viernes, 14 de julio de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 195

LECCIÓN 195

El amor es el camino que recorro con gratitud.

1. Para aquellos que contemplan el mundo desde una perspectiva errónea, la gratitud es una lección muy difícil de aprender. 2Lo más que pueden hacer es considerar que su situación es mejor que la de los demás. 3Y tratan de contentarse porque hay otros que aparentemente sufren más que ellos. 4¡Cuán tristes y lamentables son semejantes pensamientos! 5Pues, ¿quién puede tener motivos para sentirse agradecido si otros no los tienen? 6¿Y quién iba a sufrir menos porque ve que otro sufre más? 7Debes estarle agradecido únicamente a Aquel que hizo desaparecer todo motivo de sufrimiento del mundo.

2. Es absurdo dar gracias por el sufrimiento. 2Mas es igualmente absurdo no estarle agradecido a Uno que te ofrece los medios por los cuales todo dolor se cura y todo sufrimiento queda reempla­zado por la risa y la felicidad. 3Ni siquiera los que están parcial­mente cuerdos podrían negarse a dar los pasos que Él indica, ni dejar de seguir el camino que Él les señala a fin de escapar de una prisión que creían que no tenía salida a la libertad que ahora perciben.

3. Tu hermano es tu "enemigo" porque lo ves como el rival de tu paz: el saqueador que te roba tu dicha y no te deja nada salvo una negra desesperación, tan amarga e implacable que acaba con toda esperanza. 2Lo único que puedes desear ahora es la venganza. 3Lo único que puedes hacer ahora es tratar de arrastrarlo a la muerte junto contigo, para que sea tan impotente como tú, y para que en sus ambiciosas manos quede tan poco como en las tuyas.

4. No le das gracias a Dios porque tu hermano esté más esclavi­zado que tú, ni tampoco podrías, en tu sano juicio, enfadarte si él parece ser más libre. 2El amor no hace comparaciones. 3Y la grati­tud sólo puede ser sincera si va acompañada de amor. 4Le damos gracias a Dios nuestro Padre porque todas las cosas encontrarán su libertad en nosotros. 5Es imposible que algunas puedan libe­rarse mientras otras permanecen cautivas. 6Pues, ¿quién puede regatear en nombre del amor?

5. Da gracias, por lo tanto, pero con sinceridad. 2Y deja que en tu gratitud haya cabida para todos los que se han de escapar con­tigo: los enfermos, los débiles, los necesitados y los temerosos, así como los que se lamentan de lo que parece ser una pérdida, los que sienten un aparente dolor y los que pasan frío o hambre y caminan por el camino del odio y la senda de la muerte. 3Todos ellos te acompañan. 4No nos comparemos con ellos, pues al hacer eso los separamos en nuestra conciencia de la unidad que com­partimos con ellos y que ellos no pueden sino compartir con no­sotros también.

6. Le damos las gracias a nuestro Padre sólo por una cosa: que no estamos separados de ninguna cosa viviente, y, por lo tanto, somos uno con Él. 2Y nos regocijamos de que jamás puedan hacerse excepciones que menoscaben nuestra plenitud o inhiban o alteren en modo alguno nuestra función de completar a Aquel que es en Sí Mismo la compleción. 3Damos gracias por toda cosa viviente, pues, de otra manera, no estaríamos dando gracias por nada, y estaríamos dejando de reconocer los dones que Dios nos ha dado.

7. Permitamos, entonces, que nuestros hermanos reclinen su fati­gada cabeza sobre nuestros hombros y que descansen por un rato. 2Damos gracias por ellos. 3Pues si podemos dirigirlos a la paz que nosotros mismos queremos encontrar, el camino quedará por fin libre y franco para nosotros. 4Una puerta ancestral vuelve a girar libremente; una Palabra -hace tiempo olvidada- resuena de nuevo en nuestra memoria y cobra mayor claridad al estar nosotros dispuestos a escuchar una vez más.

