sábado, 4 de mayo de 2019

Cuento para Tauro: "Un bello despertar - 2ª Parte"

Allí estaba su hombre de confianza, quien podía ver en su mente translucida las claves de sus cajas fuerte, donde atesoraba todos sus bienes, y aquella sonrisa diabólica…

El sudor hizo aparición por primera vez en el rostro pálido del director general. Veía como todos le habían abandonado, no tenía a nadie a quien recurrir. La situación se le hacía cada vez más embarazosa.
Todos brindaban,  con el mejor champán,  -curado año tras año en sus mejores bodegas-, la esplendorosa derrota del buitre de las finanzas.
Saboreaban aquella victoria, que todos habían deseado tanto.
  • ¡No, no podéis hacerme esto a mí! Tendré que comenzar de nuevo y me siento cansado para ello. 
Nadie pareció oírle, todos le ignoraban y seguían bebiendo y riendo. Se estaban saciando para el asalto final y ello, produjo en el director una mayor sensación de agobio, que le llevó a exclamar con todas sus fuerzas.
  • ¡Dadme tan sólo una oportunidad, os lo suplico. Dejad que me defienda…! 
Todos callaron. Aquellas palabras, musitadas en un momento de desesperación sin límites, parecían tener un significado especial…
Imperó el silencio por unos segundos, que al director se le antojaron  horas.
Todos, al unísono, al igual que si hubieran sido lanzados desde una catapulta, abandonaron, sincrónicamente sus copas y dirigieron sus afiladas miradas hacia el gran magnate del imperio de las finanzas.
Su rostro balbuceaba y sollozaba, presa de un miedo atroz. Sus ojos desencajados, intentaron encontrar una mirada de complicidad, pero no lo lograría… tan sólo alcanzó a comprobar, cómo avanzaron hacia sus respectivos lugares y ocupaban sus asientos.
El director sintió que el calor de la sangre recorría de nuevo su cuerpo y, casi pudo emitir una mueca de alegría que fue interrumpida bruscamente cuando notó que era desgarrado de su sillón y  trasladado hacia una silla, carcomida por las polillas.
Fue sentado y amarrado para impedir sus innumerables pretensiones de querer escapar de aquella opresión. El lugar del director fue ocupado por su hombre de confianza, que con mirada helada miró a su alrededor, al tiempo que empuñando un mallete golpeó la mesa por tres veces consecutivas, expresando con voz ronca:
  • ¡Se da comienzo a la causa del tan ya conocido por todos ustedes, el Sr Don...! Como todos sabemos, se nos ha encomendado la particular misión de juzgar las acciones pérfidas y malolientes de la personalidad profana del aquí presente. Como es habitual en estos casos, debemos comportarnos sin desfallecimientos emotivos, procurando ser justos y hacer uso de la razón y la ley que impera en nuestra jerarquía. 
Haciendo una pausa, paseó su mirada fría, como si de acero se tratara, hasta posarse en la figura de un personaje realmente tenebroso y misterioso.
  • Por favor, Sr. Fiscal, ¿de qué se acusa el propio individuo? 
El acusado no pudo ocultar su sorpresa y su rostro se crispó ante aquella confusión, pues no podía tener otra explicación. Debía tratarse de un error. No podía comprender aquellas últimas palabras, que fueron pronunciadas sin que en ellas se percibiese un tono especial. Se preguntaba, atormentado por la angustia, cómo  podía haber pedido él, vivir aquella situación tan embarazosa y terrible.
  • ¡Jamás –se dijo-,  aquello era una locura. Quieren volverme loco y apoderarse de todos mis bienes de una manera que pareciese a los ojos de todos legal. 
La voz de fiscal hizo que volviera de nuevo la atención a las palabras que refería.
  • Se acusa de haber nacido tan solo para gozar indebidamente de una vida llena de placeres e igualmente utilizar sus bienes en grandes bacanales, donde los ríos de buen vino francés, hermosos y suculentos manjares, daban buena fama de una glotonería sin límites.
  • ¿Se acusa de algo más Sr. fiscal?
  • Pues sí, Sr Juez. El mismo subraya y ruega que se de especial atención a una singular falta, que sin duda atormenta su conciencia. Es por ello, repito, que el acusado solicita sea estudiado con delicadeza por el jurado. El que comparece ante nosotros se declara una persona sensual, altamente sensual.
  • Está bien, Sr. Fiscal. Gracias por su colaboración.  
Dirigiéndose al acusado, al que  encontró derrumbado en aquella silla mugrienta, le dijo:
  • Sr Don…, le han sido leídas sus peticiones, ¿tiene algo que añadir a lo ya dicho? 
Sin levantar el rostro, decaído y sin muestra ya de arrebatos, como si hubiese aceptado lo que acababa de oír, respondió con un ademán negativo. 
  • Pues siendo así, tiene la palabra la defensa.
  • Gracias, Sr. Juez.
Aquella nueva intervención era tan inesperada para el Sr. Don…, que, contagiado por aquella curiosidad, elevó rápidamente su rostro buscando la imagen del supuesto encargado de su defensa. 
Fue entonces, cuando no pudo evitar, que de su reseca garganta partiese una ronca exclamación de sorpresa y admiración. Estaba allí, delante de él, y lo más terrible de todo, era Él mismo… con el mismo traje y el mismo rostro, aunque mucho más tranquilo y sereno. 
Se le acercaba despacio, sonriéndole. En su expresión se podía leer, que tenía intención de inspirarle esperanza y confianza, pues la verdad era que se dirigía a su cliente.
Aún el Sr. Don…, no podía creerlo. Le miraba fijamente, sin perder un solo detalle, pero al final tuvo que darse por vencido, pues nadie podía conocer a aquella persona mejor que el mismo. Sin  duda alguna, estaba frente a frente con su propio Yo como aliado. 
  • ¡Sr... , por favor!, ¿querría decirnos si está usted casado? -preguntó la defensa al acusado-.
Continuará...

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 124

LECCIÓN 124

Que no me olvide de que soy uno con Dios.

1. Hoy volvemos a dar gracias de que nuestra Identidad se encuentre en Dios. 2Nuestro hogar está a salvo; nuestra protec­ción garantizada en todo lo que hacemos, y tenemos a nuestra disposición el poder y la fuerza para llevar a cabo todo cuanto emprendamos. 3No podemos fracasar en nada. 4Todo lo que tocamos adquiere un brillante resplandor que bendice y que sana. 5En unión con Dios y con el universo seguimos adelante llenos de regocijo, teniendo presente el pensamiento de que Dios Mismo va con nosotros a todas partes.

2. ¡Cuán santas son nuestras mentes!. 2Todo cuanto vemos refleja la santidad de la mente que es una con Dios y consigo misma. 3¡Cuán fácilmente desaparecen los errores y la muerte da paso a la vida eterna! 4Nuestras luminosas huellas señalan el camino a la verdad, pues Dios es nuestro Compañero en nuestro breve recorrido por el mundo. 5Y aquellos que vienen para seguirnos reconocerán el camino porque la luz que nos acompaña se rezaga; si bien, no se separa de nosotros según seguimos ade­lante.

