sábado, 6 de agosto de 2016

Cuento para Mehiel: "El joven escritor"


Desde hacía ya bastante tiempo, la vida para Mehiel se había convertido en aburrida, monótona. Jamás ocurría algo que le diese un poco de sentido.


Su única distracción había sido siempre escribir, pero aquella apatía había dejado estéril su imaginación y la fuente de inspiración parecía haberse agotado.


Pero aquella pobre situación no iba a durar siempre, y así se lo parecía a nuestro protagonista cuando de repente aquel ciclón humano entró en su habitación.
  • Hermano, hermano, mira lo que te traigo -gritó jadeante y sin aliento la impetuosa joven-.

Era la hermana menor de Mehiel, la que acababa de causar aquel atropello. En sus manos mostraba un trozo de papel que debía ser muy importante, pues el rostro del joven escritor se iluminó de un modo extraño. Tomó la nota y la beso repetidamente.
  • Es mi oportunidad. ¡Ja, ja, ja...! -reía alocadamente-. Ahora tengo un motivo para volver a escribir. Voy a ganar ese premio y seré un hombre celebre. Todos oirán hablar de mí.
Con esa ilusión se entregó en manos de la inspiración. Debía encontrar un buen guion y le daría vida a los personajes. Juntos lograría un excelente trabajo. Sí, estaba convencido de su talento. Ya lo había demostrado.

Sin embargo, fueron pasando los días y el joven escritor tan sólo había logrado llenar la papelera de hojas.

Sin duda la inspiración le había abandonado. Había dejado pasar el tiempo sin hacer uso de ella, y debió cansarse de esperar. Pero ese no era el motivo, y Mehiel que en un principio lo único que deseaba era ser famoso, fue cambiando su actitud. Ya no le importaba la celebridad, debía escribir para instruir a los demás sobre las verdades que custodiaba.

Y aquel cambio obró milagros. De nuevo sintió ese cosquilleo tan particular que le anunciaba que debía tomar rápidamente papel y lápiz, pues el manantial de la inspiración fluía de nuevo y vivificaba su mente con imágenes que debía ir transcribiendo.

·   "Erase una vez en los confines del Tiempo, cuando la humanidad vivía libre y feliz en un hermoso reino, ocurrió que una terrible bestia emergió de la oscuridad y buscó al hombre para saciar su feroz apetito.

Aquel dragón contaba con siete cabezas y diez cuernos, y pronto sembró el pánico en el paraíso. Pero cuenta la leyenda que entre los hombres había uno muy sabio al que todos amaban por su valor y bondad. Aquel valiente guerrero armado con una espada forjada en las fraguas de Kether y templada en las aguas de Hochmah, hizo frente a la bestia a la que venció tras una sangrienta batalla, en la que consiguió cortarle las siete cabezas, apoderándose de sus diez cuernos.

Desde aquel día la humanidad conoció de nuevo la felicidad, y el bravo guerrero colocó cada cabeza en las siete Montañas Sagradas, y con los diez cuernos edificó los pilares de un Gran Templo.

Todos respetaron aquella nación, la cual reinó sobre todas las naciones con sabiduría y valor".

Mehiel había terminado de escribir y se sentía como ese héroe guerrero que acababa de vencer a la bestia. ¿Qué bien se lo pasaba escribiendo?

Al día siguiente, el joven escritor presentó su obra. Ya no le interesaba ganar el premio, pero sí deseaba que los demás pudieran leerlo.

Cosa que lograría sin duda, ya que el cuento fue elegido entre todos los demás y publicado. Muchos niños conocerían cómo el valor y el amor se convierten en una invencible espada con la que se puede vencer cualquier mal, y especialmente el furor del dragón

Fin

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