viernes, 5 de agosto de 2016

Cuento para Anauel: "Un gran negocio"


La riqueza de Hod había crecido considerablemente en los últimos años. Sus habitantes eran hábiles comerciantes y entre ellos, el más sobresaliente era Anauel, un rico banquero que con talento había conseguido amasar una enorme fortuna.


Había prosperado tanto en sus negocios que suscitó en muchos una vil envidia, que les llevó incluso a planear accidentes donde, con un poco de suerte, pudiera perder la vida.

Pero la fortuna no tan sólo le sonreía en los negocios. Anauel parecía tener un pacto hecho con el cielo, pues a pesar de lo bien planeados que estaban los accidentes, de nada servirían, el joven banquero, ni tan siquiera se llegó a enterar de aquellos intentos de asesinato.

Todos se preguntaban, cuál seria el secreto que le hacía ganar tanto dinero. La verdad es que no se trataba de ningún misterio. Anauel era inteligente, muy inteligente, y sabía bien vender su género. Nunca mentía, pero tenía un arte especial, un don mágico para convencer al cliente de que su producto era el mejor.

Pero no todo se puede tener en la vida, lo que para muchos, aquella riqueza hubiese sido suficiente razón para sentirse feliz, para Anauel no acababa de satisfacerle.

Quería hacer algo importante, un gran negocio.

El destino pareció leer sus pensamientos, y cierto día, llegó hasta el pueblo un mensajero real con un edicto urgente:
  • “Su Majestad el rey Log, anuncia que a partir del próximo Sol, los impuestos subirán para poder cubrir los gastos reales. El que incumpliese esta orden será obligado a ello”.
Aquella nota despertó una protesta general en todo el pueblo de Hod. Desconocían, a qué era debido aquella medida, pero no estaban dispuestos a ser avasallados de esa forma.

El consejo de comerciantes se reunió con el propósito de buscar una solución. Tras muchas horas de hablar y hablar, fue Anauel quien tomó la palabra y dijo:
  • Seré yo quien vaya a palacio y averiguaré lo que sucede. Mi reputación me asegurará una audiencia con el rey, en la cual intentaré convencerle de su error.
Todos aprobaron aquella propuesta, pues vieron la oportunidad de matar dos pájaros de un tiro. Pensaron que tal vez no volverían a verle y ello significaba acabar con su más fuerte rival.

Anauel llegó al palacio y como él pensó, su nombre le abrió las puertas. Sería recibido por el rey Log.
  • Majestad, en el rico pueblo de Hod, no comprendemos por qué es necesario subir tanto los impuestos -explicó Anauel-.
  • Los últimos gastos de palacio han arruinado mis arcas. Nada tengo, ni tan siquiera para poder alimentarnos –contestó afligido el rey-.
  • ¿Cómo es que estáis en la ruina, si las arcas recaudaron una importante cantidad?, yo mismo ofrecí un generoso donativo -dijo el joven-.
  • Recibí de los Condados una petición de dinero. Decían que iban a custodiar el palacio de las hordas enemigas. Accedí gustosamente a ello, pero no tan sóló no me han defendido, sino que entre ellos ha estallado la guerra.
  • Debéis imponer vuestra autoridad y debéis hacerlo uniendo todos los Condados en uno. Todos deben vivir un mismo suelo y hablar una sola lengua. Todos deben dar fe a un mismo rey y defender como un sólo brazo su reino. Ese es el secreto de la riqueza. Qué vuestro mensaje los cure de su mal, de su ambición, de sus deseos egoístas que les lleva a la división y a la guerra. Qué vuestra voz, sea lúcida y sensata y no caigáis en la locura de prodigar vuestra riqueza para financiar vanas empresas.
Dejad que mi oro sirva para unir todos los Condados en una sola nación.

Así fue, como aquel hábil comerciante pudo realizar el mayor negocio de todos los tiempos. Sus riquezas sirvieron para sanar a un pueblo que estaba enfermo y que desde aquel día dejaría de estarlo.


Fin



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