lunes, 10 de abril de 2017

Génesis: "El Despertar del Ser" - 21ª parte -

La Caída VI.

Traducción Convencional: “El hombre llamó Eva a su mujer, por ser la madre de todos los vivientes.
Hízoles Yavé Dios al hombre y su mujer túnicas de pieles, y los vistió.
Díjose Yavé Dios: “He ahí al hombre hecho como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal; que no vaya ahora a tender su mano al árbol de la vida y, comiendo de él, viva para siempre.
Y le arrojó Yavé Dios del jardín de Edén, a labrar la tierra de que había sido tomado. Expulsó al hombre y puso delante del jardín de Edén un querubín que blandía flameante espada para guardar el camino del árbol de la vida”.

Pasemos a la traducción de Fabre d´Olivet: Entonces el universal Adam asignó a su facultad volitiva Aisha el nombre de Eva, existencia elementaria, a causa de que se convertía en el origen de todo lo que constituye esta existencia.
Seguidamente, Jehová, Él-los-Dioses, hizo para Adam y para su compañera intelectual unas especies de cuerpos de defensa, con los cuales les revistió cuidadosamente.
Diciendo Jehová, Él-los-Dioses: he aquí Adam, el Hombre universal, convertido en semejante a uno de nosotros, según el conocimiento del bien y del mal. Pero entonces, por miedo a que no extendiera su mano y se apoderara también del principio substancial de las Vidas y se alimentara de él, y que no viviera en el estado en que se encontraba durante la inmensidad de los tiempos, Jehová, el Ser de Seres, lo aisló de la esfera orgánica de la sensibilidad temporal, afín de que el hombre elaborara y sirviera con cuidado este Elemento adámico, del cual había sido creado.
Así alejó de su puesto ese Hombre universal y hizo residir del principio de la anterioridad de los tiempos, en la esfera sensible y temporal, un ser colectivo llamado Querubín, semejante al potencial multiplicador universal, armado de la llama incandescente de la exterminación, remolineando sin cesar sobre sí misma, para guardar la ruta de la substancia elemental de las Vidas”.

En este último pasaje del 3º Capítulo del Génesis, se nos describen varios temas interesantes y, añadiría, determinantes a la hora de establecer el comienzo de la conciencia temporal con la que se identifica el ego. Veámoslo.

En primer lugar, participamos de una transformación protagonizada por la naturaleza femenina, representada por Aisha. Dicho proceso viene determinado por el cambio de nombre. De Aisha, la Facultad Volitiva, la Facultad de Comprender, pasa a llamarse Eva (Heith-Vav-He), cuya interpretación es “el ser que transmite la vida”. Fabre traduce su nombre como la “existencia elementaria”, el origen de todo lo que constituye esta existencia.

Es obvio que se está refiriendo a la existencia del Mundo Material, y sobre todo, a partir de haber comido del Árbol del Conocimiento del Bien o del Mal, a partir de su despertar a la temporalidad del plano material, se convierte en la representante de la facultad de transmitir la vida en ese nivel; adquiere su condición de “matrona”.

Esa mujer perpetuadora de la especie humana, sigue representando las cualidades transmitidas por Aisha, es decir, continúa siendo el “espejo” donde se ve reflejada las iniciativas emprendidas por la voluntad.

La aportación del Heith en la raíz del nombre de Eva, nos está indicando, la capacidad que acabamos de mencionar. Esta Letra Sagrada expresa la dinámica de Transición entre los Elementos Agua y Aire, entre los Signos de Piscis y Libra. Esto nos está indicando, que será en el rostro de la complementariedad que aporta la naturaleza femenina, donde se podrá ver expresada el potencial fecundador de las emociones. Eva, lleva inscrito en su genética espiritual, convertirse en la senda que ha de conducirnos a encontrar el modo de conectar de nuevo con nuestra naturaleza espiritual.

“Seguidamente, Jehová, Él-los-Dioses, hizo para Adam y para su compañera intelectual unas especies de cuerpos de defensa, con los cuales les revistió cuidadosamente”.

