martes, 18 de julio de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 199

LECCIÓN 199

No soy un cuerpo. Soy libre.

1. No podrás ser libre mientras te percibas a ti mismo como un cuerpo. 2El cuerpo es un límite. 3El que busca su libertad en un cuerpo la busca donde ésta no se puede hallar. 4La mente puede ser liberada cuando deja de verse a sí misma como que está den­tro de un cuerpo, firmemente atada a él y amparada por su pre­sencia. 5Si esto fuese cierto, la mente sería en verdad vulnerable.

2. La mente que está al servicio del Espíritu Santo es ilimitada para siempre y desde cualquier punto de vista, transciende las leyes del tiempo y del espacio; está libre de ideas preconcebidas y dispone de la fortaleza y del poder necesario para hacer cual­quier cosa que se le pida. 2Los pensamientos de ataque no pue­den entrar en una mente así, toda vez que ha sido entregada a la Fuente del amor, y el miedo no puede infiltrarse en una mente que se ha unido al amor. 3Dicha mente descansa en Dios. 4¿Y quién que viva en la Inocencia sin hacer otra cosa que amar podría tener miedo?

3. Es esencial para tu progreso en este curso que aceptes la idea de hoy y que la tengas en gran estima. 2No te preocupes si al ego le parece completamente descabellada. 3El ego tiene en gran estima al cuerpo porque mora en él, y no puede sino vivir unido al hogar que ha construido. 4Es una de las partes de la ilusión que ha ayu­dado a mantener oculto el hecho de que él mismo es algo ilusorio.

4. Ahí se esconde y ahí se le puede ver como lo que es. 2Declara tu inocencia y te liberas. 3El cuerpo desaparece al no tener tú ninguna necesidad de él, excepto la que el Espíritu Santo ve en él. 4A tal fin, el cuerpo se percibirá como una forma útil para lo que la mente tiene que hacer. 5De este modo se convierte en un vehí­culo de ayuda para que el perdón se extienda hasta la meta todo­ abarcadora que debe alcanzar, de acuerdo con el plan de Dios.

5. Ten en gran estima la idea de hoy, y ponla en práctica hoy y cada día. 2Haz que pase a formar parte de cada sesión de práctica que lleves a cabo. 3No hay pensamiento cuyo poder de ayudar no aumente con esta idea, ni ninguno que de esta manera no adquiera regalos adicionales para ti. 4Con esta idea hacemos reso­nar la llamada a la liberación por todo el mundo. 5¿Y estarías acaso tú excluido de los regalos que haces?

6. El Espíritu Santo es el hogar de las mentes que buscan la liber­tad. 2En Él han encontrado lo que buscaban. 3El propósito del cuerpo deja de ser ahora ambiguo. 4Y su capacidad de servir un objetivo indiviso se vuelve perfecta. 5Y en respuesta libre de con­flicto e inequívoca a la mente que sólo tiene como objetivo el pensamiento de libertad, el cuerpo sirve su propósito y lo sirve perfectamente. 6Al no poder esclavizar, se vuelve un digno servi­dor de la libertad que la mente que mora en el Espíritu Santo persigue.

7. Sé libre hoy. 2Y da el regalo de libertad a todos aquellos que creen estar esclavizados en el interior de un cuerpo. 3Sé libre, de modo que el Espíritu Santo se pueda valer de tu liberación de la esclavitud y poner en libertad a los muchos que se perciben a sí mismos encadenados, indefensos y atemorizados. 4Permite que el amor reemplace sus miedos a través de ti. 5Acepta la salvación ahora, y entrégale tu mente a Aquel que te exhorta a que le hagas este regalo. 6Pues Él quiere darte perfecta libertad, perfecta dicha, así como una esperanza que alcanza su plena realización en Dios.

8. Tú eres el Hijo de Dios. 2Vives en la inmortalidad para siem­pre. 3¿No te gustaría retornar tu mente a esto? 4Practica entonces debidamente el pensamiento que el Espíritu Santo te da para el día de hoy. 5En él tus hermanos y tú os alzáis liberados; el mundo es bendecido junto contigo; el Hijo de Dios no volverá a llorar y el Cielo te da las gracias por el aumento de gozo que tu práctica le proporciona incluso a él. 6Dios Mismo extiende Su amor y feli­cidad cada vez que dices:

7No soy un cuerpo. 8Soy libre. 9Oigo la Voz que Dios me ha dado, y es sólo esa Voz la que mi mente obedece.