3. Lo que recibimos es el eterno regalo que hemos de dar a aque­llos que han de venir después, así como a los que vinieron antes o a los que estuvieron con nosotros por algún tiempo. 2Y Dios, que nos ama a todos con el amor equitativo con el que fuimos crea­dos, nos sonríe y nos ofrece la felicidad que dimos.

4. Hoy no pondremos en duda Su Amor por nosotros, ni cuestio­naremos Su protección ni Su cuidado 2Ninguna absurda ansie­dad podrá venir a interponerse entre nuestra fe y nuestra conciencia de Su Presencia. 3Hoy somos uno con Él en reconoci­miento y en recuerdo. 4Lo sentimos en nuestros corazones. 5Sus Pensamientos se encuentran en nuestras mentes y nuestros ojos ven Su hermosura en todo cuanto contemplamos. 6Hoy vemos únicamente lo amoroso y lo que es digno de amor.

5. Lo vemos en lo que aparenta ser doloroso, y el dolor da paso a la paz. 2Lo vemos en los que están desesperados; en los tristes y en los compungidos, en los que creen estar solos y amedrentados y a todos se les devuelve la tranquilidad y la paz interior en la que fueron creados. 3Y lo vemos igualmente en los moribundos y en los muertos, restituyéndolos así a la vida. 4Y podemos ver todo esto porque primero lo vimos en nosotros mismos.

6. A aquellos que saben que son uno con Dios jamás se les puede negar ningún milagro. 2Ni uno solo de sus pensamientos carece del poder de sanar toda forma de sufrimiento en cualquier per­sona, sea ésta de tiempos pasados o aún por venir, y de hacerlo tan fácilmente como en las que ahora caminan a su lado. 3Sus pensamientos son intemporales, y no tienen nada que ver con el tiempo ni con la distancia.

7. Nos unimos a esta conciencia al decir que somos uno con Dios. 2Pues con estas palabras afirmamos también que estamos sanos y salvos, y que podemos salvar y sanar. 3Ahora queremos dar lo que hemos recibido. 4Pues queremos conservar los regalos que nuestro Padre nos dio. 5Hoy deseamos tener la experiencia de que somos uno con Él, de modo que el mundo pueda compartir con nosotros nuestro reconocimiento de la realidad. 6Al nosotros tener esta experiencia el mundo se libera. 7Y al negar que estamos separados de nuestro Padre, el mundo sana junto con nosotros.

8. ¡Que la paz sea contigo hoy! 2Asegura tu paz practicando la conciencia de que eres uno con tu Creador, tal como Él es uno contigo. 3En algún punto hoy, cuando te parezca más conve­niente, dedica media hora al pensamiento de que eres uno con Dios. 4Ésta es la primera vez que intentamos llevar a cabo una sesión prolongada para la cual no se establecen reglas ni se sugie­ren palabras especiales con las que dirigir la meditación. 5Hoy confiaremos en que la Voz de Dios nos hablará cuando lo crea oportuno, seguros de que no habrá de fallar. 6Mora en Él durante esa media hora. 7Él se encargará del resto.

9. ¡El beneficio que ello te ha de aportar no será menor porque creas que no está pasando nada. 2Quizá no estés listo hoy para aceptar estas ganancias. 3Pero en algún punto y en algún lugar, llegarán a tu conciencia, y no podrás sino reconocerlas cuando afloren con certeza en tu mente. 4Esta media hora estará enmar­cada en oro, y cada minuto será como un diamante incrustado alrededor del espejo que este ejercicio te ofrece. 5Y verás en él la faz de Cristo, reflejando la tuya.

10. Tal vez hoy, tal vez mañana, veas tu propia transfiguración en el espejo que esta santa media hora te presenta para que te mires en él. 2Cuando estés listo, la encontrarás allí, en tu mente, en espera de ser hallada. 3Recordarás entonces el pensamiento al que dedicaste esta media hora, y lleno de agradecimiento te darás cuenta de que jamás habrías podido invertir mejor el tiempo.

11. Tal vez hoy, tal vez mañana, mires en ese espejo y comprendas que la inmaculada luz que ves emana de ti; que la hermosura que en él contemplas es la tuya propia. 2Considera esta media hora como el regalo que le haces a Dios, con la certeza de que lo que Él te dará a cambio será una sensación de amor que sobrepasa tu entendimiento; una dicha tan profunda que excede tu compren­sión y una visión tan santa que los ojos del cuerpo no la pueden ver. 3Sin embargo, puedes estar seguro de que algún día, tal vez hoy, tal vez mañana, entenderás, comprenderás y verás.

12. Añade más gemas al marco dorado que rodea al espejo que hoy se te ofrece repitiendo cada hora para tus adentros:

2Que no me olvide de que soy uno con Dios, en unión con todos mis hermanos y con mi Ser, en eterna paz y santidad.

¿Qué me enseña esta lección?

Hoy he tomado consciencia de lo importante que es tener la certeza de que somos Uno con Dios. Ha sido fulgurante y revelador. He sido consciente, de cómo es fácil y habitual seguir los patrones fabricados por el ego. Es muy sutil, y cuando estás alimentando esa sutilidad no acabas de ver que en realidad estás viviendo una ilusión, donde el peso del pasado juega un papel muy importante.

Cada vez que emitimos un juicio basado en la necesidad, por ejemplo: “que mala suerte tengo”; “la vida me está poniendo a prueba”; “mi felicidad depende de lo que les ocurre a mis seres queridos” o  “mi paz es imposible con los problemas que tengo”, estamos creyendo de que por alguna razón somos merecedores de esas situaciones y nos identificamos con ellas, hasta el punto de que “invitamos” a nuestra mente a pensamientos sombríos, pesimistas y tristes.

Pero ocupar nuestra mente con ese tipo de pensamientos es alejarnos de la verdad y servir al error. Cada vez que de nuestros labios salen palabras que hablen de enfermedad, de necesidad, de dolor, de miedo, de castigo, de sufrimiento, de victimismo, de sacrificio, de separación, estamos alimentando el error, al tiempo que estamos negándonos a nosotros mismos.

Reflexionemos un momento. Si Dios es la Perfección, es la Salvación, es la Plenitud. Si es impecable e invulnerable. ¿Veis a Dios hablando de dolor, de muerte, de enfermedad, de castigo? No, verdad. No podemos verlo, pues esos conceptos son fabricaciones del ego.

El Hijo de Dios, es decir, cada uno de nosotros, somos perfectos, estamos a salvo, sanos, plenos. Somos eternos, impecables e invulnerables. Somos tal y como Dios nos ha creado. Entonces, si creemos con certeza que Somos Uno con Dios, dejemos de utilizar las fabricaciones del ego y Seamos Creadores al servicio de nuestro Padre.

Ejemplo-Guía: "Cuando te sientas "bajo", recuerda de que eres uno con Dios"

Esta técnica no debe resultarnos desconocida, pues la hemos empleado mucho en nuestros primeros años de vida. Suele ocurrir, sobre todo para los que tiene mala memoria, como yo, que hayamos olvidado esa experiencia en la que nos sentíamos permanentemente protegidos por la presencia de nuestros padres

En la medida en que hemos ido creciendo, con la edad, hemos ido alejándonos de esa necesidad básica de nuestra niñez, y ahora, en la nueva condición de adolescente, experimentamos una nueva necesidad, la cual tan solo se ve satisfecha cuando somos consciente de nuestra individualidad. 

