viernes, 26 de julio de 2024

Capítulo 13. IV. La función del tiempo (1ª parte).

IV. La función del tiempo (1ª parte).

 

1. Y ahora, la razón por la que tienes miedo de este curso debiera ser evidente. 2Pues éste es un curso acerca del amor, ya que es un curso acerca de ti. 3Se te ha dicho que tu función en este mundo es curar, y que tu función en el Cielo es crear. 4El ego te enseña que tu función en la tierra es destruir; y que no tienes ninguna función en el Cielo. 5Quiere, por lo tanto, destruirte aquí y ente­rrarte aquí, sin dejarte otra herencia que el polvo del que cree fuiste "creado". 6Mientras el ego se encuentra razonablemente satisfecho contigo de acuerdo con sus razonamientos te ofrece el olvido. 7Cuando se torna abiertamente despiadado, te ofrece el infierno. 

No puedo menos que rendirme a estas palabras. Reconocer las verdades que se recogen en ellas, me lleva a reconocer, igualmente, mi identidad. Es mi Espíritu, mi verdadero Ser, el que se siente plenamente identificado con ellas. De no ser así, tendría la evidencia de que mi mente sirve plenamente al ego, lo que, sin duda, me llevaría a no creer en ellas.

Sí, este curso es acerca de mí, y, acerca del resto de mis hermanos, con los que soy uno en la Santa Filiación. Esto es así, pues es el Amor el que mantiene unidas nuestras mentes a la de Dios. Mientras que nuestra mente perciba en nuestros hermanos, nuestro propio Ser, estaremos percibiendo correctamente y no estaremos permitiendo caer en la trampa que nos ofrece del ego, llevándonos al olvido de lo que realmente somos: Hijo de Dios. 

2. No obstante, ni el olvido ni el infierno te resultan tan inacepta­bles como el Cielo. 2Para ti el Cielo es el infierno y el olvido y crees que el verdadero Cielo es la mayor amenaza que podrías experimentar. 3Pues el infierno y el olvido son ideas que tú mismo inventaste, y estás resuelto a demostrar su realidad para así esta­blecer la tuya. 4Si se pone en duda su realidad crees que se pone en duda la tuya, 5pues crees que el ataque es tu realidad, y que tu destrucción es la prueba final de que tenías razón. 

El infierno y el olvido son los dos pilares que soportan el mundo fabricado e inventado por el ego. Dejar de creer en ellos, esto es, recordar que somos el Hijo de Dios unido a Su Fuente por lazos de Amor, hará que esos pilares se desmoronen y la falsa identidad del ego ceda su hegemonía a la identidad verdadera, el Espíritu. 

3. Dadas las circunstancias, ¿no sería más deseable estar equivo­cado, aparte del hecho de que, en efecto, lo estás? 2Aunque tal vez se podría argumentar que la muerte indica que antes hubo vida, nadie sostendría que prueba que la vida existe. 3Incluso la vida previa a la que la muerte parece señalar, habría sido inútil si tan sólo hubiese desembocado en la muerte y necesitase de ésta para probar que existió. 4Pones en duda el Cielo, pero no pones en duda la muerte. 5No obstante, podrías sanar y ser sanado si la pusieses en duda. 6Y aunque no sabes lo que es el Cielo, ¿no sería éste más deseable que la muerte? 7Has sido tan selectivo con res­pecto a lo que pones en duda como con respecto a lo que perci­bes. 8Una mente receptiva es mucho más honesta que eso. 

El ego pone en duda el Cielo porque no sabe lo que es. Si lo supiese no lo pondría en duda, pero de ser así, ese conocimiento significaría su desaparición, el reconocimiento de su falsedad, pues el Reino de los Cielos es la morada del Amor y, en él, no hay cabida para la creencia en la separación. 

4. El ego tiene una extraña noción del tiempo, y ésa podría muy bien ser la primera de sus nociones que empiezas a poner en duda. 2Para el ego el pasado es importantísimo, y, en última instancia, cree que es el único aspecto del tiempo que tiene signifi­cado. 3Recuerda que el hincapié que el ego hace en la culpabilidad le permite asegurar su continuidad al hacer que el futuro sea igual que el pasado, eludiendo de esa manera el presente. 4La noción de pagar por el pasado en el futuro hace que el pasado se vuelva el factor determinante del futuro, convirtiéndolos así en un continuo sin la intervención del presente. 5Pues el ego considera que el pre­sente es tan sólo una breve transición hacia el futuro, en la que lleva el pasado hasta el futuro al interpretar el presente en función del pasado. 

