martes, 4 de abril de 2017

Génesis: "El Despertar del Ser" - 15ª parte -

El jardín del Edén VI.

Traducción Convencional: “Hizo, pues, Yavé Dios caer sobre el hombre un profundo sopor, y, dormido, tomó una de sus costillas, cerrando en su lugar con carne, y de la costilla que del hombre tomara, formó Yavé Dios a la mujer, y se la presentó al hombre. El hombre exclamó: “Esto sí que es ya hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta se llamará varona, porque del varón ha sido tomada”.

Pasemos a la traducción de Fabre d´Olivet: Entonces Jehová, el Ser de Seres dejó caer un sueño profundo y simpático sobre este Hombre Universal, que se durmió de pronto y rompiendo la unidad de sus envoltorios exteriores, tomo uno de ellos y revistió de forma y de belleza corporal, su debilidad original.
Seguidamente restableció ese envoltorio que había extraído de la substancia misma de Adam, para hacerla servir de base a la de Aisha, su compañera intelectual; y la llevó hacia él.
Y Adam, declarando su pensamiento, dijo: esta es verdaderamente substancia de mi substancia y forma de mi forma; y la llamó a Aisha, facultad volitiva eficiente, a causa del principio volitivo intelectual Aish, del cual había sido extraída en substancia”.


En la terminología esotérica, el concepto sueño adquiere un significado importante, que va más allá de la idea concebida y asociada a él, de periodo de descanso corporal. Siempre se ha dicho que el sueño tiene un efecto reparador. También se le otorga al sueño una cualidad “iluminadora”, queriendo decir con ello, que “consultando con la almohada” los problemas que nos acucian, al despertar tenemos la respuesta.
Pero existen otros significados más trascendentes del sueño. Se utiliza el término sueño para referirnos al periodo que va de una encarnación a otra y, a nivel cósmico, a la “noche” que separa dos Rondas o que separa dos Días de Trabajo.

Como ya hemos advertido en otra parte de este estudio, el nivel de conciencia de Adam lo situaba en la Esfera de Kether, es decir, de Unidad, de ahí que fuese hermafrodita. En ese nivel, gozaba de la pureza de ese estado de conciencia, y por lo tanto, no tenía necesidad de que su cuerpo físico pasase por la experiencia de la muerte.

Cuando el autor nos transmite que el Creador dejó caer un “sueño profundo y simpático sobre este Hombre Universal, que se durmió de pronto y rompiendo la unidad de sus envoltorios exteriores, tomo uno de ellos y revistió de forma y de belleza corporal, su debilidad original”, lo que está revelándonos es el nacimiento del ser dual, el nacimiento del ego. Ese sueño afectó a la conciencia de Unidad. Podemos decir, que la Humanidad Adamita recapituló los Trabajos del 2º Día, dando lugar a la división de la Conciencia Una para entrar en un profundo letargo que le llevaría a la Conciencia egóica y Dual.

Ya vimos en el capítulo anterior, como este proceso es fruto de un acto de “obediencia”, pues las pautas que estamos estudiando responden a la ruta trazada por Elohim en su Proceso Creador. Pasar de una Conciencia Espiritual a una Conciencia Material, forma parte del camino que ha de llevarnos a realizar la experiencia del 4º Día. Es evidente, que no es nuestro Objetivo Final; aún nos aguardan los Trabajos del 5º y 6º Día, y al abordar los Trabajos del 4º Día, tendremos que acometer los Trabajos de Anticipación de esos Días, por lo que cabe esperar –actualmente nos encontramos en la 4ª Ronda del 4º Día- que dichos Trabajos anticipatorio nos llevará a purificar los Vehículos Emocional y Mental. La Era de Acuario, se caracterizará por el desarrollo de la conciencia, la cual estará orientada a la conquista de la Unidad.

“Seguidamente restableció ese envoltorio que había extraído de la substancia misma de Adam, para hacerla servir de base a la de Aisha, su compañera intelectual; y la llevó hacia él”.

Las Letras Sagradas que componen el nombre de Aisha, son el Aleph, el Schin y el He. La clave de este nombre, que se traduce como la Facultad de Comprender, está en el valor del Schin. Este estado es profundamente significativo, pues se interpreta como el canal que une la divinidad al hombre, es decir, es el escenario donde se experimenta el encuentro entre la naturaleza espiritual y la material. Fijémonos que se sitúa entre el Aleph y el He. El Aleph es la Fuente Primordial de Vida, en la cual toda Voluntad tiene su origen. Por otra parte, el He, el Principio Fecundador por excelencia. Cuando se une el Aleph y el He, no puede surgir otra cosa que la Abundancia, la Creación. La aportación del Schin implícita en esta dinámica creadora, nos está revelando, que el fruto de esa Creación es la propia Comprensión de la Obra que se está gestando, es decir, la Facultad de Comprender.

La aportación del Schin adquiere un protagonismo especial a la hora de comprender la diferencia entre el nombre sagrado de Jehová y de Jesús. Veámoslo:

Jehová: Yod-He-Vav-He = La Ley Reguladora.
Jesús: Yod-He-Schin-Vav-He = La Ley del Amor.