Ese tránsito viene acompañado por el "olvido" de que formamos parte de un hogar a través del cual podemos reconocer nuestra identidad, La rebeldía propia de la adolescencia nos lleva muchas veces a renegar de nuestra identidad familiar. Es como si estuviésemos recapitulando el proceso espiritual que nos ha llevado a la situación en la que nos encontramos en la actualidad.

El precio de ganar nuestra individualidad ha dado lugar al ego y ha propiciado la errónea creencia de que estamos separados de nuestro Creador. Somos un cuerpo sometido a las leyes del espacio y del tiempo.

Elegir la individualidad, elegir la separación, es elegir la senda del miedo, de la culpa, del dolor, del sufrimiento, del odio, de la enfermedad, de la muerte.

El mundo que el ego ha fabricado se sustenta de la ilusión y mantiene a la conciencia sumida en un sueño, donde hemos olvidado lo qué realmente somos. 

Dentro del mundo del sueño, podemos tomar conciencia de que somos los soñadores, lo que significa que tenemos acceso a una información que nos permite elegir de nuevo.
En esa elección, decidimos tener sueños felices y nuestra percepción errónea se transforma en una percepción verdadera.

A partir de ese momento, decidimos vivir la vida desde la visión de la unidad y asumimos nuestra función en el plan de salvación que Dios a dispuesto para Su Hijo.

Cuando estamos recorriendo esa nueva senda, podemos encontrarnos con nuevos obstáculos en el camino y nuestro estado anímico puede experimentar lo que coloquialmente llamamos "bajón". En esos momentos de duda, de inseguridad, tenemos que recuperar la actitud desplegada cuando eramos niños, es decir, tenemos que recuperar la confianza en nuestros padres y dirigirnos a ellos con la certeza de que sabrán aportarnos la paz que necesitamos. Lo que quiero decir con ello, es que en los momentos "bajos", recordemos nuestra condición  espiritual y reforcemos desde la certeza, que somos uno con Dios. 

Reflexión: ¿Has experimentado la presencia de Dios en tu interior? ¿Cómo te has sentido?

viernes, 3 de mayo de 2019

Cuento para Tauro: "Un bello despertar - 1ª Parte"

Ya se deja notar la presencia siempre alegre del Sol primaveral, y es que acaba de despuntar majestuosamente en el cielo, engalanándose con los más ricos y bellos ornamentos, magnificándose de este modo la expresión viva y risueña de la naturaleza.

Muchos son los que inspirados por este aroma tan peculiar, se sienten atraídos hacia ese caudal de vitalidad y buscan, ansiosos, embriagar sus sentidos con la suave fragancia de las flores y con los armoniosos cánticos que componen los pájaros, alegremente, y que se nos antoja como una inspirada sinfonía celestial.

Y mientras que este fascinante misterio seguía inocente y fielmente su curso, nuestro protagonista y amigo Don ... bueno, seré despistado, ahora no recuerdo el nombre de…, pero no os preocupéis, a él no le importará que le llamemos simplemente Don ... Tal vez,  Sr Don…, para ser más correcto. Esperemos que este atrevimiento no haga enfadar a..., al Sr Don…
          
Pero dejemos eso para más tarde, y veamos qué está haciendo en estos momentos de tanto sofoco y calor.

Introduciendo los dedos en el pequeño bolsillo del chaleco, nuestro amigo pudo comprobar que la maquinaria del reloj, antiquísimo por cierto, su antigüedad se remontaba a tres dinastías de antepasados, se encontraba en perfecto estado de funcionamiento.

No pudo evitar el Sr Don ... , quedar seducido por la sensación de placer que acababa de recibir en el contacto de su piel con el frescor suave de su inseparable reloj. Por unos momentos, sintió el deseo de pasar su circular cuerpo, por su rostro sudoroso,  pero desistió de inmediato, pues qué pensaría el infeliz reloj; sin duda alguna, le heriría su orgullo mecánico, proporcionándole una oferta de pluriempleo.
  • ¡Está bien -se dijo-, me conformaré con precisar de tus servicios!
Guiado por esa idea, sus dedos carnosos hicieron chascar el resorte que permitía abrir la tapa de aquella antigualla, y una vez más, sonó a los cuatro vientos aquella dulce melodía, que solía oír en tantas ocasiones en compañía de su padre, durante su infancia.

Sin darse apenas cuenta de ello, Sr Don..., se sorprendió tarareando felizmente la canción y muchos que acompañaban su estancia en aquel salón restaurante, sonrieron al oír su ronca voz acompañar a la no menos melodiosa musiquilla.

No podríamos asegurar que aquella situación produjera vergüenza a nuestro amigo, ni tan siquiera se ruborizó; aquello formaba parte de su vida diaria y lo necesitaba, lo mismo que cualquier otra persona necesitaba cumplir con una necesidad fisiológica.

Tomando el reloj entre sus manos, pudo comprobar que las manecillas indicaban que pasaban diez minutos de las dos de la tarde. No pudo evitar que en su rostro se dibujara una mueca de desagrado. La verdad era que no se le apetecía en absoluto el presidir aquel consejo de administración, que le aguardaba y que, por su carácter rutinario, en nada seducía en aquellos momentos,  al director de la empresa.

Pensaba en su inapetencia y descubrió que el verdadero motivo que le atormentaba en aquellos minutos no era, ni mucho menos, la falta de interés por los asuntos que se iban a tratar, su pereza encontraba una justificación infantil; le temía enormemente al bochorno que en esos momentos abrazaba toda la ciudad.

El termómetro asomaba en los límites de los 40 grados y aquella visión hacia desvariar al Sr Don…, al que se le sorprendía pensando en voz alta:
  • Sí, de acuerdo, he pensado en el coche, pero prefiero desistir de esa idea…, no me convence lo del aire acondicionado…
Pero apenas acababa de pronunciar aquellas palabras, cuando de un modo relampagueante, dio un brinco de su asiento que sorprendió a todos los presentes. Sin duda, aquel cerebro, paralizado por el sofoco, acaba de despertar, como impulsado por una brillante e iluminada idea.
  • ¡Por favor, por favor camarero! ¿podría acercarme el teléfono? Deseo hacer una llamada, gracias.
Sin esperar más tiempo, marcó pausadamente número tras número, y quedó en espera de recibir contestación.
  • Señorita, póngame con el Sr…
Indudablemente, la respuesta no debió ser muy del agrado de nuestro protagonista, pues dando muestra de enfado, gritó:
  • ¡Cómo!, ¿aún no ha llegado? Por favor, intente localizarlo…, es urgente. Llámeme al siguiente número, estaré esperando su llamada impacientemente.
Para alguien que conociese al Sr Don…, aquellas palabras le hubiese sorprendido, ya que su fama era bien conocida, por su paciencia y tenacidad. Dirigiéndose de nuevo al camarero, le dijo:
  • Por favor, sería tan amable de comunicarme la llamada, es importante.
Abriendo de nuevo su inseparable reloj de bolsillo, pudo quedar más tranquilo al comprobar  que aún tenía tiempo de descansar y reposar la copiosa comida que su estómago, endurecido, por tan duras batallas, intentaba digerir.