Aplicar esta enseñanza en nuestra existencia, nos llevaría a la liberación del karma, pues el karma se basa en la interpretación errónea del tiempo, en el que la causa de nuestro destino se encuentra en el pasado, mientras que el futuro se nos presenta como el escenario donde veremos el resultado, los efectos, de ese pasado.

Cuando me refiero que esta enseñanza nos ofrece la oportunidad de librarnos del karma, lo que estoy diciendo, es que la creencia en el pasado y en el futuro, es ilusoria, no es real, mientras que el presente, el ahora, sí lo es. Es en el presente donde podremos crear bajo la visión milagrosa, bajo los pensamientos milagrosos, es decir, podemos crear desde el perdón, desde el amor. Por esa razón, el milagro colapsa el tiempo, haciéndolo innecesario. Hacer innecesario el papel del tiempo, es liberador, por que el presente, el ahora, nos ofrece la opción de purificarnos, cambiando nuestra visión errónea, por la visión verdadera; la visión del ego, por la visión de Cristo, la visión de la crucifixión, por la visión de la Resurrección. 

5. El "ahora" no significa nada para el ego. 2El presente tan sólo le recuerda viejas heridas, y reacciona ante él como si fuera el pasado. 3El ego no puede tolerar que te liberes del pasado, y aunque el pasado ya pasó, el ego trata de proteger su propia imagen reaccionando como si el pasado todavía estuviese aquí. 4Dicta tus reacciones hacia aquellos con los que te encuentras en el presente tomando como punto de referencia el pasado, empañando así la realidad actual de aquellos. 5De hecho, si sigues los dictados del ego, reaccionarás. ante tu hermano como si se tratase de otra per­sona, y esto sin duda te impedirá conocerlo tal como es. 6Y recibi­rás mensajes de él basados en tu propio pasado, porque, al hacer que el pasado cobre realidad en el presente, no te permitirás a ti mismo abandonarlo. 7De este modo, te niegas a ti mismo el men­saje de liberación que cada uno de: tus hermanos te ofrecen ahora. 

Si hacemos realidad el pasado en nuestra mente, no podremos utilizar el inmenso poder que tiene el presente. Si continuamos pensando en términos de pasado, cuando vivimos el presente, el recuerdo de ese pasado contaminará el estado presente, impidiéndonos sanar ese recuerdo enfermo. Cada presente es un milagro, pues tan solo en el ahora podremos sanar nuestra naturaleza enferma por pensamientos que ya no están, dado que pertenecen al pasado, el cual ya no existe.  

jueves, 25 de julio de 2024

Capítulo 13. III. El miedo a la redención (2ª parte).

  III. El miedo a la redención (2ª parte).

  

5. Puedes aceptar la demencia porque es obra tuya, pero no pue­des aceptar el amor porque no fuiste tú quien lo creó. 2Prefieres ser un esclavo de la crucifixión que un Hijo de Dios redimido. 3Tu muerte individual, parece más valiosa qué tu unicidad viviente, pues lo que se te ha dado no te parece tan valioso como lo que tú has fabricado. 4Tienes más miedo de Dios que del ego, y el amor no puede entrar donde no se le da la bienvenida. 5Pero el odio sí que puede, pues entra por su propia voluntad sin que le importe la tuya. 

Renunciar a los regalos que el sistema de pensamiento del ego ofrece, es apostar por el Amor. Para ello, tenemos que elevar al Espíritu Santo nuestra voluntad de redención y solicitar que nos entregue Su Regalo, la Expiación. La corrección del error de creernos separados de Dios, nos permitirá ver el mundo con la visión de Cristo, donde caminar junto a nuestros hermanos se convierte en el viaje que nos conduce hacia la salvación. 

6. Tienes que mirar de frente a tus ilusiones y no seguir ocultán­dolas, pues no descansan sobre sus propios cimientos. 2Aparenta ser así cuando están ocultas, y, por lo tanto, parecen ser autóno­mas. 3Ésta es la ilusión fundamental sobre la que descansan todas las demás. 4Pues debajo de ellas, y soterrada mientras las ilusiones se sigan ocultando, se encuentra la mente amorosa que creyó haberlas engendrado con ira. 5el dolor de esta mente es tan obvio cuando se pone al descubierto, que la necesidad que tiene de ser sanada es innegable. 6Todos los trucos y estratagemas que le ofreces no pueden sanarla, pues en eso radica la verdadera crucifixión del Hijo de Dios. 

El despertar comienza cuando decidimos poner nuestra voluntad al servicio del Ser, es decir, cuando reconocemos que aquello que nos muestra el sistema de pensamiento del ego, es ilusorio e irreal, impidiéndonos ver el mundo real, donde la percepción verdadera, la mente recta, nos permite recordar nuestra verdadera identidad como Hijo de Dios. 

