jueves, 6 de abril de 2017

Génesis: "El Despertar del Ser" - 17ª parte -

La Caída II.

Traducción Convencional: “Y respondió la mujer a la serpiente: “Del fruto de los árboles del paraíso comemos, pero del fruto del que está en medio del paraíso nos ha dicho Dios: “No comáis de él, ni lo toquéis siquiera, no vayáis a morir”
Y dijo la serpiente a la mujer: “No, no moriréis; es que sabe Dios que el día que de él comáis se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal”.

Pasemos a la traducción de Fabre d´Olivet: Y Aisha, la Facultad volitiva, respondió a este Ardor cupido: podemos alimentarnos sin temor del fruto sustancial del recinto orgánico.
Pero en cuanto el fruto de la substancia misma que está en el centro de este recinto, nos ha dicho, Él-los-Dioses, no lo convirtáis en alimento, no hagáis de él aspiración de vuestra alma, de miedo a que no os hagáis inevitablemente morir.
Entonces Nahash, dijo: no, no es de muerte que os haréis inevitablemente morir.
Ya que sabe bien, Él-los-Dioses, que el día en que os alimentéis de esa substancia, vuestros ojos se abrirán a la luz, y teme que seáis tales como Él, conociendo el bien y el mal”.


Ya hemos visto en el capítulo anterior, como la Humanidad era guiada por los Ángeles, Entidades que estaban al servicio de Jehová. Advertíamos como la conciencia era similar a la de un ensueño y se encontraba orientada hacia el mundo interno.

Tal y como se recoge en la narración convencional de este pasaje, la divinidad actúa de un modo incoherente, pues por un lado dispone en el recinto orgánico de un medio de aprendizaje y por otro, prohíbe hacer uso de él. Es como si nos hubiese dotado de un cerebro y nos advirtiese que no lo utilicemos para expresar nuestros pensamientos, nuestra capacidad de discernir.

El hecho de que ese “medio de aprendizaje” estuviese situado en el recinto orgánico, nos está indicando que en los “planes” de Jehová estaba que la Humanidad se alimentase de Él, del Conocimiento del Bien o del Mal. Pero a su debido tiempo, es decir, cuando los Vehículos con los que había dotado a su creación, hubiesen alcanzado mayor desarrollo, cuando su Cuerpo de Deseo y su Cuerpo Mental, fuesen capaces de asimilar ese Saber.

Pero, como ya hemos dicho a lo largo de este estudio, el Adam Universal y su compañera Aisha, eran portadores en estado potencial de todas las facultades con las que contaba su Creador. Habían sido creados a su imagen  y semejanza. Por lo tanto, tenían la facultad de “elegir” libremente, de desplegar su Voluntad, sus Deseos y sus Pensamientos para llevar a cabo sus Propósitos.

El Hombre, era el fruto de una composición de los 4 Elementos Zodiacales; era Fuego, era Agua, era Aire y en esa fase, era, igualmente, Tierra. En su Programa Evolutivo tenía que recapitular los Trabajos realizados por su Creador en los cuatro primeros Días de la Creación desarrollados hasta ese momento evolutivo. Siendo esto así, al recapitular el proceso de integración del Fuego y del Agua, se produciría la división de este segundo Elemento y, mientras que una parte de nuestras emociones, se comunicaba con los Ángeles para recibir el “alimento” espiritual de primera mano, la otra, se comunicaba con los Luciferes, Ángeles Caídos, que estaban en condiciones de administrarnos el conocimiento del Mundo Material, en el que eran expertos.

A partir de ese momento, interviene Aisha, la Facultad Volitiva, la Facultad de Comprender, pues su función era ver reflejada la Voluntad externamente para una mejor comprensión de sus actos. Aisha representa el rostro receptivo de esa Humanidad Primigenia, la cual era sensible a recibir, a interpretar la “voz” de los Luciferes. Pero para que esa “voz” llegase hasta los oídos de Aisha, era necesario que se sintiera apetencia por recibirla, es decir, que existiese el deseo de “Conocer”.

Cada vez que movilizamos nuestros deseos y pensamientos y los orientamos a la conquista del mundo material, estamos conectándonos con los Luciferes, los cuales, depositarán en nosotros el ardor cupido, envidioso, que nos motivará a conseguir el propósito perseguido.

Cada vez que movilizamos nuestros deseos y pensamientos y los impregnamos de amor hacia los demás, estamos permitiendo que los Ángeles canalicen esas energías en beneficio de la Humanidad.

En la medida en que nuestra conciencia, despierta del largo sueño en el que ha quedado sumido Adam, dejaremos de sentir apetencia por la conquista del mundo material. Dejaremos de vernos como seres separados, dejaremos de sentirnos culpables, dejaremos de sentir miedo, dejaremos de sentirnos atacados, y recuperaremos la percepción de la única verdad, la Unidad. Cuando eso ocurra, ya no responderemos a las voces de los Luciferes y nos vincularemos de nuevo, de pleno derecho, a trabajar conjuntamente con las Entidades Angélicas, los cuales seguirán prestándonos su ayuda para realizar los Trabajos previos al 5º Día de la Creación. Esos Trabajos se desarrollarán, en gran parte, en el Cuerpo Vital.


Podemos concretar este punto, diciendo que la impaciencia por conocer el Bien y el Mal hizo que la Obra se le fuera de las manos al Creador, y así el Hombre, en lugar de ser un vehículo dócil para su Yo Espiritual, se convirtió en su Velo. La aparición del mal no se debió a la iniciativa de los Luciferianos, sino a nuestra incapacidad de absorber las energías creadoras de las huestes divinas a las cuales nos conectamos, potenciando con las energías desperdiciadas, lo negativo, lo que nos viene al revés.

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