jueves, 15 de diciembre de 2016

Ángeles Sanadores: Ieiazel (Dios que regocija)

40. Ieiazel (Dios que regocija)

Nombre Sagrado: Yod-Yod-Zain-Aleph-Lamed.

Ieiazel pertenece al Coro de los Potencias, Ángeles al servicio del Séfira Gueburah-Justicia.
Por su vinculación sefirótica con la Esfera de Gueburah, donde expresa las  cualidades de Yesod-Fundamento-Cristalización, extrae la condición que le permite ser portador de la esencia llamada Consuelo o Regocijo. Nos comenta Kabaleb: “No se trata del consuelo que se tiene contra lo inevitable de un mal, sino del consuelo que se obtiene cuando algo muy esperado se cumple y nuestra alma se regocija porque los esfuerzos desplegados han dado el resultado anhelado.”

Las aportaciones del Ángel Ieiazel, son las siguientes:

·         Los escritores pueden invocarle para ver editada su obra.
·         La liberación de los prisioneros.
·         Consuelo en los avatares y que los enemigos nos dejen en paz.
·         Amor por la lectura y el estudio de las ciencias.
·         Protección contra los pensamientos sombríos y el desinterés por todo.

Ya hemos tenido ocasión de referirnos a las funciones de Gueburah, cuando hemos estudiado al Ángel Rehael, y hemos visto que su papel estelar le lleva a ser el Centro de Conciencia que nos lleva a la rectitud, a la rectificación, a la reparación y corrección de los errores ocasionados en el uso y manejo de las emociones. Podemos decir, que cuando actuamos en la esfera de Gueburah-Marte, rectificamos nuestro camino y recuperamos el rumbo correcto que nos ha de llevar al recuentro con nuestra divinidad interna.
Gueburah, nos lleva a recuperar la salud a través de una ardua labor interna, donde el trabajo principal se centra en poner orden en nuestro mundo emocional, el verdadero causante de la enfermedad.

De igual modo, al estudiar al Ángel Vasariah, tuvimos ocasión de conocer el funcionamiento del Séfira Yesod, del cual decíamos, que realiza funciones de “espejo”, lo que le permitía actuar reflejando las características propias del resto de los Séfiras. Con Yesod, el impulso emanado por distintos Centros, alcanza la hora de los dolores del parto, esto es, la fase previa a la fase de materialización. Esas energías se convierten en Yesod en imágenes internas, permitiéndole tener una visión anticipada de lo que será una vez alcance el nivel físico.

Por lo tanto, en Ieiazel se da cita el ciclo final del proceso redentor, rectificador, purificador. No se trata de un logro a la ligera, sino del resultado de un laborioso trabajo realizado sobre nuestra naturaleza interna, con el único propósito de recuperar nuestra inocencia perdida, nuestro estado de plenitud paradisiaca.

No es casual que Ieiazel represente el Ángel número 40 y que al mismo tiempo, su Progama Espiritual lo lleve a ser portador de la Esencia llamada “Consuelo”.


¿Cuál es la verdadera trascendencia de este número? ¿Tendrá algo que ver con los cristianos de la actualidad?, ¿Afectará la vida de un cristiano en su evolución espiritual?

La Biblia es un texto sagrado que está lleno de números y asigna a estos un significado simbólico. Existe en sus páginas un número que está íntimamente ligado al mundo material, principalmente al  ser humano y a su evolución espiritual, este número es el 40. Se dice que está asociado con la penitencia, pero para ser bíblicamente exactos diremos que se asocia con la purificación y el aprendizaje vía disciplina lo cual puede dar lugar a un crecimiento espiritual o bien, a ruina y alejamiento de Dios. Este número se repite muchas veces en las circunstancias más variopintas posibles, pero cada ocasión que se menciona entraña una gran enseñanza para nosotros. Veamos algunos ejemplos bíblicos que nos pueden iluminar al respecto.

La primera mención bíblica trascendente de esta cifra es la registrada en  Génesis 7:3, 4  leemos: “4 Porque dentro de solo siete días más voy a hacer que llueva sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches; y ciertamente borraré de sobre la superficie del suelo toda cosa existente que he hecho”.

