miércoles, 6 de abril de 2016

Cuento para Aries: "El Duelo de los Secretos - Final"

Novú no era el mismo; su corazón, apesadumbrado y entristecido, le ardía como si una profunda herida estuviese sangrando de él.

Dejándose caer de rodillas a los pies del cuerpo sin vida del anciano, se cubrió el rostro con sus manos y lloró, lloró amargamente, hasta caer rendido por el sufrimiento. 

Unas gruesas gotas de sudor hicieron volver a la realidad al desolado Novú.

Miró hacia el Sol y sus ojos se estremecieron de dolor. Aquella intensa luz había quemado sus retinas. Debía buscar alguna protección si no quería perder poco a poco su piel. 

Anduvo un largo camino y llegó a las puertas del Sagrado Templo de Alpharies. Aquel lugar le envolvía con un sentimiento de bienestar y se dejó llevar por su instinto.

Novú penetró lentamente en el interior del templo, en el que cada momento encontraba mayor paz. Fue buscando con su mirada algo que pudiese hacerle recordar, que le permitiese salir de la cárcel del olvido, y fue entonces cuando encontró la respuesta que con tanta ansiedad buscaba. 

Novú estaba frente a un hermoso espejo. Era el espejo de Tayka y su figura no tardó en reflejarse en él.
El mago no pudo evitar lanzar un grito aterrador. Sí, allí estaba el ambicioso Novú luchando contra la guardia sagrada de los 7 Logos.
Era él. No sabía explicárselo, pero era su rostro, su cuerpo, el que luchaba osadamente contra el poder de los Dioses.
La lucha fue tenaz. 

Novú parecía invencible, su fuerza y coraje se multiplicaba, su entusiasmo se acrecentaba a cada paso que le acercaba más y más a la cima de la Sagrada Montaña. Pero aún le separaba un último esfuerzo, cuando una voz trono quebrantada en el cielo. 

  • ¡Habitante de las sombras, detén tus pasos si no quieres pagar cara tu osadía! ¿Acaso no te conformas con el poder de la luz que hemos puesto en ti?  La exaltada ambición que anida en tu corazón será tu perdición si no pones fin a tus vanidosos deseos.Ningún habitante de la sombra, antes que tú, había pretendido violar la integridad de los Sagrados Logos. ¿Quien eres tú, que violas la seguridad de la armonía en el universo? 
Novú que nunca había conocido el miedo, sintió que toda la sangre de su cuerpo se centró en su cerebro y esto envenenó de ira sus sentimientos.

  • ¿Acaso teméis perder el poder de vuestro reino? ¡Dejad que os responda con el único lenguaje que yo entiendo!
Novú, ágil y veloz como el viento, se apoderó de su arco, al que tensó como un titán, dirigiendo su flecha hacia el lugar de donde partió aquella quebrantada voz, hacia el cielo. 

Novú reía y festejaba su creída victoria, mientras aquella flecha se elevaba hasta perderse entre la bruma del éter. Pero una vez más, el  vanidoso mago caería en manos de una inesperada sorpresa.

Aquella misma flecha retornaba envuelta en llamas y a Novú se le antojó el trueno de una cruel venganza. 

Con singular precisión, aquel enfurecido trueno fue buscando su cuerpo hasta clavarse en su desnudo pecho, haciéndole caer en el abismo de los sufrimientos, allí donde las aguas son oscuras y el dolor el único alimento. 
Novú sintió lástima y pena, al ver reflejado en aquel espejo su propio cuerpo muerto. Pudo ver cómo las sombras de Henras, se apoderaban de él y lo conducían hasta su morada, a la que todos temían por estar ésta maldita. 

Novú volvía su rostro, pálido y despavorido por la angustia de la verdad, y un deseo intenso y desgarrador se apoderó de él.

Sumido en su lamento y culpándose de todo el daño que su reino había sufrido, anduvo sin rumbo. 

Le parecía haber perdido la noción del tiempo, de la realidad. Ya nada tenía sentido, la vida había perdido todo su interés. Su corazón no abrigaba ninguna ilusión, tan sólo se odiaba y se aborrecía, y ese sentimiento de culpabilidad no encontraba consuelo ni encontraba el soplo cálido del amor. 

Comprendió con profunda tristeza, que su mal le condenaba para toda su existencia con buscar incansablemente la sencillez del perdón. 