7. Sin embargo, no se le puede realmente crucificar. 2En este hecho radica tanto su dolor como su curación, pues la visión del Espíritu Santo es misericordiosa y Su remedio no se hace esperar: 3No ocultes el sufrimiento de Su vista, sino llévalo gustosamente ante Él. 4Deposita ante Su eterna cordura todo tu dolor, y deja que Él te cure. 5No permitas que ningún vestigio de dolor perma­nezca oculto de Su Luz, y escudriña tu mente con gran minucio­sidad en busca de cualquier pensamiento que tengas miedo de revelar. 6Pues Él sanará cada pensamiento insignificante que hayas conservado con el propósito de herirte a ti mismo, lo expurgará de su pequeñez y lo restituirá a la grandeza de Dios. 

La mente recta, la percepción verdadera, la visión crística, abrirá nuestros ojos al mundo real, en el cual, la creencia en la separación se transformará en la experiencia de la unicidad; la creencia en el miedo se transformará en la experiencia del amor; la creencia en la culpa se transformará en la experiencia de la inocencia y de la impecabilidad. 

8. Bajo la grandiosidad que en tanta estima tienes se encuentra la petición de ayuda que verdaderamente estás haciendo. 2Le pides amor a tu Padre, tal como Él te pide que regreses a Él. 3Lo único que deseas hacer en ese lugar que has encubierto es unirte al Padre, en amoroso recuerdo de Él. 4Encontrarás ese lugar donde mora la verdad a medida que lo veas en tus hermanos, que si bien pueden engañarse a sí mismos, anhelan, al igual que tú, la grandeza que se encuentra en ellos. 5al percibirla le darás la bienvenida y dispondrás de ella, 6pues la grandeza es el derecho del Hijo de Dios y no hay ilusión que pueda satisfacerle o impedirle ser lo que él es. 7Lo único que es real es su amor, y lo único que puede satisfacerle es su realidad. 

Tan solo el Amor verdadero nos abrirá las puertas de la salvación, pues ese Amor, será compartido con nuestros hermanos, haciendo real la compleción de Dios, con la unidad de la Filiación. 

9. Sálvale de sus ilusiones para que puedas aceptar la magnifi­cencia de tu Padre jubilosamente y en paz. 2Mas no excluyas a nadie de tu amor, o, de lo contrario, estarás ocultando un tene­broso lugar de tu mente donde se le niega la bienvenida al Espí­ritu Santo. 3Y de este modo te excluirás a ti mismo de Su poder sanador, pues al no ofrecer amor total no podrás sanar completa­mente. 4La curación tiene que ser tan completa como el miedo, pues el amor no puede entrar allí donde hay un solo ápice de dolor que malogre su bienvenida. 

Donde hay dolor, aun no se ha perdonado. El dolor es el efecto del miedo, al igual que el perdón es el efecto del Amor. Podemos decir, que donde hay dolor, hay ausencia de Amor. 

10. Tú que prefieres la separación a la cordura no puedes hacer que ésta tenga lugar en tu mente recta. 2Estabas en paz hasta que pediste un favor especial. 3Dios no te lo concedió, pues lo que pedías era algo ajeno a Él, y tú no podías pedirle eso a un Padre que realmente amase a Su Hijo. 4Por lo tanto, hiciste de Él un padre no amoroso al exigir de Él lo que sólo un padre no amo­roso podía dar. 5Y la paz del Hijo de Dios quedó destruida, pues ya no podía entender a su Padre. 6Tuvo miedo de lo que había hecho, pero tuvo todavía más miedo de su verdadero Padre, al haber atacado su gloriosa igualdad con Él. 

¿Qué petición ha hecho el Hijo de Dios a Su Padre para que se la negara? La única petición posible tendría que haber sido aquella que exigiera a Dios Su propia negación, es decir, renunciar a Su propia Identidad, renunciar a Su Ser, renunciar al Amor y aceptar el miedo como su nueva identidad.

Dios no puede dar lo que no es. En cambio, el Hijo de Dios, creyó que ello era posible, y tal creencia lo llevó a inventar una falsa identidad: renegó de lo que era -amor-, para ver un nuevo “ropaje”, la individualidad, la separación y el miedo. Tuvo miedo de lo que había hecho y tuvo miedo de su verdadero Padre, pues ese miedo, fue su elección a nivel mental. 

