viernes, 16 de enero de 2026

Capítulo 25. V. El estado de impecabilidad (4ª Parte).

V. El estado de impecabilidad (4ª Parte).

4. El Hijo de Dios sólo te pide esto: que le devuelvas lo que es suyo, para que así puedas participar de ello con él. 2Por separado ni tú ni él lo tenéis. 3Y así, no os sirve de nada a ninguno de los dos. 4Pero si disponéis de ello juntos, os proporcionará a cada uno de vosotros la misma fuerza para salvar al otro y para salvarse a sí mismo junto con él. 5Si lo perdonas, tu salvador te ofrece salva­ción. 6Si lo condenas, te ofrece la muerte. 7Lo único que ves en cada hermano es el reflejo de lo que elegiste que él fuese para ti. 8Si decides contra su verdadera función -la única que tiene en realidad- lo estás privando de toda la alegría que habría encon­trado de haber podido desempeñar el papel que Dios le encomendó. 9Pero no pienses que sólo él pierde el Cielo. 10Y éste no se puede recuperar a menos que le muestres el camino a través de ti, para que así tú puedas encontrarlo, caminando con él.

El punto 4 profundiza en la interdependencia espiritual y la naturaleza compartida de la salvación. El Hijo de Dios (cada hermano) sólo pide que le devuelvas lo que es suyo: la visión de su inocencia y su verdadera función. Por separado, ninguno puede experimentar la plenitud del Cielo ni la fuerza de la salvación, pues ésta sólo se da en la unión y el reconocimiento mutuo. El perdón es el puente que permite a ambos experimentar la salvación, mientras que la condena perpetúa la separación y la muerte simbólica. Cada hermano es un espejo de lo que elegimos ver en él: si le negamos su verdadera función, ambos perdemos la alegría y la experiencia del Cielo. La recuperación del Cielo es un camino compartido: sólo guiando y acompañando al otro en la visión de la inocencia, podemos encontrarlo nosotros mismos.

Mensaje central:

  • La salvación y la plenitud sólo se experimentan en la unión y el reconocimiento mutuo de la inocencia.
  • El perdón es el acto que libera a ambos y permite que la salvación sea compartida.
  • La condena y el juicio perpetúan la separación y la pérdida del Cielo para ambos.
  • Cada hermano es un reflejo de lo que elegimos ver en él: la visión de Cristo o la proyección del ego.
  • El camino de regreso al Cielo es necesariamente compartido; nadie lo alcanza solo.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

  • Observa cómo percibes a los demás: ¿los ves como aliados en el camino espiritual o como obstáculos?
  • Practica el perdón recordando que, al liberar a tu hermano, te liberas a ti mismo.
  • Cuando surja el juicio, pregúntate: “¿Estoy viendo en esta persona el reflejo de mi ego o la función que Dios le ha dado?”
  • Hazte consciente de que tu experiencia de paz y plenitud depende de tu disposición a ver la inocencia y la verdadera función en los demás.
  • Recuerda que el camino al Cielo es un camino de acompañamiento y guía mutua.

Preguntas para la reflexión personal:

  • ¿Reconozco que mi experiencia de paz depende de cómo veo y trato a los demás?
  • ¿Estoy dispuesto a perdonar y a ver la inocencia en mi hermano, aunque el ego me invite a condenar?
  • ¿Cómo puedo ser un guía y compañero en el camino de regreso al Cielo para quienes me rodean?
  • ¿Qué pierdo cuando niego a otro su verdadera función y su inocencia?

Conclusión:

La impecabilidad y la salvación no son logros individuales, sino experiencias compartidas. Sólo al ver la inocencia y la verdadera función en el otro, y al perdonar, podemos experimentar la plenitud del Cielo. El camino de regreso es de acompañamiento: nadie lo recorre solo, y sólo guiando y permitiendo que el otro sea quien Dios dispuso, podemos encontrar la alegría y la paz que anhelamos.

Frase inspiradora:

“Al perdonar a mi hermano y devolverle lo que es suyo, camino con él hacia el Cielo y recupero mi propia paz.”

Invitación práctica:

  1. Haz una pausa antes de juzgar o condenar, y pregúntate: “¿Estoy dispuesto a ver la inocencia y la verdadera función en esta persona?”
  2. Recuerda que el perdón es el puente que te une a tu hermano y te permite experimentar la salvación.
  3. Si te descubres proyectando culpa o miedo, repite: “Elijo ver en ti el reflejo de Cristo, no del ego.”
  4. Busca oportunidades para acompañar y guiar a otros en el camino de regreso a la paz, sabiendo que sólo juntos se recupera el Cielo.
  5. Al final del día, reflexiona: ¿En qué momentos ayudé a otro a encontrar el camino al Cielo? ¿Dónde puedo hacerlo mejor mañana?

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