Pero en la vida todo es posible, y así ocurrió, que en aquella mañana, sin saber nadie cómo, acababa de cantar el gallo, y lo hizo como era costumbre, repetidas veces.

El Sol despuntaba ya en el horizonte, y todo hacia presagiar que aquel día sería recordado como un día de gloria. 

No muy lejos de allí -y a pesar de que el viento apenas daba muestra de presencia-, un viajante cansado, agradeció, como nunca pensó que lo hiciera, el agradable sonido musical que anunciaba la llegada de un nuevo día.

Novú, haciendo un supremo esfuerzo logró ponerse de pie.

Junto a él se encontraba su fiel caballo y sus alforjas, en la que descubrió la figura de un arco.

No tardó en comprender, que había hecho un gran viaje hacia los confines de la tierra astral, allí donde se forjan los sueños, y aunque no quería recordar el contenido de ellos, no pudo evitar dirigir su mirada hacia la Montaña Sagrada de Ayna y sentir que su cuerpo se estremecía, al tiempo que sus ojos dejaban escapar las lagrimas de un profundo arrepentimiento. 

Novú no podría explicar con palabras, lo que en su corazón estaba sucediendo. Para él, todo aquello era nuevo y, al igual que un niño, nada quería más que compartir aquella nueva realidad con sus compañeros. 

Ahora, nada le retenía prisionero de ambiciosos y exaltados deseos; pero había algo que aún le preocupaba, era el temor de que los habitantes del reino no hubiesen olvidado el mal de su  embrujamiento. 

Novú montó en su caballo y se dirigió a gran velocidad hacia el Sagrado Templo. Cuando se apeó de su montura, pudo comprobar que los habitantes de Cardin no repararon en él más que otras veces, y sí en cambio estaban entregados al júbilo del gran festejo, que continuaban celebrando. 

Novú se encontraba de espalda al templo, cuando una voz pronunció su nombre. 

  • Amigo Novú, mago de las tierras de Memcap, os estábamos esperando para dar comienzo al sagrado juego. El Duelo de los Secretos nos reclama. 
Era la voz del Supremo Juez. Novú pensaba cuánto agradecía aquella invitación.

Ahora tendría la oportunidad de rectificar todo su mal, y dejándose llevar por esos pensamientos, acompañó al Supremo Juez hasta el interior del Templo. 

Durante tres días, el Supremo Maestro consultó el juicio de las tablas sagradas, y llegó el día por todos esperados. 

Ahí estaban los cuatro elegidos, formando un círculo junto al Supremo Juez.

Todos esperaban la decisión final. El pueblo, mientras tanto se divertía festejando con felicidad la presencia y fecundidad del Sol. 

  • ¡Amigos de Alpharies, de Hecán, de Telib y amigos de Memcap, como Supremo Juez del Reino de Cardin, proclamo vencedor del duelo de los secretos, al elegido de Memcap! 
Una profunda satisfacción se adueñó del rostro del Supremo Juez, el cual continúo diciendo: 

·       La Justicia de las Sagradas Tablas ha sido sabia y debemos obedecerla.
Sabed hermanos míos, que el nuevo ideal que nuestro reino ha de recibir con respeto, es una sagrada proclamación. ¡Que nuestra mente y nuestro corazón se fundan en un mismo aliento, y que juntos fecunden la única fuerza que en nosotros debe habitar, la del Perdón! 

Todos los elegidos reconocieron en este ideal una hermosa invitación. Sin duda, todo el reino se sentiría orgulloso de esa decisión.

Aquellas palabras fueron grabadas en el Manuscrito Sagrado de los 7 Logos del Universo, y desde entonces el hombre aspiró noblemente y por justicia, al Supremo Trono y ya nadie recordarla aquella ambiciosa aventura, que quedaría enterrada para siempre en el olvido de los tiempos...


FIN

martes, 5 de abril de 2016

Cuento para Aries: "El Duelo de los Secretos - 2ª Parte"

A falta de dos días para que la luna fuese llena, en Cardin se estaba fraguando la llegada del gran día.

Todos se impacientaban en espera de que el mago Novú culminase su aventura de conquistar la Montaña de Ayna y logrará hacerse con el Manuscrito Sagrado de los 7 Logos del Universo.

Se preguntaban cómo lo conseguiría, pues ninguno dudaba en que no iba a resultar tarea fácil vencer al guardián de los Logos Sagrados.

