jueves, 4 de agosto de 2016

Cuento para Iah-Hel: "El ¿Por qué?"

Los padres de Iah-hel no acababan de ponerse de acuerdo y discutían violentamente, sin importarles lo más mínimo los sentimientos de su hijo, que estaba oyendo aquella desafortunada conversación.
  • No podemos gastar más dinero en la operación, es una locura. Quedaremos en la ruina y ya sabes las esperanzas que el médico nos da. Ni tan siquiera nos asegura que con la intervención se cure.
Eran las palabras de su madre que parecía estar más interesada en la cuenta corriente que en la salud de su hijo.
  • A veces creo que estoy casado con un monstruo. ¿Cómo puedes hablar de dinero cuando tu hijo va a perder la vista? –le contestó muy alterado su esposo-.
Mientras que esta escena seguía su curso, Iah-hel sufría desconsolado. Se sentía culpable de que sus padres se pelearan y aquel sentimiento le llevó a abandonar su hogar, pero estaba ciego y lo único que consiguió fue agravar aún más su estado, pues en su huida tropezó, con la mala fortuna de que en su caída se golpeó la cabeza.

Sus padres, al oír un fuerte golpe acudieron y le encontraron desplomado y sin conocimiento en el suelo. Recordaron la advertencia del médico, no debía hacer movimientos bruscos, pues ello podría poner en peligro la operación.

Mientras que le socorrían, siguieron discutiendo y decidieron que si le ocurría algo al niño, se separarían para siempre.

Los médicos hicieron todo cuanto estaba en sus manos. Tan sólo les quedaba esperar unos días para conocer los resultados.

Iah-hel se había restablecido rápidamente de la operación. Su mente estaba aturdida y no era por causa del golpe, sino por las preocupaciones que le causaban sus padres.
Era un chico muy inteligente y en el colegio había conseguido ganar la admiración de sus compañeros y el respeto de los profesores. Su afán de saber era contagioso y siempre estaba investigando y preguntado el por qué de las cosas. Era tanta su afición por preguntar que le pusieron amistosamente el mote de el ¿por qué? Aquello no le molestaba, pues era muy modesto y nunca pretendió ser mejor que los demás.

Ahora, no podía ver, no podía leer, pero aquello no impedía que su afán de saber aumentara.

Cierto día, estando despierto, Iah-hel tuvo una experiencia maravillosa. Sin saber cómo, ni porque, la oscuridad exterior desapareció y todo se llenó de luz. Notó al instante que su cuerpo flotaba y parecía volar. De repente se produjo una explosión de luz y sus ojos evidenciaron un mundo de vida diferente al que conocía. Allí los seres se vestían con ropajes de energía de diferentes colores.

Cuando más maravillado estaba contemplando ese espectáculo, alguien vino a interrumpir su visión.
  • Hermoso, ¿verdad? Ven acompáñame, te enseñaré algo -le habló aquel personaje de una luminosidad azulada-.
  • ¿Dónde estoy señor? -preguntó Iah-hel-.
  • Estás en el Mundo de las Creaciones. En él habitamos mientras dormimos y cuando agotamos las experiencias con el cuerpo físico y decidimos abandonarlo -le dijo-.
  • Entonces, ¿estoy dormido o estoy muerto? -preguntó de nuevo el joven-.
  • Ni lo uno, ni lo otro. Has entrado en un estado de paz interna que te da derecho a ser habitante consciente de este mundo -explicó aquel ser luminoso-. Pero ven y observa.
Iah-hel contempló a sus padres que estaban enfadados y a punto de divorciarse. Comprendió que debía evitarlo y ese deseo le hizo retornar de nuevo al cuerpo físico.

Apenas si se había dado cuenta que podía ver. Era más importante para él, encontrar a sus padres y evitar su separación.

Llegó a tiempo, aún no habían firmado los documentos que les separaría definitivamente. Al verle, ambos sintieron que su corazón se conmovía por aquel milagro. Aquello fue suficiente para unirlos de nuevo.
Iah-hel pidió a sus padres que buscaran un lugar tranquilo en el campo donde poder recuperarse. Allí tendría la oportunidad de buscar de nuevo a ese ser luminoso. Tenía tantas cosas que preguntarle, por algo le apodaron “el ¿por qué?”.

Fin

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