11. Cuando estaba en paz no necesitaba nada ni pedía nada. 2Cuando se declaró en guerra lo exigió todo y no encontró nada. 3¿De qué otra manera podía haber respondido la dulzura del amor a sus exigencias, sino partiendo en paz y retornando al Padre? 4Si el Hijo no deseaba permanecer en paz, no podía permanecer aquí en absoluto. 5Una mente tenebrosa no puede vivir en la luz, y tiene que buscar un lugar tenebroso donde poder creer que allí es donde se encuentra aunque realmente no sea así. 6Dios no permitió que esto ocurriese. 7Tú, no obstante, exigiste que ocu­rriese, y, por consiguiente, creíste que ocurrió. 

Escindirse de la Luz, nos sitúa en su ausencia, es decir, en la oscuridad. Luz es Unidad, por lo que la oscuridad es división, separación. Luz es Amor, por lo que la oscuridad es miedo. Luz es Entendimiento y Conocimiento, la oscuridad es ignorancia y demencia. Luz es la Verdad y Real, oscuridad es falsedad e ilusión. 

12. "Singularizar" es "aislar" y, por lo tanto, causar soledad. 2Dios no te hizo eso. 3¿Cómo iba a poder excluirte de Sí Mismo, sabiendo que tu paz reside en Su Unicidad? 4Lo único que te negó fue tu petición de dolor, pues el sufrimiento no forma parte de Su creación. 5Habiéndote otorgado la capacidad de crear, no podía quitártela. 6Lo único que pudo hacer fue contestar a tu petición demente con una respuesta cuerda que residiese contigo en tu demencia. 7Él ciertamente hizo eso. 8No es posible oír Su res­puesta sin renunciar a la demencia. 9Su respuesta es el punto de referencia que se encuentra más allá de las ilusiones, desde el cual puedes contemplarlas y ver que son dementes. 10Basta con que busques ese lugar y lo encontrarás, pues el Amor reside en ti y te conducirá hasta él. 

La respuesta de Dios no podía hacer real el dolor, pues el dolor es el efecto de la ausencia del Amor. Dios no puede negarse a Si Mismo, pues de hacerlo, todas Sus Creaciones serían falsas.

miércoles, 24 de julio de 2024

Capítulo 13. III. El miedo a la redención (1ª parte).

 III. El miedo a la redención (1ª parte).

 

1.  Tal vez te preguntes por qué es tan crucial que observes tu odio y te des cuenta de su magnitud. 2Puede que también pienses que al Espíritu Santo le sería muy fácil mostrártelo desvanecerlo, sin que tú tuvieses necesidad de traerlo a la conciencia. 3Hay, no obs­tante, un obstáculo adicional que has interpuesto entre la Expia­ción y tú. 4Hemos dicho que nadie toleraría el miedo si lo reconociese. 5Pero en tu trastornado estado mental no le tienes miedo al miedo. 6No te gusta, pero tu deseo de atacar no es lo que realmente te asusta. 7Tu hostilidad no te perturba seriamente. 8La mantienes oculta porque tienes aún más miedo de lo que encubre. 9Podrías examinar incluso la piedra angular más tenebrosa del ego sin miedo si no creyeses que, sin el ego, encontrarías dentro de ti algo de lo que todavía tienes más miedo. 10No es de la crucifi­xión de lo que realmente tienes miedo. 11Lo que verdaderamente te aterra es la redención. 

¿Por qué nos aterra la redención? Ya hemos visto en el apartado II, como la identificación del Hijo de Dios con el ego puede convertirse en un obstáculo para recordar nuestra verdadera identidad. Al desconectarse de la Fuente directa del conocimiento, la mente ha elegido ver una realidad diferente la cual le ha llevado a la creencia de que es la causa de su propia creación. Ese estado, al que se le ha llamado “sueño”, mantiene a la mente prisionera de su propia oscuridad, sin saber que está en posesión de la llave que ha de liberarla de tal estado.

Para el sistema de pensamiento del ego, con el cual nos encontramos identificados, el miedo, la culpa, el ataque, la separación, son sus pilares más sólidos y sobre los cuales se encuentra levantado su hogar, el cuerpo. El ego no siente miedo del miedo, sino del amor. La redención es la llave que abre los barrotes de la celda en la que nos encontramos privados de la libertad; es la luz que disipa la oscuridad que percibimos en nuestras pesadillas. La redención no puede ser aceptada por el ego, pues el ego es hijo de la culpa, y, si ésta desaparece, desaparecería el ego, igualmente. 