Aquella musiquilla llenó su alma de un sosiego indescriptible. La sangre se vertía por segundos alrededor de las paredes estomacales, dejando sin defensa su mente ante cualquier ataque exterior. Quedó soñoliento y no quiso poner obstáculos a tal deseo, dejando que sus ojos cayesen trémulamente, pero no pudiendo evitar que su conciencia se confundiera alocada con otro mundo, más sencillo que el que solía habitar y en el que derrochaba una personalidad gustosa de momentos cálidos y placenteros, pero generosa y alegre, amante de lo bello y bien formado, ocupada en discutir, cuando la situación era necesaria, pero enemiga de todo acto violento que interrumpa el equilibrio y la armonía.

Aquellos pensamientos se fueron agrupando incansables en aquella nube que cubría su conciencia y que parecía iba a estallar, trasladando cada cosa a su debido lugar.

Necesitaba luz, y la luz apareció y todo a su alrededor tomó de repente vida. Y allí estaba, entre todos los representantes de los diferentes comités de empresas. Se le antojaba, que se estaba planeando en la atmósfera un motín contra su persona.

Pudo ver entre las sombras, a alguien que se acercaba y le advertía, que todo lo que para él había supuesto la lucha de tantos años, le sería arrebatado en aquellos momentos, lo estaba invitando a presenciar los actos de despojos.

...continuará

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 123

LECCIÓN 123

Gracias Padre por los regalos que me has concedido.

1. Sintámonos agradecidos hoy. 2Hemos llegado a sendas más lle­vaderas y a caminos más despejados. 3Ya no nos asalta el pensa­miento de volver atrás, ni resistimos implacablemente a la verdad. 4Aún hay cierta vacilación, algunas objeciones menores y cierta indecisión, pero puedes sentirte agradecido por tus logros, los cuales son mucho más grandes de lo que te imaginas.


2. Dedicar ahora un día a sentirte agradecido te aportará el benefi­cio adicional de poder tener un atisbo de lo grande que ha sido tu progreso y de los regalos que has recibido. 2Alégrate hoy, con amoroso agradecimiento, de que tu Padre no te haya abandonado a tu suerte, ni de que te haya dejado solo vagando en las tinieblas. 3Agradece que te haya salvado del ser que creíste haber hecho para que ocupara Su lugar y el de Su creación. 4Dale gracias hoy.

3. Da gracias de que Él no te haya abandonado, y de que Su Amor ha de refulgir por siempre sobre ti, eternamente inmutable. 2Da gracias asimismo por tu inmutabilidad, pues el Hijo que Él ama es tan inmutable como Él Mismo. 3Agradece que se te haya salvado. 4Alégrate de tener una función que desempeñar en la salvación. 5Siéntete agradecido de que tu valía exceda con mucho los míse­ros regalos que le diste a quien Dios creó como Su Hijo y de que excede también los mezquinos juicios que emitiste en contra suya.

4. Elevaremos hoy nuestros corazones llenos de agradecimiento por encima de la desesperanza, y alzaremos nuestros ojos agra­decidos, que ya no mirarán al suelo. 2Hoy entonaremos el himno de gratitud, en honor al Ser que Dios ha dispuesto que sea nues­tra verdadera Identidad en Él. 3Hoy le sonreiremos a todo aquel que veamos y marcharemos con paso ligero según seguimos ade­lante a llevar a cabo nuestro cometido.

5. No caminamos solos. 2Y damos gracias de que a nuestra sole­dad haya venido un Amigo a traernos la Palabra salvadora de Dios. 3Gracias a ti por escucharlo. 4Su Palabra es muda si no se la oye. 5Al darle las gracias a Él se te dan a ti también. 6Un mensaje que no se haya oído no puede salvar al mundo, por muy poderosa que sea la Voz que lo comunique o por muy amoroso que sea el mensaje.

6. Gracias a ti que has oído, pues así te vuelves el mensajero que lleva la Voz de Él consigo y que la deja resonar por todo el mundo. 2Acepta hoy las gracias que Dios te da, al darle tú las gracias a Él. 3Pues Él quiere ofrecerte las gracias que tú le das, puesto que acepta tus regalos llenos de amorosa gratitud y te los devuelve multiplicados miles y cientos de miles de veces más. 4Él bendecirá tus regalos compartiéndolos contigo. 5Y así, el poder y fortaleza de éstos crecerán hasta llenar el mundo de gozo y gratitud.

7. Acepta las gracias que Él te da y dale las tuyas durante quince minutos en dos ocasiones hoy. 2Y comprenderás a Quién le das las gracias, y a Quién le da Él las gracias según tú se las das a Él. 3Esta santa media hora que le dediques te será devuelta a razón de años por cada segundo; y debido a las gracias que le das, tendrá el poder de brindarle la salvación al mundo miles y miles de años más pronto.

8. Acepta las gracias que Él te da, y comprenderás con cuánto amor te conserva en Su Mente, cuán profundo e infinito es el cuidado que te prodiga y cuán perfecta es Su gratitud hacia ti. 2Acuérdate de pensar en Él cada hora y de darle las gracias por todo lo que Él le ha dado a Su Hijo para que éste pueda elevarse por encima del mundo, y recordar a su Padre y a su Ser.

¿Qué me enseña esta lección?

El mayor regalo que he recibido, es tener consciencia de quién soy verdaderamente. Por ello, doy gracias a Dios.

Doy gracias, por haberme permitido ver que todos y cada uno de mis hermanos conforman el rostro de Dios. Estoy aprendiendo, cada día, a mirarlos de una forma diferente. Trato de trascender la imagen de su cuerpo y en su lugar, veo la luz de su ser espiritual, repleto de amor. En vez de ver su enemistad, su maldad, su odio, su ataque, veo su inocencia y su impecabilidad.

Doy gracias a Dios, pues su Espíritu es la Fuerza que me aporta la certeza de que estoy contribuyendo al Plan de Salvación y que estoy cumpliendo con mi función, la de amar y perdonar.

Doy gracias a Dios, pues me permite poner en sus manos todos los asuntos que me mantienen ocupados y faltos de paz.
Doy gracias a Dios, pues Él me acompaña y me guía…

Doy gracias a Dios, porque me ha permitido ver la realidad; porque me ha permitido ver que nunca he sido expulsado del Paraíso dispuesto por El para que gocemos de su Dicha y de su Paz.

Ejemplo-Guía: "Es de bien nacidos, ser agradecidos"


Comparto un artículo que he encontrado en la red, escrito por Susana Terrones, en la web udep.edu.pe/castellano actual. Me ha gustado, porque nos ofrece una amplia descripción de los términos gracias, agradecido y gratitud.


