¿Por qué sigo eligiendo la oscuridad si mi
voluntad es la luz? Aplicando la lección 73.
La Lección 73 introduce una afirmación que, a
primera vista, parece muy sencilla: “Mi voluntad es que haya luz.”
Sin embargo, cuando los estudiantes del Curso
comienzan a practicarla con sinceridad, suele surgir una pregunta delicada y
muy real: Si mi voluntad es la luz… ¿Por qué tantas veces sigo experimentando
oscuridad?
Esta pregunta toca uno de los puntos más
sensibles en la comprensión del Curso.
Muchos estudiantes sienten que desean
sinceramente la paz, la claridad y el amor, pero aun así se descubren
reaccionando con miedo, juicio, tristeza o resentimiento.
Y entonces aparece la duda: ¿Será que en el
fondo no quiero realmente la luz?
El conflicto aparente de la voluntad.
Pero junto a esa voluntad aparece otra cosa muy
distinta: los deseos del ego.
Los deseos del ego no son lo mismo que la
voluntad.
Los deseos nacen del miedo, de la creencia en la
separación y de la necesidad de defender una identidad individual. Por eso,
muchas veces parecen contradecir lo que realmente queremos.
Así surge una experiencia muy común: querer la
paz, pero reaccionar con conflicto.
No porque nuestra voluntad haya cambiado, sino
porque la mente todavía está acostumbrada a seguir los deseos del ego.
El hábito de elegir la oscuridad.
Durante mucho tiempo hemos aprendido a
interpretar el mundo a través del miedo, la comparación, la culpa y el juicio. Estas
interpretaciones se volvieron automáticas.
Por eso, cuando aparece una situación difícil, la
mente puede reaccionar rápidamente desde esos antiguos hábitos.
No es una decisión consciente de elegir la
oscuridad. Es simplemente la repetición de un sistema de pensamiento que hemos
aprendido durante años.
El Curso no nos pide sentirnos culpables por
ello.
Nos invita simplemente a recordar algo
fundamental: nuestra voluntad verdadera nunca ha cambiado.
La voluntad no se ha perdido.
Aunque a veces parezca que preferimos la
oscuridad, en realidad lo que ocurre es que momentáneamente olvidamos nuestra
voluntad real.
El deseo del ego puede hacer mucho ruido en la
mente, pero no tiene poder verdadero.
La voluntad que compartimos con Dios permanece
intacta. Por eso la lección no nos pide que fabriquemos la luz ni que luchemos
contra la oscuridad. Nos pide algo mucho más simple: recordar lo que realmente
queremos.
Declarar la luz.
Cuando repetimos con sinceridad: “Mi voluntad es
que haya luz”, no estamos tratando de convencernos de algo que no sentimos.
Estamos recordando una verdad que ya está en
nuestra mente.
Es un acto de alineación interior.
Una manera de decirle a la mente: “No importa
lo que esté viendo ahora.
Mi voluntad verdadera sigue siendo la luz.”
La práctica de la honestidad.
Este tema resulta delicado porque muchas personas
interpretan la enseñanza del Curso como si exigiera estar siempre en paz. Pero
el Curso no exige perfección emocional.
Nos invita a la honestidad.
Podemos reconocer que estamos viendo oscuridad y,
al mismo tiempo, recordar que eso no es lo que realmente queremos.
Ese reconocimiento es precisamente el comienzo de
la corrección.
El poder de una elección sencilla.
La Lección 73 nos enseña algo profundamente
liberador: no necesitamos entenderlo todo ni cambiar el mundo para que aparezca
la luz.
Solo necesitamos dejar de decir que preferimos la
oscuridad.
Cada vez que declaramos con sinceridad: “Mi
voluntad es que haya luz”, estamos permitiendo que la mente vuelva a alinearse
con su naturaleza. Y poco a poco empezamos a descubrir algo que siempre estuvo
ahí: la luz no aparece porque la creemos, aparece porque dejamos de resistirla.
✨
La luz y la oscuridad: una pregunta que sólo
puede responder la mente.
Muchos estudiantes del Curso, al avanzar en las
lecciones, se encuentran con una duda muy natural: ¿Qué es realmente la luz? ¿Y
qué es la oscuridad?
¿Son metáforas?
La respuesta es sí. Pero no son metáforas
poéticas ni simbólicas en un sentido superficial. Son metáforas de estados de
conciencia.
El Curso utiliza el lenguaje de la luz y la
oscuridad para describir dos maneras completamente distintas de ver la realidad.
La luz.
La luz representa la mente que recuerda su origen
en Dios.
La luz es el reconocimiento de la verdad. Es el
momento en que comprendes que no estás separado, que no estás condenado y que no
estás solo. La luz es la conciencia del Amor.
Por eso el Curso dice que la luz está en ti. No
porque tengas que crearla, sino porque forma parte de lo que eres.
La luz es simplemente la mente sin interferencias
del ego.
La oscuridad.
La oscuridad no es una fuerza opuesta a la luz.
En realidad, el Curso enseña algo sorprendente: la
oscuridad no tiene existencia propia.
La oscuridad es sólo la ausencia de conciencia de
la verdad. Es lo que ocurre cuando la mente cree en la separación, cuando
interpreta el mundo desde el miedo, cuando juzga, cuando se defiende o cuando
ataca.
La oscuridad es la mente olvidando lo que es.
Por eso el Curso insiste una y otra vez en una
idea fundamental: la oscuridad no se combate. Simplemente desaparece cuando la
luz es aceptada.
El error más común.
Muchos estudiantes creen que el trabajo
espiritual consiste en luchar contra la oscuridad interior. Pero el Curso no
propone una batalla.
No nos pide eliminar el miedo por la fuerza ni
suprimir los pensamientos que parecen negativos.
Nos invita a algo mucho más simple: dejar de
protegerlos.
Porque cada resentimiento, cada juicio, cada
interpretación basada en el miedo es como una nube que parece ocultar la luz. Pero
las nubes nunca apagan el sol. Solo lo ocultan momentáneamente.
La luz no tiene que llegar.
Este punto es esencial. La luz no aparece cuando
la creamos. Ni cuando nos volvemos espiritualmente más “avanzados”.
La luz aparece cuando dejamos de defender la
oscuridad. Cuando soltamos el resentimiento. Cuando dejamos de justificar el
juicio. Cuando renunciamos a la necesidad de tener razón.
Entonces algo muy silencioso ocurre en la mente. La
claridad vuelve. Y comprendemos algo que siempre fue verdad: la luz nunca se
fue.
La elección de cada instante.
Por eso la lección nos invita a declarar con
sencillez: “Mi voluntad es que haya luz.”
No es una afirmación heroica. No es un intento de
ser mejores. Es simplemente el reconocimiento de lo que realmente queremos.
Porque, más allá de todas las historias del ego,
la mente siempre anhela lo mismo: la paz de la verdad. Y cuando esa voluntad se
recuerda, la luz vuelve a ser evidente. No porque haya llegado.
Sino porque ya no hay nada que la oculte. ✨


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