2. Bajo los tenebrosos cimientos del ego yace el recuerdo de Dios, y de eso es de lo que realmente tienes miedo. 2Pues este recuerdo te restituiría instantáneamente al lugar donde te corresponde estar, del cual te has querido marchar. 3El miedo al ataque no es nada en comparación con el miedo que le tienes al amor. 4Estarías dispuesto incluso a examinar tu salvaje deseo de dar muerte al Hijo de Dios, si pensases que eso te podría salvar del amor. 5Pues éste deseo causó la separación, y lo has protegido porque no quie­res que ésta cese. 6Te das cuenta de que al despejar la tenebrosa nube que lo oculta el amor por tu Padre te impulsaría a contestar Su llamada y a llegar al Cielo de un salto. 7Crees que el ataque es la salvación porque el ataque impide que eso ocurra. 8Pues subya­cente a los cimientos del ego, y mucho más fuerte de lo que éste jamás pueda ser, se encuentra tu intenso y ardiente amor por Dios, y el Suyo por ti. 9Esto es lo que realmente quieres ocultar. 

La redención abrirá nuestros ojos y nos permitirá ver que el mundo del ego no es nada. Nos permitirá despertar de la pesadilla de nuestros sueños y reconocer que somos los soñadores y, como tal, podemos elegir tener sueños felices. La redención nos permitirá reconocer como el Hijo de Dios y que formamos la santa Filiación unidos al Padre por nuestra condición de Amor. 

3. Honestamente, ¿no te es más difícil decir "te quiero” que "te odio"? 2Asocias el amor con la debilidad y el odio con la fuerza, y te parece que tu verdadero poder es realmente tu debilidad. 3Pues no podrías dejar de responder jubilosamente a la llamada del amor si la oyeses, y el mundo que creíste haber construido desaparecería. 4El Espíritu Santo, pues, parece estar atacando tu fuerza, ya que tú prefieres excluir a Dios. aMas Su Voluntad no es ser excluido. 

El verdadero Amor no lo ve el ego. El sistema de pensamiento del ego confunde ese Amor con el deseo que despierta la atracción física y con la atracción que despierta la simpatía de compartir ideas, las cuales son filtradas por el colador del juicio, separando todo aquello que no está en sintonía con nuestros pensamientos. Ese tipo de amor, da lugar a las relaciones especiales, las cuales están condicionadas por el pensamiento de la culpa. Este tipo de relaciones responden a la atracción por compensar carencias inconscientes que subyacen en nuestra mente. Cuando el amor del ego se enfrenta al miedo, tratará por todos los medios de protegerse de ese sentimiento, es entonces, cuando ese amor da lugar a la posesión y al sentimiento de propiedad: “tú me perteneces porque te amo”.

El ego, al no ver el verdadero Amor, lo asocia con la debilidad, y a la hora de elegir, se decanta por aquello que le hace sentir fortaleza, como el ataque y el egoísmo. 

4. Has construido todo tu demente sistema de pensamiento por­que crees que estarías desamparado en Presencia de Dios, y quie­res salvarte de Su Amor porque crees que éste te aniquilaría. 2Tienes miedo de que pueda alejarte completamente de ti mismo y empequeñecerte porque crees que la magnificencia radica en el desafío y la grandeza en el ataque. 3Crees haber construido un mundo que Dios quiere destruir, y que amando a Dios -y ciertamente lo amas- desecharías ese mundo, lo cual es, sin duda, lo que harías. 4Te has valido del mundo, por lo tanto, para encubrir tu amor, y cuanto más profundamente te adentras en los tenebro­sos cimientos del ego, más te acercas al Amor que yace allí oculto. 5eso es lo que realmente te asusta. 

Si analizamos el peculiar sistema de pensamiento del ego, la confusión que gobierna su mente le lleva a manifestarse de forma contradictorias, aunque en el fondo, la causa es la misma, la ausencia de amor. En este sentido, nos encontramos a los que niegan la existencia de Dios, alegando que ningún “dios” podría crear un mundo cruel para sus hijos. También nos encontramos, a los que sí creen en Dios, y lo utilizan como benefactor para conseguir los intereses egoístas que los mueven. Son los que invocan la ayuda de “dios” para ganar sus batallas, sus contiendas. Por otro lado, se encuentran los que por su devoción se consideran los fieles “mensajeros” de la divinidad, y en nombre del “amor” exigen y practican severos sacrificios en respuesta a sus sentimientos de culpa por ser pecadores.

Todos ellos, comparten el mismo error: la ausencia del verdadero Amor. 

martes, 23 de julio de 2024

Capítulo 13. II. El inocente Hijo de Dios (2ª parte).