La palabra gracias proviene del latín singular gratia (‘gracia’), que originariamente hacía referencia a la ‘honra y alabanza que se tributaba a otro’. En la actualidad, el DRAE (2001) la registra con el significado de ‘cualidad o conjunto de cualidades que hacen agradable a la persona o cosa que las tiene’ y ‘don o favor que se hace sin merecimiento particular; concesión gratuita’. En este sentido,gracia adquiere otras acepciones como las de atractivo, afabilidad y buen modo en el trato con las personas: “Tiene gracia”; perdón o indulto: “Le concedieron la gracia del indulto”; habilidad y soltura: “Baila con mucha gracia”; capacidad de alguien o de algo para hacer reír: “Es una mujer con mucha gracia”; proeza, hazaña, mérito: “La gracia de esa madre fue la de salvar a su hijo”. En plural se usa como expresión de agradecimiento: “Gracias”, “Muchas gracias”, “Mil gracias”, “Un millón de gracias”.
Gracia también se entiende como el favor sobrenatural y gratuito que Dios concede al hombre para ponerlo en el camino de la salvación: “Hemos de procurar estar en gracia de Dios”, y se suele usar como nombre de pila: “Gracia lee el diario solo los domingos”. Por otro lado, se emplea para formar sintagmas del tipo: “año de gracia”, “estado de gracia”, “golpe de gracia”, “tiro de gracia”, “acción de gracias”, “hacimiento de gracias”, o locuciones verbales como “hacer o tener gracia” (‘divertir, entretener, recrear’), “caer en gracia o tener gracia” (‘ser ameno, gracioso o chistoso’), o las expresiones irónicas: “¡Qué gracia!”, “¡No me hace ninguna gracia!”, para rechazar la pretensión de alguien o para manifestar fastidio o disgusto.



Gracias, con el significado de ‘agradecer’, proviene a su vez de la frase latina gratias agere (‘dar gracias’) y guarda relación con el adjetivo latino gratus (‘agradable, agradecido’). Se dice que gratiay gratus presentan la misma raíz indoeuropea que genera en latín el préstamo literario Charites oCárites para referirse a las Gracias de la mitología griega, que eran las diosas del encanto, la belleza, la naturaleza, la creatividad humana y la fertilidad: Aglaya (‘Belleza’), Eufrósine (‘Júbilo’) y Talía (‘Festividades’).



Con el sentido de ‘dar gracias’ se han creado otras palabras como gratitud (‘sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o ha querido hacer, y a corresponder a él de alguna manera’), graciable (‘inclinado a hacer gracias, y afable en el trato’), gratificar(‘recompensar o galardonar con una gratificación o dar gusto, complacer’), gratificación(‘recompensa o remuneración fija que se concede por el desempeño de un servicio o cargo, la cual es compatible con un sueldo del Estado’), congratular (‘manifestar alegría y satisfacción a la persona a quien ha acaecido un suceso feliz’), etc. En ocasiones, aparece en diálogos: “–¿Cuánto te debo? –Las gracias”.

No dejemos, pues, de tener este gesto de cortesía con los demás. Sepamos aprovechar las ocasiones para dar las gracias, ya que como dice Jaime Septién: “el agradecimiento es uno de los dones de la verdadera nobleza de corazón y funda una estética: la belleza de una comunicación que antepone al otro al interés meramente personal”.

Un Curso de Milagros utiliza en muchas ocasiones los términos gratitud, gracias y agradecido y lo hace convirtiéndose en una guía que favorece el reencuentro con nuestra verdadera identidad. Por ejemplo:


"Si le estás agradecido a tu hermano, le estarás agradecido a Dios por lo que El creó. Mediante tu gratitud podrás llegar a conocer a tu hermano, y un momento de verdadero reconocimiento convierte a todo el mundo en tu hermano porque cada uno de ellos es Hijo de tu Padre".

"Yo no necesito gratitud, pero tú necesitas desarrollar tu mer­mada capacidad de estar agradecido, o no podrás apreciar a Dios. Él no necesita que lo aprecies, pero tú sí. No se puede amar lo que no se aprecia, pues el miedo hace que sea imposible apreciar nada. Cuando tienes miedo de lo que eres no lo apre­cias, y, por lo tanto, lo rechazas. Como resultado de ello, enseñas rechazo."


"La única reacción apropiada hacia un hermano es apreciarlo. Debes estarle agradecido tanto por sus pensamientos de amor como por sus peticiones de ayuda, pues ambas cosas, si las perci­bes correctamente, son capaces de traer amor a tu conciencia."


"Y Dios se siente feliz y agradecido cuando le das las gracias a Su perfecto Hijo por razón de lo que es. Y todo Su agradecimiento y felicidad refulgen sobre ti que haces que Su alegría sea total, junto con Él. Y así, tu alegría se vuelve total. Aquellos cuya voluntad es que la felicidad del Padre sea total, y la suya junto con la de Él, no pueden ver ni un solo rayo de oscuridad. Dios Mismo ofrece Su gratitud libre­mente a todo aquel que comparte Su propósito. Su Voluntad no es estar solo. Ni la tuya tampoco."

"Es de bien nacidos, ser agradecidos". He querido utilizar este refrán popular como ejemplo para presentar el debate de la gratitud, del agradecimiento y concluir el profundo significado que encierra dicha actitud. Para mi, se trata de una manifestación de nuestra verdadera identidad espiritual, de nuestra condición amorosa.


Para entender el concepto de ser "bien nacido" hay que recordar que el concepto de honor entronca con el de familia, siendo heredable el buen concepto que de una persona se tenga por sus descendientes. Además, las personas en nuestra cultura que nacen de padres deshonrosos o que, siendo de buena familia no les corresponden y se comportan de la manera que de ellos se espera son "malnacidos", expresión lexicalizada en una única palabra. Así, bien nacido es quien es de noble linaje y también quien se comporta con nobleza.
Si esta visión, con claros argumentos procedente del ego, la planteamos en términos espirituales, el término "bien nacido" y "agradecido" encuentra su sentido más profundo en el linaje espiritual del cual procedemos. Nuestra verdadera familia, es la Filiación, la cual tiene un sólo origen, la Fuente de donde hemos emanados: Dios.

Reflexión: ¿Has oído la Voz del Espíritu Santo? ¿Qué sensación te ha producido?

jueves, 2 de mayo de 2019

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 122

LECCIÓN 122

El perdón me ofrece todo lo que deseo.

1. ¿Qué podrías desear que el perdón no pudiese ofrecerte? 2¿Deseas paz? 3El perdón te la ofrece. 4¿Deseas ser feliz, tener una mente serena, certeza de propósito y una sensación de belleza y de ser valioso que transciende el mundo? 5¿Deseas cuidados y seguridad, y disponer siempre del calor de una protección segura? 6¿Deseas una quietud que no pueda ser perturbada, una mansedumbre eternamente invulnerable, una profunda y perma­nente sensación de bienestar, así como un descanso tan perfecto que nada jamás pueda interrumpirlo?

2. El perdón te ofrece todo eso y más. 2El perdón pone un deste­llo de luz en tus ojos al despertar, y te infunde júbilo con el que hacer frente al día. 3Acaricia tu frente mientras duermes, y reposa sobre tus párpados para que no tengas sueños de miedo o de maldad, de malicia o de ataque. 4Y cuando despiertas de nuevo, te ofrece otro día de felicidad y de paz. 5El perdón te ofrece todo esto y más.