A estas alturas, no debemos imaginarnos a un Dios “sastre”, seguro que el autor se está refiriendo a algo más trascendente. Esos “cuerpos de defensa”, alcanzado el 4º Día de la Creación, y tras haberse producido la elección de despertar anticipadamente al Conocimiento del Bien y del Mal propio del Mundo Material, podríamos decir, que se está refiriendo a los siguientes Vehículos/Cuerpos: Cuerpo Mental; Cuerpo de Deseos; Cuerpo Vital y Cuerpo Físico.

Podemos decir, que el Mundo Físico es el Plano de Manifestación más alejado del Mundo Divino o Superior. Alcanzado este peldaño de la escalera, hemos recorrido lo que llaman el Camino de la Involución. A partir de este punto, se producirá el retorno al Origen, al Mundo Divino, y en la medida en que esto se vaya realizando, los Vehículos inferiores irán integrando al Ser (Yo Espiritual) toda la experiencia asimilada y se irá desintegrando.

“…he aquí Adam, el Hombre universal, convertido en semejante a uno de nosotros, según el conocimiento del bien y del mal”.

Ese Adam Universal, no ha cambiado su condición, sigue representando a la Humanidad, aunque, una vez abierto sus ojos al comer del fruto del Conocimiento, ya se percibe como un ser individualizado. Ese Adam, a pesar de creerse “separado” de su Creador, está dotado de los Vehículos/Cuerpos necesarios para desarrollar su labor de divinizar la materia. Jehová le atribuye esa semejanza, reconociéndoles su condición de un dios en potencia. Ese hombre tiene la facultad creadora innata en él y recibe el alimento de los Dioses, que ha de aportarle la sapiencia del bien y del mal. Ese alimento espiritual, debe ser asimilado por una conciencia dual, y dada la inexperiencia en el dominio de los Vehículo con los que cuenta, ese alimento va a parar a los confines de Nahash, el cual se encarga de suministrarnos ese saber pero por la vía del rigor.

“Pero entonces, por miedo a que no extendiera su mano y se apoderara también del principio substancial de las Vidas y se alimentara de él, y que no viviera en el estado en que se encontraba durante la inmensidad de los tiempos, Jehová, el Ser de Seres, lo aisló de la esfera orgánica de la sensibilidad temporal, afín de que el hombre elaborara y sirviera con cuidado este Elemento adámico, del cual había sido creado”.

¿Quién no se ha preguntado alguna vez cómo vencer el mal? ¿Qué aspirante, deseoso de hacer el bien, no se ha encontrado, de repente, dando vida al mal?

"Realmente mi proceder no lo comprendo pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco. (...) Pues bien sé yo que nada bueno, habita en mi, es decir, en mi carne; en efecto, querer el bien lo tengo a mi alcance mas no el realizarlo, puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero. Y si hago lo que no quiero, no soy yo quien Io obra, sino el pecado que habita en mí.
Descubro, pues, esta ley: aun queriendo hacer el bien, es el mal el que se me presenta.(...) iPobre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo que me lleva a la muerte?" (Rm 7, 15-24).

Las palabras escritas por San Pablo expresan a la perfección ese estado que experimenta el ser humano dual, sometido a la ley de Nahash.

Afortunadamente, la Divinidad establece un mecanismo de seguridad para que el canal de conexión elegido por Aisha, servir a los Luciferes, sea considerado como el apropiado para alcanzar el Conocimiento verdadero, pues el conocimiento que nos aporta Nahash es una “ilusión”, pues no olvidemos que los Luciferes eran escindidos, rezagados, de su propia Oleada de Vida, y no pueden enseñarnos lo que no tienen asimilado. Ellos son expertos en el dominio de la “separación”; ellos no son integradores armónicos de los Elementos; su labor, es anticiparnos un conocimiento inmaduro, que al ser asimilados será rechazado, vomitado, por no ser un conocimiento basado en las Leyes Reguladoras de Jehová. Será, esa respuesta de rechazo, de frustración, de dolor, de miedo, de culpa, de enfermedad, el que nos hará desear otro alimento. Una vez saciado el apetito de degustar los placeres terrenales, nuestra añoranza espiritual, nos llevará a la búsqueda del verdadero Conocimiento, el que únicamente nos puede aportar, si decidimos, si elegimos, sintonizar el canal que nos pondrá en comunicación con nuestro Yo Espiritual.