  II. El inocente Hijo de Dios (2ª parte).

 

5. En la serena luz de la verdad, reconozcamos que crees haber crucificado al Hijo de Dios. 2No has admitido este "terrible" secreto porque todavía desearías crucificarlo si pudieses encon­trarlo. 3No obstante, este deseo ha hecho que el Hijo de Dios se mantenga oculto de ti, ya que es un deseo aterrante, y, por lo tanto, temes encontrarlo. 4La manera en que has lidiado con este deseo de matarte es desconociendo tu identidad e identificándote con lo que no eres. 5Has proyectado la culpabilidad ciega e indis­criminadamente, pero no has podido descubrir su fuente. 6Pues el ego quiere destruirte, y si te identificas con él no podrás sino creer que su objetivo es también el tuyo. 

El ego ha fabricado un mundo donde impera la oscuridad. La ausencia de luz, es sinónimo de falsedad, de error, de irreal, de ilusión, de fantasía, de miedo, de culpa. Todo esto se justifica por el hecho de que la luz es amor y la ausencia de amor, es miedo. Podemos decir, que el sistema de pensamiento del ego es “enemigo” del sistema de pensamiento de Dios. La separación es enemigo de la unidad. O bien el ego es real, o, lo es Dios.

Tal y como se recoge en este punto, el ego quiere destruir al Hijo de Dios. Es la única manera que tiene el ego, la creencia en la separación, de sobrevivir. Si nos identificamos con el sistema de pensamiento del ego, esto es, si nuestra mente sigue eligiendo ver de manera separada a la de Dios, estaremos haciendo real su identidad y el mundo que percibiremos nos ofrecerá sus “productos”: dolor, sufrimiento, pérdida, enfermedad, sacrificio, escasez, etc. 

6. He dicho que la crucifixión es el símbolo del ego. 2Cuando el ego se enfrentó con la verdadera inocencia del Hijo de Dios intentó darle muerte, y la razón que adujo fue que la inocencia es una blasfemia contra Dios. 3Para el ego, el ego es Dios, y la inocen­cia tiene que ser interpretada como la máxima expresión de culpabilidad que justifica plenamente el asesinato. 4Todavía no entiendes que cualquier miedo que puedas experimentar en cone­xión con este curso procede, en última instancia, de esa interpreta­ción, pero si examinases las reacciones que éste suscita en ti, te convencerías cada vez más de que eso es cierto. 

La crucifixión es el símbolo del ego, es la muerte del amor por el miedo; la negación de la Unidad por la creencia en la separación; es la pérdida de la inocencia por el sentimiento de culpa. 

7. Este curso ha afirmado explícitamente que su objetivo es tu felicidad y tu paz. 2pesar de ello, le tienes miedo. 3Se te ha dicho una y otra vez que te liberará, no obstante, reaccionas en muchas ocasiones como si estuviese tratando de aprisionarte. 4A menudo lo descartas con mayor diligencia de la que empleas para descartar los postulados del ego. 5En cierta medida, pues, debes creer que si no aprendes el curso te estás protegiendo a ti mismo. 6no te das cuenta de que lo único que puede protegerte es tu inocencia. 

Cualquier enseñanza que nos ayude a recordar nuestra verdadera identidad, la de ser el Hijo de Dios, será negada y atacada por el sistema de pensamiento del ego, pues aceptarla, ya lo hemos dicho en otras ocasiones, significaría la extinción de la identidad del ego, o lo que es lo mismo, dejaríamos de percibir lo falso y lo ilusorio, para ver la verdadera realidad del mundo real. 

8. La Expiación se ha interpretado siempre como lo que libera de la culpabilidad, y esto es cierto si se entiende debidamente. 2No obstante, incluso si yo te interpreto lo que es, puede que la rechaces y no la aceptes para ti mismo. 3Tal vez hayas reconocido la futilidad del ego y de sus ofrecimientos, pero, aunque no los deseas, puede que todavía no contemples la alternativa con agrado. 4En última instancia, tienes miedo de la redención y crees que te aniquilaría. 5No te engañes con respecto a la intensidad de ese miedo, 6pues crees que, en presencia de la verdad, puedes volverte contra ti mismo y destruirte. 

La autoría del mundo irreal, del mundo del ego, se encuentra en la libre elección ejecutada por el Hijo de Dios de ver un mundo diferente al creado por Su Padre. Podemos decir, que el mundo fabricado por el pensamiento erróneo de creer posible crear de manera diferente a la de Dios, ha llevado al Hijo de Dios a adquirir una identidad falsa, la del ego, y a proteger su sistema de pensamiento. Por este motivo, aceptar la vía de redención de ese error, la Expiación, es una elección que no está dispuesto a aceptar por miedo a perder la seguridad que le aporta su identidad falsa. Es una elección por la muerte y una negación de la vida. 