Los hijos celestiales de Dios que no guardaron su posición original, bajaron a la Tierra y al unirse carnalmente  con las hijas de los hombres, engendraron una raza hibrida que no solo imitaron el apostata ejemplo de sus padres sino que fueron más allá. La tierra se hallaba sumida en un verdadero caos  debido al derramamiento de sangre que los nefilim habían causado, la sangre de los inocentes “clamaba” hacia Jehová en busca de justicia. Los nefilim junto con sus demoniacos padres tenían diezmado y subyugado al género humano. Los descendientes de Adán, habían entrado en complicidad con los ángeles rebeldes y juntas, estas tres razas, ángeles, nefilim y humanos, emprendieron tal derrotero que forzaron la mano de Dios, quien envió el Diluvio a fin de limpiar la superficie del suelo de toda aquella maldad. La Tierra y todo lo que la habitaba entraron en un periodo de purificación, 40 días y 40 noches de intensa lluvia bastaron para borrar de la faz de la tierra cualquier vestigio del mal.

Cuarenta días depurativos de intensa precipitación  pluvial hicieron que la Tierra no solo se librara de la maldad que en ella habitaba, sino que la transformó por completo  pues su geografía se vio seriamente afectada, se levantaron montañas en donde antes había valles y se hundieron las montañas existentes dejando profundos cañones y amplios valles y desiertos tras de sí. El ángulo de inclinación de la Tierra se vio alterado algunos grados lo cual trajo como consecuencia  los distintos climas que conocemos hoy en día. Hasta antes del Diluvio, Dios regaba la tierra por medio de un rocío matinal, sin embargo, después  el orbe conoció  las lluvias, monzones, tifones, relámpagos, truenos, etc. Procesos hasta antes desconocidos como la fermentación,  fueron posibles gracias a que la capa de agua que a modo de pantalla resguardaba la Tierra de los rayos solares perjudiciales para la vida había desparecido, o más bien, se había precipitado hacia abajo inundando el planeta y dejándolo desprotegido.  Debido a la influencia de la radiación perjudicial solar, la vida del ser humano se degrado más rápidamente, lo cual acelero su condena de muerte.

Para la Tierra y el género humano, el numero 40 significó purificación y esto fue del agrado de Jehová, en Génesis 8:21  leemos: “21 Y Jehová empezó a oler un olor conducente a descanso.”

La vida de Moises bien puede ser dividida en tres partes de 40 años cada una. Durante los primeros 40 años se identificó con los valores mundanos. Al término de estos cuarenta años aprendió sus incapacidades y limitaciones, aprendió a depender en todo de Jehová.
Pero a partir de los siguientes 40, se entregó al servicio de Dios: La biblia dice que  “30 cuando se cumplieron cuarenta años, se le apareció un ángel en el desierto del monte Sinaí, en la llama de fuego de una zarza… 36 Este hombre los sacó después de efectuar portentos presagiosos y señales en Egipto y en el mar Rojo y en el desierto por cuarenta años (Hechos 7:29-36).

A sus 80 años, estaba listo para servir a Dios. Durante los últimos cuarenta años de su vida su fe se cristalizó a tal grado que disfruto de dos privilegios  exclusivos de su persona, por un lado Jehová le permitió ver “parte de su espalda” cosa que a ningún ser humano aparte de él se le ha otorgado (Éxodo 33:23) y por otro lado, era tal  el grado de intimidad que tenía con Dios que éste le transmitía la ley “boca a boca”.

El registro bíblico nos indica de dos personas que con toda seguridad ayunaron por un periodo de 40 días y noches de manera consecutiva, Moisés y Jesús.  El registro también nos dice que Moisés lo hizo en dos ocasiones consecutivas, solos con intercalo de un par de días entre cada ocasión. Se menciona en la Biblia a una tercera persona la cual aparentemente también ayuno por 40 días, Elías, aunque el relato no es tan prístino, parece ser que si lo sugiere.

Los ayunos bíblicos tenían dos objetivos, penitencia o santificación. La verdadera  santificación y la verdadera penitencia vienen por medio de despreciar en nuestro corazón y desechar todas y cada una de las practicas que envilecen nuestro ser y al mismo tiempo potenciar las cualidades que exalten nuestra naturaleza espiritual, tales como el amor, la misericordia, la generosidad.

El numero 40 está ligado a periodos de prueba tanto a nivel individual como a nivel colectivo, así fue en el caso de los diferentes pueblos que convivieron con el pueblo de Israel, así como al propio pueblo de Dios. Por ejemplo a Israel se le probo su fe por un periodo de 40 días mientras los 12 espías revisaban la tierra prometida (Números 13:25). La impaciencia y falta de fe,  hizo que Dios decidiera castigarlos durante 40 años de vagar por el desierto  y exterminar así a la generación adulta, aquellos que habían sido testigos del poder Divino y de su cuidado amoroso y sin embargo cedieron a la duda y al temor al hombre. Esta penitencia de 40 años cumplió además otro propósito, preparó físicamente a los jóvenes israelitas para la difícil prueba que sería tomar la tierra de Canaán, esto se logró a través de una alimentación especial que Dios proporciono a su pueblo por todo el tiempo de vagar por el desierto, a saber, el mana (Números 14:33, 34; 32:12, 13; Deuteronomio 2:7; Éxodo 16:34, 35). 
En épocas posteriores de la historia de Israel se vieron periodos de 40 años en donde dependiendo del obrar del pueblo, o recibían paz de parte de Dios o se les daba en mano de sus enemigos por periodos de 40 años (Jueces 3:11; 13:1).