Jehová decide expulsar a Adam del Recinto Orgánico, lo aisló de ese estado de conciencia. No se está refiriendo el autor a una zona geográfica, sino a un “estado de ser”. Jehová lo único que hace es describir nuestra situación, revelarnos el nuevo paisaje en el que hemos decidido libremente instalar nuestra conciencia. El responder a Nahash y quedar a sus servicios, nos sitúa inmediatamente en un nuevo escenario. Ya no nos encontramos conectados a nuestro Creador. Ya no oímos su voz, ni seguimos sus “leyes”. Ahora, es la voz de Nahash la que dejamos oír en nuestro interior y decidimos que gobierne nuestras acciones. Esas acciones ya no respetan la Ley, ya no son acciones respaldadas por la Fuerza de Atracción, sino que responden a las Fuerzas de Repulsión. Es necesario, de que el hombre coseche lo que ha sembrado. De este modo, establecerá la relación causa y efecto, y tendrá la oportunidad de decidir, si elige sembrar de nuevo, lo que tan malos frutos le ha brindado.

El error, tiene su propio marco, su propio escenario. No puede coexistir con la verdad, al igual que la oscuridad no puede existir en la luz. De esto se deduce una importante lección de comportamiento. El bien y el mal, forman parte de nuestra naturaleza. Debemos dejar crecer la cizaña para no cortar el trigo. Una vez crecido, sabremos distinguir la condición de ambos y nos resultará más fácil cortar uno y conservar al otro. El mal, al estar basado en la Fuerza de Repulsión, se autodestruye. Lo único que tenemos que hacer es dejar de alimentarlo. Si lo rechazamos, estamos utilizando su misma Fuerza y lograremos el efecto contrario, es decir, lo alimentaremos. Si somos conscientes de algún aspecto de orden inferior en nuestra naturaleza, lo importante, es ser consciente de que es un aspecto de nuestro ego, con el que nos hemos identificado y al cual, no debemos rechazar. Si lo hacemos, proyectaremos sobre los demás ese rostro no deseado de nosotros y estableceremos una relación con dicha tendencia que no tendrá fin. La aceptación, es una liberación, que alcanzará su punto final, cuando decidamos no volver a alimentarlo.

“Así alejó de su puesto ese Hombre universal y hizo residir del principio de la anterioridad de los tiempos, en la esfera sensible y temporal, un ser colectivo llamado Querubín, semejante al potencial multiplicador universal, armado de la llama incandescente de la exterminación, remolineando sin cesar sobre sí misma, para guardar la ruta de la substancia elemental de las Vidas”.

La figura de un Querubín, procedente del “principio de la anterioridad de los tiempos”, un “ser colectivo”, ocuparía la esfera sensible y temporal. Jehová nos está describiendo la procedencia de los Querubines, al revelarnos que proceden del “principio de la anterioridad de los tiempos”, es decir, pertenecían a otro Periodo de Manifestación, anterior al desarrollado por Elohim. Los Querubines pertenecen a la Oleada de Vida Angélica y trabajan en la Esfera de Hochmah, el Centro del Amor Incondicional. Las narraciones cabalísticas, nos dicen, al referirse al Espíritu de Cristo, que era un Querubín, cuya misión estelar consistió en responder a la llamada de Comunión del Iniciado más elevado de la Oleada de Vida Humana, de Jesús.

Ese ser colectivo, está a nuestra disposición permanentemente, al igual, como lo estuvo para Jesús. Él está salvaguardando nuestra evolución; está en espera de que decidamos libremente desconectarnos del canal que nos sintoniza con Nahash y decidamos cambiar el dial. Su dial es el Amor; su mensaje, la Salvación, la Redención, la Liberación.


Todos podemos conectar con su Espíritu. Él no permitirá que el mal penetre en la esfera sensible y temporal donde se encuentra el Árbol de la Vida. El fruto de ese Árbol, no es otro que el del Amor. El mal no puede utilizar al bien para su perpetuación, ya lo hemos visto anteriormente. El mal es fruto del error y ese error, no lo confundamos con la existencia del Mundo Material, sino con la creencia de pertenecer a él. 

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