Sería muy extenso adentrarnos en el estudio de estas apreciaciones, pero, sí podemos advertir que cuando los trabajos de Jehová estén culminados, es decir, cuando seamos capaces de actuar de acuerdo a las Leyes Cósmicas, estaremos preparados para recuperar la “inocencia perdida de la Unidad”, cuando abordemos los Trabajos de Jesús. No existe Fuerza más liberadora y milagrosa que la que actúa en nombre de Jesús. La Conciencia de Jesús nos hace merecedores de la venida de la naturaleza Crística, es decir, de establecer la plena conciencia de que Dios y la Humanidad son Uno.

No podemos poner punto y final a este apartado, sin referirnos a la Facultad de Comprender implícita en la naturaleza femenina. Las enseñanzas nos transmiten que la “mujer” actúa de “espejo” para que veamos reflejado en él, el uso que hemos hecho de nuestra Voluntad. Es este sentido que debemos dar a la facultad del aspecto femenino. Es la mujer la que cuenta con la capacidad de gestar vida. De igual modo, es el Arquetipo femenino, donde esa facultad gestadora engendra lo que la Voluntad ha puesto en circulación. Si esa cualidad no existiese, no tendríamos la oportunidad de “comprender” el para qué de las cosas.

Cuando la “tierra” nos da coles, es porque hemos sembrado coles. Si nos da patatas es porque hemos sembrado patatas. Si nuestra “tierra”, nos da coles, pero queremos patatas…, no podemos quejarnos y juzgar a las coles. Nuestra facultad de comprensión no está funcionando debidamente y ello creará un ambiente de enemistad entre nuestra naturaleza femenina, que adquiriendo la forma de anécdotas, nos llevará a vivir situaciones que no conseguimos asimilar y tratamos de expulsarla de nuestras vidas. Viviremos el conflicto de la separación, de la desarmonía, de la enfermedad, etc. Viviremos la incoherencia.

Si quieres patatas, siembra patatas. Ese estado de coherencia, nos permitirá establecer una magnifica relación con nuestra naturaleza femenina, y por ende, una extraordinaria lucidez, fruto de la Facultad de Comprender.

Traducción Convencional: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre; y se adherirá a su mujer; y vendrán a ser los dos una sola carne. Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, sin avergonzarse de ello”.

Pasemos a la traducción de Fabre d´Olivet: He aquí porque el hombre intelectual, Aish, debe abandonar su padre y su madre para reunirse con su compañera intelectual, Aisha, su facultad volitiva, afín de hacer con ella un sólo ser bajo una misma forma.
Pero estaban uno y otro enteramente descubiertos, sin ningún velo corporal que disfrazara sus concepciones mentales, el universal Adam y su facultad volitiva Aisha; y no se causaban entre ellos vergüenza alguna”.

Era inevitable. Ese abandono al que hace referencia el traductor, estaba establecido en el Plan Cósmico, pues como hemos visto, la recapitulación del 2º Día, nos lleva a experimentar la división. 
¿Acaso, no son nuestros Padres, el estado anterior a esa división, es decir, el estado llamado Unidad? 
Una vez que decidimos continuar caminando siguiendo la ruta establecida, nuestras emociones, representada por la naturaleza femenina,  se identificarán con ese mundo dual, dando lugar a la necesidad evolutiva de encarnar una y otra vez, pues ya no hemos sido capaces de elevar hacia la Luz el potencial de nuestros deseos. 
Realmente, lo que ocurre en este pasaje, es lo mismo que protagonizó Elohim en el 2º Día de la Creación, en el que no consiguió que todo ese Caudal Emocional, representado por el Agua Zodiacal se integrar armoniosamente con el Fuego Primordial.
Fuego es Espíritu; Agua es Deseo. Cuando el Deseo no es Elevado, es decir, no trabaja para llevar a cabo el Designio Espiritual, dará lugar a una segunda “creación”, o lo que es lo mismo, decide llegar a la Verdad por un camino más largo y lleno de rigores, pues las Energías cuando no sirven al Amor promueven las fuerzas de repulsión, de destrucción.

“Pero estaban uno y otro enteramente descubiertos, sin ningún velo corporal que disfrazara sus concepciones mentales, el universal Adam y su facultad volitiva Aisha; y no se causaban entre ellos vergüenza alguna”.

En esa etapa del camino, aún no había motivo para avergonzarse de su desnudez. Es evidente que no nos estamos refiriendo a la desnudez del cuerpo físico. En ese momento de la evolución, nuestra mente estaba libre de perjuicios morales. Se trata de la desnudez de sus vehículos, es decir, del Cuerpo Mental, el Cuerpo de Deseos y el Cuerpo Físico.

A pesar de que esa Humanidad acababa de caer en un profundo sueño, del cual ha surgido con una conciencia dual, aún, no existía velo corporal alguno que disfrazara sus concepciones mentales. Era una Mente Universal sin velos.


Podemos decir, que el Yo Espiritual se hacía oír y ejercía control sobre los vehículos. Sin embargo, los siguientes pasajes recogidos en el siguiente capítulo del texto sagrado nos revelará que ese “estado”  se vería alterado, y nuestros protagonistas, representarían una de las escenas más incomprendidas de la historia de la humanidad: La Caída.

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