¿Qué me enseña esta lección?


El Hijo de Dios, Creado a Imagen y Semejanza de su Padre, ha heredado sus mismos Poderes Creadores, lo que le permite hacer uso de la Voluntad, del Amor y de la Inteligencia a su libre albedrío.

El Hijo de Dios es un Ser Creador en potencia. Al igual como ocurre con el ser humano, el nacimiento de un bebe nos anuncia la llegada de un ser, el cual, en estado potencial tiene los mismos atributos que sus padres, pero que deben ser desarrollados.

El Hijo de Dios, está llamado a Ser un Dios, por lo que podemos decir que se encuentra en pleno Proceso de Crecimiento Espiritual, con el propósito de alcanzar su condición Divina.

En ese Proceso de Crecimiento, el Hijo de Dios elige “ver” las cosas a su manera. Decide salir del “vientre materno” donde se estaba llevando a cabo su crecimiento, para afrontar la experiencia de la individualidad. Esa elección, dio lugar a lo que se conoce como el “pecado original”, aunque, en honor a la verdad, podemos llamarlo “pensamiento original”.

Ese pensamiento llevó a la Humanidad a identificarse con el mundo de la percepción y con el contacto de nuevas realidades a las que se le fue dando el valor de la realidad. Hasta tal punto fue esto así, que el mundo físico y el cuerpo, en concreto, pasó a ser nuestra única verdad.

La relación directa existente entre el Creador y su Hijo se vio afectada. El acto de elección de ver las cosas de otra manera, llevó a la Humanidad a creer en el “pecado” como el acto de desobediencia a su Padre. Desde entonces, lo material pasa a interpretarse como la causa que dio origen a la culpa, a la creencia en la separación, a la necesidad del castigo, del sufrimiento, del dolor, como vías de redención para liberarnos de nuestro pesar.

Es preciso despertar de ese demente sueño que nos ha mantenido prisioneros de un error: la culpabilidad. Nos hemos creídos expulsados del Hogar de nuestro Padre y ello ha dado lugar a que alberguemos un profundo miedo y temor ante la soledad.

Al preferir ver el mundo material, hemos perdido la conexión con nuestro verdadero Hogar. Pero en verdad, jamás hemos dejado, ni un solo instante, de habitar en él.

El cuerpo fabricado por el Hijo de Dios no es la fuente del “pecado”, ni tan siquiera del “error”, pues el cuerpo no tiene la propiedad de crear. Debemos dirigir nuestra atención a la mente para encontrar la verdadera y única causa que nos hace ver lo que vemos.

Al estar nuestra mente identificada con el error, debemos pedir al Espíritu Santo que nos ayude ofreciéndonos la “expiación” de nuestros errores.

Una vez libre de esos errores, percibiremos al cuerpo de forma diferente. Lo utilizaremos como vehículo de comunicación y de este modo podremos expresar nuestros atributos con el fin de colaborar en el Plan de Salvación de Dios.

¡Qué nuestros actos sean la manifestación de la Voluntad, del Amor y de la Inteligencia del Padre!

¡Qué así sea!


Ejemplo-Guía:"La tentación, no encuentra su causa en el cuerpo, sino en el deseo"

Este ejemplo puede ampliarse y servirnos para tratar la temática de los hábitos que consideramos perniciosos.

Si enfocamos esta reflexión, partiendo de la base de que algo externo a nosotros nos puede hacer daño, estaremos "desenfocando" el tema, pues debemos ser conscientes de que la causa de toda experiencia no se encuentra en sus efectos, en lo que hacemos o dejamos de hacer, sino en la energía mental de donde emana el pensamiento o deseo que nos impulsa a actuar.

Por otro lado, alimentar la creencia de que algo es malo o bueno, nos lleva a darle credibilidad, o lo que es lo mismo, lo hacemos real y por lo tanto, lo experimentaremos con toda la fuerza de nuestros sentidos físicos.

Por lo tanto, ya tenemos dos argumentos para no tocar este tema a la ligera y llegar a la conclusión, de que si el hábito del tabaco es malo para nuestra salud, lo que debemos hacer es luchar contra ese hábito, adoptando nuevos hábitos o simplemente castigándonos cuando no conseguimos reprimir nuestro deseo por fumar.

