quedaría así, los hermanos de Rochel estaban dispuestos a todo, para conseguir el poder del reino, y aquella ambición les llevó a pensar un plan malévolo.

A la mañana siguiente, nada más despuntar el alba, un vocerío vino a llamar la atención del futuro monarca.
  • Señor, señor despertad, pues ha sucedido algo terrible -vociferaba el Consejero Real -.
  • Tranquilízate y dime qué ha ocurrido -expresó Rochel -.
  • El manuscrito del testamento ha desaparecido, lo han robado esta noche mientras dormíamos -contestó el nervioso consejero -.
  • Ha sido obra de mis hermanos, pero será difícil demostrarlo. Sin testamento no se reconocerá el derecho al trono.
Tenia razón el joven Rochel, y aquello lo sabía muy bien los causantes de aquella desaparición.

Ya entrada la mañana, Rochel fue requerido por el Consejo Real, pues sus hermanos habían solicitado una reunión especial para repasar el testamento. Era la excusa que esperaban para desacreditar al heredero. Al no poder presentar el testamento, ellos solicitarían por derecho de edad el acceso al trono.

Rochel sabía que tenía que actuar pronto. El tiempo obraba en su contra y ya a penas le quedaba unos minutos para decidir qué hacer. Se sintió abrumado por todo lo que estaba sucediendo y buscó un momento de paz interior antes de hacer frente a aquella traición.

De repente y a pesar de estar sus ojos cerrados, una luz apareció en su mente y sin saber cómo, un paisaje tomó vida en su interior. Era el bosque de Lusol. Vio como un hombre encapuchado escondía entre unas piedras un papel. Era el manuscrito sellado y firmado por el rey.

Aquella visión le sobresaltó y volvió en si, recuperando de nuevo la conciencia. Acababa de ver dónde se encontraba el testamento y una voz interior le decía que debía ir hasta él.

Así fue como Rochel, recuperó su poder como heredero y puso fin a la malicia de sus hermanos, que vieron sorprendidos como sus astutos planes de nada les habían servido.

Fin


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