Hasta ahora, nadie había aspirado a tan atrevida y osada empresa. Tan sólo un hombre con los poderes sobrenaturales de Novú podía aspirar a la conquista de la morada de todos los reinos y apoderarse de su absoluto Poder.

El Supremo Juez no podía desaprovechar esa ola de entusiasmo que cautivaba permanentemente a todos los habitantes y al mismo Novú, y fue entonces que se dirigió a todos los asistentes a la fiesta.
  • Amigos, habitantes del reino de Cardin. Vuestros corazones están desbordantes por un nuevo ideal. En vista de tan gratos hechos, proclamo que continúen las fiestas hasta la víspera del gran día que todos esperamos. Ese día en el que, el mago Novú se aventurará en la más atrevida de las hazañas. Hasta ese día, quedad en manos del júbilo y, espero, que la luz emerja tenazmente en vuestros sueños.
Aquellas últimas palabras habían quedado flotando en el aura de todo el lugar y resonarían, una y otra vez como un profundo eco, cuando la estrategia del Sagrado Juez alcanzase su programada hora.

Tan sólo faltaba un día para la gran aventura y la fiesta había alcanzado su punto de máxima expectación. El júbilo se desbordaba en cada rostro, en cada palabra y en cada insinuación. Había llegado el momento de poner en práctica el plan trazado por el Supremo Juez.

Contaba con el elixir del viejo Nemrod, y tenía el suficiente como para conseguir que todos los allí presentes, al beber de su esencia, cayesen en el olvido de todo recuerdo.

Fue su viejo amigo el Gnomo quien, confundiéndose entre las sombras, vertiera en el agua aquel mágico ungüento.

Se hacía tarde y la noche cubría con su espeso manto las tierras que rodeaban al Templo.

Fue aquel el momento que aprovecharía su fiel Ondina para derramar el licor del ensueño en los toneles de aquel saludable vino. Al beberlo, poco a poco aquello hombres quedarían sumidos en un profundo y misterioso sueño.

Aquella noche de júbilo jamás sería recordada. 7 velos de olvido caerían como una sombra sobre el ideal que proclamaban.

Novú, no se extrañó por aquel silencio que todo lo envolvía. Pensaba que sus compañeros aún dormían la embriaguez de sus cuerpos. Lamentaba el no poder despedirse, pero estaba ansioso por alcanzar su objetivo.

Todo estaba preparado y su caballo le esperaba en las afuera de la aldea.

Novú dirigió una última mirada a los hombres que permanecían rendidos en manos del más profundo de los sueños, y fue entonces, que su atención quedó prendada de un hermoso arco, que al parecer no tenía dueño. Pensó, que bien podría ser de utilidad en su Viaje, pues tal vez tendría que defender su vida de posibles enemigos.

Antes de partir, Novú se apresuró a llenar sus alforjas de buena comida y sus cantimploras dieron buena muestra del buen vino y de frescas aguas.

Ya nada lo retenía por más tiempo en el reino de Cardin, y dirigiendo su montura hacia el Este buscó intensamente con su mirada la silueta de aquella montaña que reposaba tranquilamente en el horizonte, en espera del reto pronunciado por el ambicioso mago.

El Sol, en aquel día, parecía pletórico de fuerza y poder. Sus rayos caían con furor y rabia, y no tardaría Novú en notar que el calor agobiaba a su montura y a él mismo, por lo que se apresuró a buscar una buena sombra donde poder descansar y refrescar su reseca garganta.

Pero, por mucho que caminaba hacia su objetivo no encontraba en su senda más que piedras y tierra desértica; sin embargo, aquello no le desanimó, decidió desmontar y dar de beber a su caballo, al tiempo que él lo hacía también.

A medida que el agua iba penetrando en su garganta, Novú sentía que su mirada se tornaba borrosa y que su cabeza le daba vueltas.

Pensó que había agotado mucho sus fuerzas y que aquel calor mermaba su resistencia.

Dejándose llevar por sus pensamientos, buscó en sus alforjas el alimento que debía conseguir reponer su mermada vitalidad.

Acompañaba cada bocado con un generoso trago de aquel buen vino que tan feliz acogida había tenido en Cardin, pero de pronto, sus piernas se negaron a sostenerle y su pulso se hizo débil. Su corazón retumbaba en su cerebro con incesante persistencia. A partir de ese momento, Novú, nada pudo hacer para vencer aquella oscuridad, que lo poseía y trasladaba de un lugar a otro, con la misma rapidez con la que viaja el pensamiento.