Nuestra cultura formativa está basada en conceptos empíricos, es decir, la experiencia se ha convertido en la madre de todas las ciencias, y cuando esa experiencia es compartida y pasa los filtros de las reales academias, se convierte en una cátedra. Esa verdad es acuñada en la piedra con el propósito de que sea capaz de soportar el paso de los años.

Pero, esas verdades de piedra, se han visto relegadas por nuevas verdades y ello nos ha llevado a destruir los dolmenes de granito que le daban cobijo para erigir nuevas formas de verdades cada vez más sólidas.

Tratamos de aplicar el saber universal a los casos individuales, sin tener en cuenta de que el Ser en su interior posee la llave de la libertad, mientras que las verdades que la sociedad trata de aplicar se encuentran celosamente custodiadas en cajas blindadas donde nadie pueda arrebatarla ni hacerle daño. Si el hábito del tabaco es malo, porque así lo ha determinado la ciencia médica, todo el mundo debe grabarse en su mente esa verdad y cada vez que alguien se fuma un cigarro, la sombra de la muerte ronda por su inconsciente, amenazándole con llevarle directo al hospital.

¿Qué es más dañino, el fumarse un cigarro o el miedo a padecer un cáncer de pulmón?

No se apresuren a juzgarme por esta reflexión. No pretendo defender ninguna de las dos afirmaciones. Yo fui fumador en mi juventud y posteriormente dejé de hacerlo por la misma razón que decidí fumar por primera vez, por un simple acto de voluntad. Sin más calificativos.

Estoy convencido, de que todos tenemos algún hábito al que consideramos "malo" para nuestra salud física, mental o espiritual. Pienso esto, pues todos somos co-partícipes de una educación en la que hemos heredado y seguimos heredando una cultura formativa basada en el miedo, en el temor, en la culpa.

En el Antiguo Testamento nos habla de la Ley del Talión, "Ojo por ojo y diente por diente". La encontramos en el Levítico 24:20-21:

20 Fractura por fractura, ojo por ojo, diente por diente; según la lesión que haya hecho a otro, así se le hará. 21 "El que mate un animal, lo restituirá, pero el que mate a un hombre, ha de morir.


En el Nuevo Testamento:

“Sabéis que se dijo: No cometas adulterio. Pero yo os digo: El que mira con malos deseos a la mujer de otro, ya está adulterando con ella en el fondo de su corazón. Así que, si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo lejos de ti. Más te vale perder una parte del cuerpo que ser arrojado entero a la gehena. Y si tu mano derecha es para ti ocasión de pecado, córtatela y arrójala lejos de ti. Más te vale perder una parte del cuerpo que ser arrojado entero a la gehena” (Mateo 5:27-30).
Hoy día, cualquiera de nosotros puede identificarse con cualquiera de las dos medidas que se exponen en los párrafos anteriores. De hecho, en la ley mosaica, la ley del talión aparece en Éxodo 21:23-25,3 en Levítico 24:18-204 y en Deuteronomio 19:21.5 En el judaísmo seguirá vigente este sistema hasta la época talmúdica, cuando se decidió modificar la pena por una de tipo económico. En el cristianismo pierde su fuerza a raíz del Sermón de la montaña.

Nuestras mentes han bebido de esas costumbres arraigadas en nuestro interior. De hechos somos co-creadores de ellas. Nuestro comportamiento diario está inspirado por dichas leyes y cuando nos creemos separados de los demás y de nuestro Creador, nos alimentamos con los manjares que nos ofrece el mundo material y lo hacemos hasta saciarnos, sin encontrar en él, un sólo alimento que sacie nuestro apetito ni nuestra sed.

No es el ojo, ni el diente, ni tan siquiera la mano la que hay que arrancar y arrojar al fuego purificador, pues no son los órganos de nuestro cuerpo los que nos tientan, sino nuestros pensamientos al identificarse con el mundo de percepción, el mundo de los sentidos corporales. Por lo tanto, ese ojo que nos lleva a mirar lo impuro, está haciendo alusión a la nueva mirada que debemos adoptar; esos dientes que devoran las carnes de la perdición, deben utilizarse para degustar los nuevos manjares de la consciencia y esa mano, que nos lleva a apoderarnos de lo que no es nuestro, debe inspirarnos la acción correcta para sentirnos unido a nuestros hermanos y formar el único y verdadero vínculo del amor.

Reflexión: El cuerpo desaparece al no tener tú ninguna necesidad de él, excepto la que el Espíritu Santo ve en él.

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