miércoles, 28 de enero de 2026

Capítulo 25. VI. Tu función especial (6ª parte).

VI. Tu función especial (6ª parte).

6. La salvación no es más que un recordatorio de que este mundo no es tu hogar. 2No se te imponen sus leyes, ni sus valores son los tuyos. 3Y nada de lo que crees ver en él se encuentra realmente ahí. 4Esto se ve y se entiende a medida que cada cual desempeña su papel en el des-hacimiento del mundo, tal como desempeñó un papel en su fabricación. 5Cada cual dispone de los medios para ambas posibilidades, tal como siempre dispuso de ellos. 6Dios dispuso que el especialismo que Su Hijo eligió para hacerse daño a sí mismo fuese igualmente el medio para su salvación desde el preciso instante en que tomó esa decisión. 7Su pecado especial pasó a ser su gracia especial. 8Su odio especial se convir­tió en su amor especial.

Este párrafo nos invita a comprender que la salvación consiste en recordar que el mundo que percibimos no es nuestro verdadero hogar ni nuestra realidad última. Las leyes y valores del mundo —basados en la separación, la escasez y la competencia— no son los que rigen nuestro ser esencial. El texto subraya que nada de lo que creemos ver en el mundo es realmente real: es una proyección de la mente separada, una ilusión colectiva.

El proceso de salvación implica deshacer el mundo tal como lo hemos fabricado, desempeñando ahora un papel en su des-hacimiento, así como antes lo hicimos en su fabricación. Cada persona tiene la capacidad de elegir entre perpetuar la ilusión o contribuir a su des-hacimiento. Lo más profundo de este fragmento es la afirmación de que incluso el especialismo —el deseo de ser diferente, separado o superior— que fue la raíz de la separación, puede ser transformado por Dios en un medio para la salvación. Aquello que fue “pecado especial” o “odio especial” puede convertirse, a través del perdón y la entrega, en “gracia especial” y “amor especial”. Así, todo lo que el ego utilizó para la separación puede ser redimido y puesto al servicio de la unidad y la sanación.

Mensaje central del punto:

  • El mundo no es nuestro hogar: La salvación es el recordatorio de que nuestra verdadera identidad y destino no están en el mundo de la forma y la separación.
  • Las leyes y valores del mundo no nos definen: No estamos sujetos a la escasez, el miedo o la competencia, sino a la abundancia y el amor de Dios.
  • La percepción es ilusoria: Nada de lo que creemos ver en el mundo es realmente real; es una proyección de la mente separada.
  • Des-hacer el mundo: Así como participamos en la fabricación del mundo ilusorio, ahora podemos participar en su des-hacimiento, eligiendo el perdón y la visión verdadera.
  • El especialismo se transforma: Aquello que fue fuente de dolor y separación puede ser transformado en un medio de salvación y amor, si se entrega a Dios.
  • Todo puede ser redimido: No hay error, pecado o deseo de separación que no pueda ser transformado en un canal de gracia y amor.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

  • Recordar tu verdadero hogar: Cuando te sientas atrapado por las preocupaciones, miedos o valores del mundo, repite mentalmente: “Este mundo no es mi hogar. Soy libre en Dios.”
  • No dejarte atrapar por las leyes del mundo: Si te ves limitado por la escasez, la competencia o el miedo, recuerda que esas leyes no te definen ni te rigen realmente.
  • Cuestionar la percepción: Ante cualquier conflicto o sufrimiento, pregúntate: “¿Es esto realmente real o es una ilusión fabricada por mi mente?”
  • Elegir el des-hacimiento: En vez de perpetuar el juicio, la separación o el resentimiento, elige el perdón y la entrega. Participa activamente en deshacer el mundo de la separación.
  • Transformar el especialismo: Observa en ti el deseo de ser especial, diferente o superior. Entrégalo al Espíritu Santo y pídele que lo transforme en un canal de amor y servicio.
  • Ver la redención en todo: Recuerda que incluso tus errores, tus deseos de separación o tus “pecados” pueden ser transformados en oportunidades de gracia y amor si los entregas sinceramente.

Preguntas para la reflexión personal:

  • ¿En qué momentos olvido que este mundo no es mi hogar y me dejo atrapar por sus leyes y valores?
  • ¿Reconozco que mi percepción puede estar equivocada y que lo que veo no es necesariamente real?
  • ¿Estoy dispuesto a participar en el des-hacimiento del mundo, eligiendo el perdón y la visión verdadera?
  • ¿Puedo entregar mi deseo de ser especial y permitir que se transforme en un canal de amor y servicio?
  • ¿Veo mis errores y los de los demás como oportunidades de redención y gracia?

Conclusión:

Este fragmento nos recuerda que la salvación no es un proceso de lucha ni de sacrificio, sino un simple recordatorio de que el mundo que percibimos no es nuestro verdadero hogar. No estamos sujetos a sus leyes ni a sus valores, y nada de lo que vemos es realmente real. El proceso espiritual consiste en deshacer el mundo de la separación, eligiendo el perdón y la visión verdadera. Incluso aquello que fue fuente de dolor y separación —el especialismo, el pecado, el odio— puede ser transformado en gracia y amor si se entrega a Dios. Así, todo puede ser redimido y puesto al servicio de la unidad y la plenitud.

Frase inspiradora:

“Hoy recuerdo que este mundo no es mi hogar. Entrego mi deseo de ser especial para que sea transformado en un canal de gracia y amor.”

Invitación práctica:

Cuando te sorprendas atrapado en las preocupaciones, valores o leyes del mundo, haz una pausa y repite:

“No soy de este mundo. Elijo ver con los ojos del amor y la gracia.”

Si surge en ti el deseo de ser especial o diferente, entrégalo al Espíritu Santo y pídele que lo transforme en una oportunidad de amor y servicio. Observa cómo, al hacerlo, tu percepción y tu experiencia se llenan de paz y plenitud.

No hay comentarios:

Publicar un comentario