9. Criatura de Dios, eso no es así. 2Ese “secreto por el que te sientes culpable” no es nada, y si lo sacas la luz, la Luz lo desvane­cerá. 3No quedará entonces ninguna nube tenebrosa que pueda interponerse entre ti y el recuerdo de tu Padre, pues recordarás a Su inocente Hijo, que no murió porque es inmortal. 4Y te darás cuenta de que fuiste redimido juntó con él y de que nunca has estado separado de él. 5El que puedas recordar depende de que comprendas esto, pues ello implica que has reconocido el amor sin miedo. 6Con ocasión de tu vuelta a casa se producirá un gran júbilo en el Cielo y el júbilo será tuyo. 7Pues el hijo redimido del hombre es el Hijo inocente de Dios, y reconocerlo es tu redención. 

Recordar lo que somos, Hijos de Dios, inocentes y puros, libres de pecado y culpa, nos permitirá reconocer que el amor es la única vía de redención y la Filiación, la única vía de salvación.

lunes, 22 de julio de 2024

Capítulo 13. II. El inocente Hijo de Dios (1ª parte).

 II. El inocente Hijo de Dios (1ª parte).

 

1. El propósito fundamental de la proyección es siempre desha­cerse de la culpabilidad. 2Pero el ego, como de costumbre, trata de deshacerse de la culpabilidad exclusivamente desde su punto de vista, pues por mucho que él quiera conservar la culpabilidad, a ti te resulta intolerable, toda vez que la culpabilidad te impide recordar a Dios, Cuya atracción es tan fuerte que te es irresistible. 3En este punto, pues, se produce la más profunda de las divisio­nes, pues si has de conservar la culpabilidad, tal como insiste el ego, tú no puedes ser tú mismo. 4Sólo persuadiéndote de que tú eres él podría el ego inducirte a proyectar la culpabilidad y de ese modo conservarla en tu mente. 

Dios es Amor y la Extensión de ese Amor es Su creación, Su Hijo, la Filiación. La Mente de Dios se extiende en un acto de Amor Eterno y Su creación es a Su Imagen y Semejanza, es decir, es Amorosa y Eterna. El Hijo de Dios es Inocente y Pleno.

La Inocencia del Hijo de Dios quedó nublada por la sombra del pecado. La creencia en la desobediencia a las Leyes de Dios por ver de una manera diferente a la visión del Padre, se tradujo en la interpretación errónea, por parte del Hijo, de que fue expulsado del paraíso por Su Progenitor. Ese acto “pecaminoso” hizo que el Hijo de Dios se sintiese culpable a los ojos del Padre, lo que propició la falsa creencia en la separación de Su Fuente.

La creencia en la separación, dio lugar al miedo, que no es más que el olvido del Amor, y ese miedo, llevó al Hijo de Dios a fabricar un mundo ausente de Amor.

Separación-culpa y miedo, se convirtieron en las pesas y medidas con las que se construyó el mundo irreal, el mundo de la percepción, en el que el ego da testimonio de su identidad temporal.

La culpa, al igual que el miedo, es una pesada carga para la conciencia. La mente, para deshacerse de esa carga, elige proyectarse fuera y al verla en los demás, decide tratarla de la misma manera a como la trata internamente, atacándola. De este modo, inventa un círculo vicioso en el que, para protegerse internamente de la oscuridad, la proyecta fuera y la combate, generando más oscuridad. Es la fórmula descubierta por el ego para demostrar la realidad de su falsa identidad. 

2. Observa, sin embargo, cuán extraña es la solución que el ego ha urdido. 2Proyectas la culpabilidad para deshacerte de ella, pero en realidad estás simplemente ocultándola. 3Experimentas culpabilidad, pero no sabes por qué. 4Al contrario, la asocias con un extraño surtido de "ideales del ego", en los que, según él, le has fallado. 5Sin embargo; no te das cuenta de que a quien le estás fallando es al Hijo de Dios al considerarlo culpable. 6Al creer que tú ya no eres tú, no te das cuenta de que te estás fallando a ti mismo. 

El ego tiene miedo del Amor, pues si no lo tuviese, no se lo negaría, lo que significaría que no tendría necesidad de encontrarlo fuera, pues al conocerlo internamente, lo daría y no lo exigiría como respuesta a encontrar su compleción.