3. El perdón permite que se descorra el velo que oculta la faz de Cristo de aquellos que contemplan el mundo sin piedad. 2Te per­mite reconocer al Hijo de Dios, y borra de tu memoria todo pensa­miento muerto, de manera que el recuerdo de tu Padre pueda alzarse en el umbral de tu mente. 3¿Qué podrías desear que el perdón no pudiese darte? 4¿Qué otros regalos aparte de éstos merecen procurarse? 5¿Qué imaginado valor, efecto trivial o pro­mesa pasajera que nunca se ha de cumplir puede ofrecerte más esperanza que la que te brinda el perdón?

4. ¿Por qué habrías de buscar una respuesta distinta de la que lo contesta todo? 2He aquí la respuesta perfecta, la que se da a toda pregunta imperfecta, a las súplicas sin sentido, a tu reticencia a escuchar, a tu poco esmero y a la confianza parcial que tienes. 3¡He aquí la respuesta! 4Deja de buscar. 5No hallarás ninguna otra en su lugar.

5. El plan de Dios para tu salvación no puede cambiar ni fracasar. 2Siéntete agradecido de que siga siendo exactamente como Él lo planeó. 3Su plan se alza inmutable ante ti como una puerta abierta, llamándote desde adentro en cálida bienvenida, exhortán­dote a que entres y a que te sientas como en tu casa, donde te corresponde estar.

6. ¡He aquí la respuesta! 2¿Preferirías quedarte afuera cuando el Cielo en su totalidad te espera adentro? 3Perdona y serás perdo­nado. 4Tal como des, así recibirás. 5No hay más plan que éste para la salvación del Hijo de Dios. 6Regocijémonos hoy de que así sea, pues la respuesta que aquí se nos da es clara y explícita, y su sencillez hace que sea inmune al engaño. 7Todas las complejida­des que el mundo ha tejido de frágiles telarañas desaparecen ante el poder y majestuosidad de esta simplísima afirmación de la verdad.

7. ¡He aquí la respuesta! 2No le des la espalda para irte a vagar sin rumbo otra vez. 3Acepta ahora la salvación. 4Es el regalo que te hace Dios, no el mundo. 5El mundo no puede dar ningún regalo de valor a la mente que ha aceptado como suyo lo que Dios le ha dado. 6Dios dispone que hoy se reciba la salvación y que los enre­dos de tus sueños no sigan ocultándote su insustancialidad.

8. Abre hoy los ojos y contempla un mundo feliz, donde reinan la paz y la seguridad. 2El perdón es el medio por el que este mundo feliz viene a ocupar el lugar del infierno. 3Dicho mundo se alza en la quietud para salir al encuentro de tus ojos abiertos y llenar tu corazón de una profunda tranquilidad, según afloran en tu con­ciencia verdades ancestrales en eterno renacimiento. 4Lo que entonces recordarás jamás podrá describirse. 5Sin embargo, tu perdón te lo ofrece.

9. Teniendo presente los regalos que el perdón concede, empren­deremos nuestra práctica de hoy con la esperanza y la fe de que éste será el día en que alcanzaremos la salvación. 2Hoy la busca­remos gustosamente y con ahínco, sabiendo que tenemos la llave en nuestras manos; y aceptaremos la respuesta que el Cielo ha dado al infierno que nosotros mismos nos hemos labrado, pero en el que ya no queremos permanecer por más tiempo.

10. Dedicaremos gustosamente un cuarto de hora por la mañana y por la noche a la búsqueda que garantiza que al infierno le lle­gará su fin. 2Comienza lleno de esperanza, pues hemos llegado al punto donde el camino se vuelve mucho más fácil. 3Y ahora el trecho que todavía nos queda por recorrer es corto. 4Estamos en verdad muy cerca del momento que se ha señalado como el final de sueño.

11.   Sumérgete en una sensación de felicidad al comienzo de estas sesiones de práctica, pues en ellas hallarás la segura recompensa de preguntas que ya han sido contestadas, así como lo que tu aceptación de esas respuestas te brinda. 2Hoy se te concederá experimentar la paz que ofrece el perdón y la dicha que te propor­ciona el descorrimiento del velo.

12. Ante la luz que hoy has de recibir, el mundo se desvanecerá hasta desaparecer por completo, y verás surgir otro mundo para describir al cual no tienes palabras. 2Ahora nos encaminamos directamente hacia la luz, y recibimos los regalos que han sido salvaguardados para nosotros desde los orígenes del tiempo, los cuales han estado aguardando el día de hoy.

13. El perdón te ofrece todo lo que quieres. 2Hoy se te conceden todas las cosas que deseas. 3No pierdas de vista tus regalos a lo largo del día, cuando regreses nuevamente a enfrentarte a un mundo de constantes cambios y sombrías apariencias. 4Mantén tus regalos claramente en tu conciencia, según ves lo inmutable en medio del cambio y la luz de la verdad tras toda apariencia.

14. No caigas en la tentación de dejar que tus regalos queden sepultados en el olvido, por el contrario, mantenlos firmes en tu mente tratando de pensar en ellos por lo menos un minuto cada cuarto de hora. 2Recuerda cuán preciados son con el siguiente recordatorio, el cual tiene el poder de mantenerlos en tu concien­cia a lo largo del día:

3El perdón me ofrece todo lo que quiero.

4Hoy he aceptado que esto es verdad.
5Hoy he recibido los regalos de Dios.


¿Qué me enseña esta lección?

El miedo es la falta de amor y la falta de amor, dio origen al pecado, cuyas consecuencias ha desencadenado que el hombre se sienta escindido del mundo donde reina la Gracia, la Dicha, la Paz y la Felicidad, ese Mundo Paradisíaco que Dios dispuso para la Humanidad y del cual se ha creído expulsado tras su iniciativa de comer del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal.

Nos creemos pecadores; hemos establecido en nuestro inconsciente colectivo, que ya no gozamos de la Misericordia Divina; que estamos bajo la tutela de un Padre Celestial que en justicia nos ha condenado a sufrir para alcanzar la redención y la salvación.

¡Cuánto pesa sobre nuestra conciencia ese “negligente” acto!

Sí, creemos en un Dios cruel que nos ha castigado por nuestros pecados y como lo creemos, lo vivimos. Hemos fabricado toda una ilusión que justifique que somos merecedores del castigo y nos sentimos culpables por nuestras acciones.

Esta lección nos enseña, que el perdón nos ofrecerá todo lo que creemos que hemos perdido. Nos lleva de nuevo a habitar en el mítico Paraíso Terrenal y gozar de la confianza de nuestro Creador. Ese perdón debe dirigirse en primer lugar hacia nosotros mismos y liberarnos de la culpa que nos mantiene prisioneros del error de haber pecado. Si así lo hacemos, estaremos preparados para perdonar al mundo, pues ese mundo es el reflejo de nuestras propias creencias.