8. Recorre, pues, con gratitud el camino del amor. 2Pues olvida­mos el odio cuando dejamos a un lado las comparaciones. 3¿Qué podría ser entonces un obstáculo para la paz? 4El temor a Dios por fin es obliterado, y perdonamos sin hacer comparaciones. 5Y así, no podemos elegir pasar por alto sólo ciertas cosas, mientras retenemos bajo llave otras que consideramos "pecados". 6Cuando tu perdón sea total tu gratitud lo será también, pues te darás cuenta de que todas las cosas son acreedoras al derecho a ser amadas por ser amorosas, incluyendo tu propio ser.

9. Hoy aprendemos a pensar en la gratitud en vez de en la ira, la malicia y la venganza: 2Se nos ha dado todo. 3Si nos negamos a reconocer esto, ello no nos da derecho a sentirnos amargados o a percibirnos como que estamos en un lugar donde se nos persigue despiadadamente y se nos hostiga sin cesar, o donde se nos atropella sin la menor consideración por nosotros o por nuestro futuro. 4La gratitud se convierte en el único pensamiento conque sustituimos estas percepciones descabelladas. 5Dios ha cuidado de nosotros y nos llama Su Hijo. 6¿Puede haber algo más grande que eso?

10. Nuestra gratitud allanará el camino que nos conduce a Él y acortará la duración de nuestro aprendizaje mucho más de lo que jamás podrías haber soñado. 2La gratitud y el amor van de la mano, y allí donde uno de ellos se encuentra, el otro no puede sino estar. 3Pues la gratitud no es sino un aspecto del Amor, que es la Fuente de toda la creación. 4Dios te da las gracias a ti, Su Hijo, por ser lo que eres: Su Propia compleción y la Fuente del amor junto con El. 5Tu gratitud hacia Él es la misma que la Suya hacia ti. 6Pues el amor no puede recorrer ningún camino que no sea el de la gratitud, y ése es el camino que recorremos los que nos encaminamos hacia Dios.


¿Qué me enseña esta lección?

Doy gracias al Creador, a mi Padre Celestial, por haberme creado.

Doy gracias a mi Hacedor, por habernos hechos a su Imagen y Semejanza.

Le doy gracias, por haberme dotado de libertad, por haberme hecho perfecto.

Te doy gracias Padre, por gozar de Tu Unidad.

Te doy gracias, por permitirme Ser consciente de quién Soy y de lo que Soy.

Te doy gracias Señor, pues es mi manera de expresarte mi Amor.

Te doy gracias, por todos los instantes, pues cada uno de ellos, supone un encuentro Santo.

Te doy gracias Padre, por Ser Uno con Toda la Filiación.

Te doy gracias por haberme enseñado a ver tu Rostro en la faz de mis Hermanos.

Te doy gracias, por Tu Plan de Salvación.

Te doy gracias, por concederme la Expiación.

Te doy gracias, por tu Amor, por tu Bondad, por tu Conocimiento, por tu Grandeza, por tu Misericordia, por tu Justicia, por tu Luz; por tu Belleza, por tu Armonía, por tu Paz, por tu Comprensión.

Ejemplo-Guía: "El mejor regalo que podemos hacer al mundo es compartir nuestra gratitud"

No es la primera vez que el Libro de Ejercicios dedica una Lección para tratar la virtud de la gracia y el acto del uso de la gratitud. Os dejo el enlace de la Lección 123, en la cual realizo algunas reflexiones sobre el tema de la gracia:

http://aprendiendouncursodemilagros.blogspot.com.es/2016/05/ucdm-libro-de-ejercicios-leccion-123.html

Para completar lo ya expuesto en dicha lección, hoy me gustaría resaltar un aspecto de la gracia que había tratado muy a la ligera y que sin duda debemos conocer.

La gracia, al igual que el perdón, son manifestaciones que podemos percibir dentro del sueño y que encuentra su fuente, su origen, en la condición espiritual del Amor. Cuando expresamos desde el corazón nuestra gratitud, estamos  revelando que nuestra conciencia es sensible a la visión de la unidad y sobre todo somos sensibles a la vibración de la "expansión", la cual se caracteriza por ser el canal de expresión de la fuerza de atracción.

La experiencia del sueño nos lleva a veces a confundir cuando expresamos nuestra gratitud como expresión natural de nuestra condición espiritual y cuando expresamos nuestra gratitud como una artimaña para conseguir un fin postrero que nos beneficie. En este último caso, podemos hablar de una gracia fingida.