Naciones enemigas del pueblo de Dios también recibieron su oportunidad de cambiar. A Nínive solo le bastaron 40 días para volver su corazón a buscar a Dios  (Jonás 3:3, 4), pero Egipto necesito reprimenda de 40 años y ni así buscó a Jehová (Ezequiel 29:8-16).

El 40 aunque puede ser un periodo de disciplina, conserva la dignidad de las personas. En su ley Jehová prescribía que se azotara a ciertos malhechores con cuarenta varazos, algo que ciertamente grabaría en su mente lo errado de su proceder, pero aún en esos casos Jehová se preocupaba por la dignidad del individuo, veamos: “Con cuarenta varazos podrá golpearlo. No debe añadir ninguno, por temor de que continúe golpeándolo con muchos varazos además de estos y tu hermano realmente quede deshonrado a tus ojos (Deuteronomio 25:2, 3).”

¿De qué depende que el  40 signifique vida y trascendencia o muerte y decadencia?
Leamos con atención Deuteronomio 8:2-5  “Y tienes que acordarte de todo el camino que Jehová tu Dios te hizo andar estos cuarenta años en el desierto, a fin de humillarte, de ponerte a prueba para saber lo que estaba en tu corazón, en cuanto a si guardarías sus mandamientos o no. 3 De modo que te humilló y te dejó padecer hambre y te alimentó con el maná, que ni tú habías conocido ni tus padres habían conocido; para hacerte saber que no solo de pan vive el hombre, sino que de toda expresión de la boca de Jehová vive el hombre. 4 Tu manto no se desgastó sobre ti, ni se te hinchó el pie estos cuarenta años. 5 Y bien sabes tú con tu propio corazón que tal como un hombre corrige a su hijo, Jehová tu Dios iba corrigiéndote.
El resultado de estos periodo de prueba dependía única y exclusivamente del corazón del individuo o de los pueblos según fuese el caso y  según Jesús, el corazón  es la fuente de todas nuestras acciones (Mateo 15:17-20).

Existen otras dos menciones bíblicas importantísimas del número 40. Ellas son las medidas del Templo (Ezequiel 41:1-4) y el periodo de 40 días  que Jesús utilizo para fortalecer a sus discípulos después de su resurrección (Hechos 1:3).

Desde el punto de vista cabalístico, el número 40 está bajo la tutela de Jehová, el aspecto Legislador de la Divinidad, el Rostro encargado de instituir las Leyes Cósmicas. 40 = 4 x 10. O lo que es lo mismo, las cuatro fases del Proceso Creador que nos lleva a la Perfección (Yod-He-Va-He), multiplicado por los Diez Séfiras del Árbol Cabalístico, donde se recoge el Esquema Cósmico de los Centros de Conciencia con los que se expresa la Divinidad.
40 son los peldaños que nos separan para alcanzar la Perfección de la Conciencia que nos permitirá comunicarnos conscientemente con la Divinidad.

¿Consuelo o Regocijo?

Decíamos que el “consuelo” que nos aporta el Ángel Ieiazel, se refería a la certeza de haber logrado realizar una gran labor sobre nuestra naturaleza interna. Hemos superado, las malas cualidades del cuerpo y del alma; hemos rectificado lo torcido de nuestras vidas; hemos expulsado de nuestro interior, de nuestras emociones, a los “enemigos internos” que nos mantenían prisionero de los falsos valores y de los principios erróneos. Ese es el antídoto que nos suministra Ieiazel, nos inspira para que seamos un ser renovado. Sólo entonces, atraeremos las fuerzas curativas de la que es portador.
Esta actitud nos dispensa el sentimiento de regocijo interno. Sabemos que tenemos el poder de reconducir nuestras vidas; el poder de elegir actuar con amor y dejar el viejo lastre de sentimientos egoístas.

¡Qué la Luz sea contigo!

Si deseas comunicarte con Ieiazel, te dejo un enlace donde comparto la Plegaria y Exhorto elaborada, de una manera inspirada, por Kabaleb.



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