Ejemplo-Guía: "Perdona y se feliz"

No, no es un eslogan publicitario. Si lo fuese, todavía nos quedaría la esperanza de poder adquirir ese bien tan preciado que ha de conducirnos al disfrute y al gozo de la felicidad. 

Pero, el perdón no se puede comprar, pero sí adquirir. Y debemos interpretar el verbo adquirir como la acción de aprender y como ya dijera en la lección anterior, la acción de recordar esa cualidad que forma parte intrínseca de nuestro verdadero Ser, el amor, el perdón.

No podemos negar, que esa afirmación, "Perdona y se feliz", conlleva un motivador mensaje. Tú al igual que yo, somos buscadores de la felicidad, y lo somos por la sencilla razón de que creemos que la hemos perdido, aunque no es así.

Sí, somos buscadores de la felicidad. Pues bien, la lección de hoy nos revela el camino más directo para conseguir adquirir la llave que ha de permitirnos entrar en el reino de la felicidad. ¿Estamos dispuestos a perdonar? Si es así, si perdonamos, la recompensa es conseguir todo aquello que verdaderamente deseamos.

¿A quién debemos perdonar? ¿Tan sólo a nuestros enemigos?

En verdad, podemos hacer un esfuerzo e identificar a todas las personas a las que creemos que debemos perdonar; podemos, igualmente, identificar a todas aquellas situaciones que tengamos seleccionadas como susceptibles de ser perdonadas, pero podemos simplificar esa búsqueda, que no es más que un juego de la mente dual. ¿Cómo hacerlo? Muy sencillo, perdonando el único error que creemos haber cometido y al que hemos llamado "pecado": la separación.

En efecto, para poder perdonar, debemos estar limpios de culpas, y el acto que nos llevó a creernos separados de nuestro Creador y de Su Creación, debe ser expiado, corregido y perdonado.

Desde nuestra condición egoica no sabemos cómo realizar ese acto de perdón, en primer lugar porque culpa al Creador de habernos sentenciados a ganar el pan con el sudor de nuestra frente, de habernos hecho débiles y temporales. Siendo esto así, no podemos llevar la oscuridad hacia la luz, sino que debemos activar en nosotros la luz que habita en nuestro verdadero Ser. Debemos entregar al Espíritu Santo todos nuestros sentimientos de culpa y solicitar su expiación. Este acto debemos realizarlo desde la certeza de que lo que estamos haciendo es poner nuestra mente al servicio del Espíritu.

A partir de ese momento, una vez que hemos perdonado lo esencial, el error de creernos separados, adquirimos una nueva visión, la cual se traducirá en nuevas elecciones, en nuevas decisiones, que estarán basadas en el acto mental de desaprender aquellas creencias adquiridas y en su lugar, permitir un nuevo renacer, el surgir de la única y verdadera creencia: somos Hijos de Dios.

La nueva visión se manifestará en todas nuestras acciones. El pensamiento de posesión, de escasez, de culpa y miedo, que antes gobernaba todo nuestros actos, da paso a un nuevo "bien-ser", que se caracterizará por la ausencia de juicios condenatorios, de ataques, de castigos, de necesidad y la presencia de perdón, de impecabilidad, de inocencia, de felicidad.

Reflexión: ¿Existe algo más valioso que el perdón, para ti?

miércoles, 1 de mayo de 2019

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 121

LECCIÓN 121

El perdón es la llave de la felicidad.

1. He aquí la respuesta a tu búsqueda de paz. 2He aquí lo que le dará significado a un mundo que no parece tener sentido. 3He aquí la senda que conduce a la seguridad en medio de aparentes peligros que parecen acecharte en cada recodo del camino y soca­var todas tus esperanzas de poder hallar alguna vez paz y tran­quilidad. 4Con esta idea todas tus preguntas quedan contestadas; con esta idea queda asegurado de una vez por todas el fin de la incertidumbre.

2. La mente que no perdona vive atemorizada, y no le da margen al amor para ser lo que es ni para que pueda desplegar sus alas en paz y remontarse por encima de la confusión del mundo. 2La mente que no perdona está triste, sin esperanzas de poder hallar alivio o liberarse del dolor. 3Sufre y mora en la aflicción, mero­deando en las tinieblas sin poder ver nada, convencida, no obs­tante, de que el peligro la acecha allí.


3. La mente que no perdona vive atormentada por la duda, con­fundida con respecto a sí misma, así como con respecto a todo lo que ve, atemorizada y airada. aLa mente que no perdona es débil y presumida, tan temerosa de seguir adelante como de quedarse donde está, de despertar como de irse a dormir. aTiene miedo tam­bién de cada sonido que oye, pero todavía más del silencio; la oscuridad la aterra, mas la proximidad de la luz la aterra todavía más. 2¿Qué puede percibir la mente que no perdona sino su pro­pia condenación? 3¿Qué puede contemplar sino la prueba de que todos sus pecados son reales?

4. La mente que no perdona no ve errores, sino pecados. 2Con­templa el mundo con ojos invidentes y da alaridos al ver sus pro­pias proyecciones alzarse para arremeter contra la miserable parodia que es su vida. 3Desea vivir, sin embargo, anhela estar muerta. 4Desea el perdón, sin embargo, ha perdido toda espe­ranza. 5Desea escapar, sin embargo, no puede ni siquiera conce­birlo, pues ve pecado por doquier.

5. La mente que no perdona vive desesperada, sin la menor espe­ranza de que el futuro pueda ofrecerle nada que no sea desespe­ración. 2Ve sus juicios con respecto al mundo, no obstante, como algo irreversible, sin darse cuenta de que se ha condenado a sí misma a esta desesperación. 3No cree que pueda cambiar, pues lo que ve da testimonio de que sus juicios son acertados. 4No pre­gunta, pues cree saber. 5No cuestiona, convencida de que tiene razón.

6. El perdón es algo que se adquiere. 2No es algo inherente a la mente, la cual no puede pecar. 3Del mismo modo en que el pecado es una idea que te enseñaste a ti mismo, así el perdón es algo que tiene que aprender, no de ti mismo, sino del Maestro que repre­senta tu otro Ser. 4A través de Él aprendes a perdonar al ser que crees haber hecho, y dejas que desaparezca. 5Así es como le devuelves tu mente en su totalidad a Aquel que es tu Ser y que jamás puede pecar.

7. Cada mente que no perdona te brinda una oportunidad más de enseñarle a la tuya cómo perdonarse a sí misma. 2Cada una de ellas está esperando a liberarse del infierno a través de ti, y se dirige a ti implorando el Cielo aquí y ahora. 3No tiene esperan­zas, pero tú te conviertes en su esperanza. 4Y al convertirte en su esperanza, te vuelves la tuya propia. 5La mente que no perdona tiene que aprender, mediante tu perdón, que se ha salvado del infierno. 6Y a medida que enseñes salvación, aprenderás lo que es. 7Sin embargo, todo cuanto enseñes y todo cuanto aprendas no procederá de ti, sino del Maestro que se te dio para que te mos­trase el camino.

8. Nuestra práctica de hoy consiste en aprender a perdonar. 2Si estás dispuesto, hoy puedes aprender a aceptar la llave de la feli­cidad y a usarla en beneficio propio. 3Dedicaremos diez minutos por la mañana y otros diez por la noche a aprender cómo otorgar perdón y también cómo recibirlo.