Nunca averiguaría lo que le llegó a suceder, ni sabría explicar, si estaba soñando o despierto. Levantando su rostro, Novú paseó su mirada nerviosa, con la intención de descubrir dónde se encontraba.

No tardó en comprender que había vuelto a su reino y que se encontraba postrado en su propio lecho.

Fueron muchos los interrogantes que se adueñaron de sus pensamientos pero no tuvo tiempo de encontrar las respuestas, pues un llanto desconsolador llegaba hasta sus oídos hiriéndole internamente.

Se apresuró Novú hacia el exterior de su aldea, cuando un quejido amargo se hundió en su corazón. Todo su cuerpo se paralizó, su sangre se negaba a circular. Su cerebro apenas si emitía señales de vida, y su cuerpo no supo sostenerle erguido ante aquella horrorosa visión.

Todo el reino de Cardin estaba en ruinas, desolado y cubierta sus tierras de un reguero de seres muertos. El aire que se respiraba era nauseabundo y ni las aves de rapiña podían soportar aquel hedor.

Un Sol amenazante y furioso escupía fuego de su boca y hasta las piedras se quejaban de dolor ante aquella plaga de calor.

Los ríos habían perdido su cauce y evaporado sus aguas, los valles y bosques habían quedado calcinados y llenos de muerte. Aquello, sin duda, no era su reino, aquello era mucho peor que el infierno.

Sin embargo, allí estaban sus compañeros, casi todos muertos.

Aquello, pensó, debía ser una pesadilla o un trágico ensueño.

Novú se acercó a aquel pobre anciano que pedía a gritos que alguien pusiese fin a aquel trágico suplicio.

Su corazón se entristeció cuando descubrió que el cuerpo desnudo de aquel desgraciado, estaba cubierto de resecas llagas. Novú acarició su rostro y el anciano haciendo un supremo esfuerzo de voluntad abrió con dificultad los ojos, para agradecer aquel noble gesto.
  • ¡Agua, por caridad..., necesito un poco de agua!
Novú quiso apresurarse a interrogarle pues, comprendía que no tardaría en morir y deseaba conocer las causas de aquel infierno.
  • ¡Decidme, buen hombre!, ¿qué mal ha podido motivar tanta crueldad en los Dioses?
El anciano, que apenas si le quedaba aliento, mostró perplejidad en su rostro, pues no comprendía cómo aquel desconocido podía ignorar la respuesta, y sin embargo le dijo:
  • El causante de nuestra desgracia, se llamaba Novú, un ambicioso y arrogante mago que pretendía desafiar el poder de los 7 Logos del Universo con la pretensión de apoderarse del Manuscrito Sagrado. Aquello ocurrió hace 70 años. Él nos prometió la eterna presencia del Sol, y todos fuimos embrujados por sus encantamientos. La furia de los Logos Sagrados, desde entonces, ha sido terrible.
Novú, había enmudecido, pero aún tuvo fuerzas para interrogar a aquel moribundo anciano con una última pregunta.
  • Decidme noble anciano, ¿qué fue de aquel ambicioso mago, que suerte le depararon los Dioses?
  • Nunca más se supo de él. Unos decían que había perdido la vida en su empresa y que el Sol fundió su cuerpo con las llamas de su Fuego, pero otros crearon de él una leyenda, y cuentan que tendrá que permanecer 70 años sirviendo en la morada subterránea de Henras. Todos hemos sufrido y expiado año tras año la desenfrenada ambición de Novú, el mago. Todos caímos en el caos del olvido, y unos tras otros fuimos destruyéndonos buscando alimentos con los que nutrirnos. Todos perdimos la esperanza de que un día, aquel mago volviese y rompiese el hechizo. La leyenda narra que él y sólo él, puede librarnos de este suplicio.
El pobre anciano no pudo continuar, sus fuerzas le abandonaron y su sutil espíritu viajaba ya hacia el más allá.

Novú dejó reposar aquel cuerpo desgarrado y quedó pensativo durante mucho tiempo.

Poco a poco, fue comprendiendo el significado de aquella tragedia.

A pesar de no recordar nada, de tener la sensación de estar preso de las aguas del olvido, pudo descubrir, sin embargo, que su ambición había sido la causa de aquella catastrófica situación.

...continuará