La gratitud fingida no emana del corazón, no es natural, y en muchas ocasiones es difícil de reconocer, pero si prestamos atención no tardaremos en descubrir que las "patitas que nos enseña por debajo de la puerta, no son de cordero, sino de lobo", es decir, esa gracia fingida dejará un rastro, una huella que nos permitirá identificar si estamos ante un acto de gratitud desinteresada o por el contrario, perseguimos algún fin egoísta con nuestro acto.

La gratitud, está basada en la condición natural de dar, y cuando no persigue ese fin, no tardará en mostrarnos su verdadero rostro de impostor, pues pronto le pondremos precio a aquello que hemos vestido con los ropajes de la gratitud.

Por lo tanto, me atrevería a decir, que la verdadera gratitud no tiene precio, ni pone precio a nuestro acto de agradecimiento. Si recibo un regalo y manifiesto mi gratitud sin buscar ninguna otra respuesta, estaré dando muestra de un estado de comprensión y de amor por el gesto recibido. Si en cambio, doy las gracias, pero estoy pensando en el modo de recibir más regalos, estaré desvirtuando el acto de la gratitud.

Cuando damos gracia, recibimos gratitud. A veces he llegado a pensar, que el acto de dar las gracias es contagioso, al menos, favorece la comunicación de tal modo, que creamos un clima, un ambiente, propicio para que las relaciones fluyan desde el acercamiento y desde el espíritu de la unidad y el entendimiento.

Me atrevería a decir, que todo cuanto nos ocurre en la vida, podemos considerarlo un regalo. Esta observación la baso en el hecho de que aquello que experimentamos siempre es el efecto vinculado con una causa que encontraremos en nuestra mente. Por lo tanto, lo que experimentamos siempre nos aporta una toma de conciencia, un aprendizaje. Desde este punto de vista, podemos aprender a ver dichas experiencias como regalos que nos ofrece la vida y expresarle nuestro agradecimiento.

Estamos acostumbrados a agradecer los regalos que nos aportan felicidad, sin embargo, las experiencias dramáticas, las seleccionamos en otro contexto y las valoramos como negativas y malsanas, por lo que tenemos dificultad para reconocerlas como regalos de la vida. Cuando estemos preparados para no juzgar las experiencias en el contexto de la dualidad, lo estaremos, igualmente, para mostrar nuestro agradecimiento a todas y cada una de las experiencias de la vida.

Por último, me gustaría recordar una vez más, la importancia de mostrarnos agradecidos a nuestros hermanos. Son varios los motivos por los que debemos dar muestra de esa gratitud, pero el que más dificultad tendrá nuestra mente para aceptar, es el aplicarlo a nuestros enemigos, a nuestros agresores.

Nuestra mente nos dirá: ¿cómo vas a estar agradecido al asesino de tu hijo? Y nuestro ego, no conseguirá encontrar ni un solo argumento que no justifique el pedir que se haga justicia, el pedir venganza para el causante de tanto dolor.

Desde la visión del Espíritu, oír su voz, nos llevaría a afrontar esa difícil experiencia como una oportunidad para perdonar al agresor. Ese agresor, está invitándonos a sacar a nuestro agresor interno. Todos tenemos un agresor interno; un juez interno; un médico interno; un sin fin de rostros que podemos ver dibujados en los rostros de nuestros hermanos. ¿Te escandalizas? ¿Sientes repulsa por estas afirmaciones? ¿Te alejas del amor, del perdón, y prefieres unir tu voz a esas otras voces que reclaman justicia? ¿Eres de los que ofrecen la soga para montar la horca del verdugo? No te escandalices, aun tus argumentos, dentro del sueño demente del ego, encontrará muchos acólitos y seguidores. No seré yo el que te juzgue, pues respeto tu libre albedrío. Tan solo comparto contigo mi punto de vista.

¿Dónde nos lleva el camino de la venganza? Qué gratitud compartimos con ese sentimiento.

¿Dónde nos lleva el camino de la gratitud, del perdón? Tan solo tú podrás descubrirlo y cuando lo hagas, no lo abandonarás.

Reflexión: ¿Soy agradecido?

1 comentario:

  1. Doy gracias al señor por haberme entregado hoy esta lección a través de ustedes.

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