9. La mente que no perdona no cree que dar y recibir sean lo mismo. 2Hoy trataremos, no obstante, de aprender que son uno y lo mismo practicando el perdón con alguien a quien consideras un enemigo, así como con alguien a quien consideras un amigo. 3Y a medida que aprendas a verlos a ambos como uno solo, extenderemos la lección hasta ti y veremos que su escape supone el tuyo.

10. Comienza las sesiones de práctica más largas pensando en alguien que no te cae bien, alguien que parece irritarte y con quien lamentarías haberte encontrado; alguien a quien detestas vehementemente o que simplemente tratas de ignorar. 2La forma en que tu hostilidad se manifiesta es irrelevante. 3Probablemente ya sabes de quién se trata. 4Ese mismo vale.

11. Cierra ahora los ojos y, visualizándolo en tu mente, contém­plalo por un rato. 2Trata de percibir algún atisbo de luz en alguna parte de él, algún pequeño destello que nunca antes habías notado. 3Trata de encontrar alguna chispa de luminosidad bri­llando a través de la desagradable imagen que de él has formado. 4Continúa contemplando esa imagen hasta que veas luz en alguna parte de ella, y trata entonces de que esa luz se expanda hasta envolver a dicha persona y transforme esa imagen en algo bueno y hermoso.

12. Contempla esta nueva percepción por un rato, y luego trae a la mente la imagen de alguien a quien consideras un amigo. 2Trata de transferirle a éste la luz que aprendiste a ver en torno de quien antes fuera tu "enemigo". 3Percíbelo ahora como algo más que un amigo, pues en esa luz su santidad te muestra a tu salvador, sal­vado y salvando, sano e íntegro.

13. Permite entonces que él te ofrezca la luz que ves en él, y deja que tu "enemigo" y tu amigo se unan para bendecirte con lo que tú les diste. 2Ahora eres uno con ellos, tal como ellos son uno contigo. 3Ahora te has perdonado a ti mismo. 4No te olvides a lo largo del día del papel que juega la salvación en brindar felicidad a todas las mentes que no perdonan, incluyendo la tuya. 5Cada vez que el reloj dé la hora, di para tus adentros:

6El perdón es la llave de la felicidad.
7Despertaré del sueño de que soy mortal, falible y lleno de pecado, y sabré que soy el perfecto Hijo de Dios.



¿Qué me enseña esta lección?

Muchos no relacionan, aún, el dolor físico con el dolor emocional. Sin embargo, si observásemos con atención como funciona la acción de Dar y Recibir, veríamos con total claridad, que tanto el dolor como el sufrimiento que experimentamos a través de nuestro cuerpo, es la consecuencia del dolor y el sufrimiento que ocupa nuestra mente.

Relacionar la manifestación del dolor de nuestro cuerpo con un sentimiento de odio hacia alguien, no forma parte del pensamiento de nuestro ego. La creencia en la venganza, cuando nos sentimos atacados nos lleva a justificar nuestro odio y rencor hacia la persona que nos ataca.

Si sembramos dolor o rencor, ¿qué esperamos cosechar?

Respondemos con dolor o rencor, hacia el ataque del otro, porque elegimos interpretar ese gesto como un ataque. Ahora bien, podemos ver las cosas de otra manera. Podemos dejar de vernos separados del mundo que nos rodea y ver en cada uno de nuestros hermanos el verdadero Ser de Luz que habita en su interior.

Si vemos tan sólo el envoltorio, el cuerpo, y las acciones que se desencadenan del ser temeroso que trata de dirigirlo, entonces no encontraremos nunca la paz.

Si elegimos perdonar, estaremos reconociendo al Ser verdadero y estaremos abriendo las puertas que nos conduce a la felicidad.

Ejemplo-Guía: "Perdonando a nuestros enemigos..., perdonando a nuestra propia oscuridad"

Esta Lección nos invita a experimentar la fuerza del amor. Y lo hace a través de la práctica del perdón.

Cómo bien expresa la Lección, el perdón es algo que se adquiere, algo que se aprende y yo me atrevería a decir, que es algo que se recuerda, pues en verdad somos esencias de amor.

Bien, este ejercicio nos queda bien explicado en el desarrollo de esta Lección. Tan sólo tenemos que identificar a aquella persona que tenemos catalogada en el grupo de "enemigos" y buscar en ella cualquier expresión de luz que nos invite a contemplarla desde la visión del perdón.

¿Tienes dificultad para realizar esta visualización? ¿No sabes cómo ver la luz en el otro? Te comparto lo que suelo hacer para ayudarme a encontrar esa luz.

Mientras que vea al otro como un ser separado de mi, tendré dificultad para encontrar en él su aspecto luminoso. Esto ocurre por la sencilla razón de que estoy mirándolo desde la oscuridad. Separación y oscuridad es lo mismo.
Por lo tanto, lo primero que hago es cambiar esa vieja creencia y en su lugar elijo verlo desde la unidad, es decir, cuando lo miro, lo hago como si me estuviese mirando en un espejo en el que su imagen es mi imagen proyectada.

Cuando tomo esa decisión, cuando al mirar al otro, lo hago con la certeza de que lo que estoy viendo en él, es la proyección de mi propio yo, entonces, no puedo menos que agradecerle desde el corazón la ayuda que me presta, pues gracias a su presencia, tengo acceso a una información de la que no soy consciente. Cuando al mirarlo, lo que veo, me lleva a juzgarlo y a condenarlo, lo que en verdad estoy haciendo es juzgarme y condenarme a mi mismo.

Esta visión es profundamente liberadora. El otro pasa de ser el enemigo, a la condición de maestro. Si veo en él la envidia, debo preguntarme, de forma inmediata, dónde se encuentra en mí la envidia.

Fijaros de la importancia de esta propuesta. Fijaros, igualmente, de la invitación que nos hace la Lección, cuando nos indica que busquemos la imagen de un amigo y cuando lo hayamos hecho, lo envolvamos en la luz que hemos visto en el enemigo. En verdad, lo que nos está diciendo es que no importa, la catalogación que hagamos del otro, enemigo o amigo, lo que verdaderamente importa, es que estamos viéndonos a nosotros mismos en ellos.

Si al visualizar al enemigo o al amigo, vemos aspectos positivos y aspectos negativos en ellos, dichos aspectos es lo de menos, la llave que ha de llevarnos a la felicidad, es reconocer, que ambos están reflejando la proyección que hacemos de nosotros mismos.

No podremos dar lo que no tenemos, por lo tanto, si vamos a envolver de luz, tanto al enemigo como al amigo, previamente, debemos encontrar esa luz en nosotros mismos. Este ejercicio, nos ayuda a comprender, que dando es como recibiremos y conservaremos.

Esta práctica, es un ejercicio de alquimia, pues lo que realmente estamos haciendo es transformar los "metales pesados", es decir, nuestros viejos miedos, en el metal más preciado, el oro, símbolo de la Consciencia.

Reflexión: Me miro en el espejo de mi enemigo. ¿Qué percibo?