El ego tiene miedo del Amor, y ese miedo tiene su origen en la falsa creencia de haberse desconectado de la Fuente del Amor. El ego es el efecto de la culpa, lo que convierte a la culpa en la causa de la división. El ego oculta el deseo de la culpa y la utiliza para atacar a los demás, haciendo juicios de sus pecados en un deseo de despertarles las culpas por haberlos cometidos. “Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”. La religión se encarga de recordarnos que somos pecadores y que debemos sentirnos culpables. La culpa se inscribe en nuestras creencias, y, ello, nos lleva a verlas en los demás. 

3. La más tenebrosa de las piedras angulares que ocultas, man­tiene tu creencia en la culpabilidad fuera de tu conciencia, 2pues en ese lugar tenebroso y secreto yace el reconocimiento de que has traicionado al Hijo de Dios al haberlo condenado a muerte. 3Tú ni siquiera sospechas que esta idea asesina, aunque demente, yace ahí oculta, pues las ansias destructivas del ego son tan inten­sas que sólo la crucifixión del Hijo de Dios puede, en última ins­tancia, satisfacerle. 4No sabe quién es el Hijo de Dios porque es ciego. 5Mas permítele percibir inocencia en cualquier parte, y tra­tará de destruirla debido a su miedo. 

Toda creencia en el pecado y en la culpa debe ser entregada al Espíritu Santo. La Expiación ha de corregir en nuestra mente ese error de creencia y en su lugar, traernos el recuerdo de nuestra Inocencia, la que compartimos con nuestro Creador. 

4. Gran parte del extraño comportamiento del ego se puede atri­buir directamente a su definición de la culpabilidad. 2Para el ego, los inocentes son culpables. 3Los que no atacan son sus "enemigos" porque, al no aceptar su interpretación de la salvación, se encuen­tran en una posición excelente para poder abandonarla. 4Se han aproximado a la piedra angular más recóndita y tenebrosa de los cimientos del ego, y si bien el ego puede tolerar que pongas en duda todo lo demás, este secreto lo guarda con su vida, pues su existencia depende de que él siga guardando dicho secreto. 5Por lo tanto, es este secreto lo que tenemos que examinar, pues el ego no puede protegerte de la verdad, y en presencia de ésta él se desvanece. 

Como ya hemos adelantado, el ego necesita la culpa para afianzar los argumentos de su identidad. Si no creyese en la culpa, que argumentos tendría para atacar. Al no atacarse interiormente, no tendría miedo, lo que significaría que su visión interior le habría mostrado la verdadera realidad del ser, el amor. Pero de ser así, ya no percibiría erróneamente un mundo separado, y, ello, significaría que el ego no tendría existencia en el mundo real. 

viernes, 19 de julio de 2024

Capítulo 13. I. Inocencia e invulnerabilidad (2ª parte).

  I. Inocencia e invulnerabilidad (2ª parte). 

6. Cuando hayas aceptado la Expiación, te darás cuenta de que no hay culpabilidad alguna en el Hijo de Dios. 2sólo cuando veas su inocencia podrás entender su unicidad. 3Pues la idea de la culpabilidad da lugar a la creencia de que algunas personas pue­den condenar a otras, como resultado de lo cual, se proyecta sepa­ración en vez de unidad. 4Sólo te puedes condenar a ti mismo, y hacer eso te impide reconocer que eres el Hijo de Dios. 5Has ne­gado la condición de su existencia, que es su perfecta irreprochabilidad. 6El Hijo de Dios fue creado del amor, y mora en el amor. 7La bondad y la misericordia le han acompañado siempre, pues él jamás ha dejado de extender el Amor de su Padre. 

Cuando nos sentimos culpables, lo que realmente estamos haciendo es condenándonos a nosotros mismo. Cuando nos condenamos, estamos admitiendo que creemos en que podemos condenar a otros. La culpa nos muestra que creemos en la separación, pues si en vez de culpa, amásemos, ¿cómo podríamos condenarnos y condenar? 

7. A medida que percibas a los santos compañeros que viajan a tu lado, te darás cuenta de que no hay tal viaje, sino tan sólo un despertar. 2El Hijo de Dios, que nunca ha estado dormido, no ha dejado de tener fe en ti, al igual que tu Padre. 3No hay ningún camino que recorrer ni tiempo en el que hacerlo. 4Pues Dios no espera a Su Hijo en el tiempo ya que jamás ha estado dispuesto a estar sin él. 5Y, por lo tanto, así ha sido siempre. 6Permite que el fulgor de la santidad del Hijo de Dios disipe la nube de culpabili­dad que nubla tu mente, y al aceptar como tuya su pureza, aprende de él que es tuya. 

El Hijo de Dios, es Cristo, y Su Visión, el Amor, nunca ha estado dormida, siempre ha permanecido despierta y en Comunión con Su Padre, en la Eternidad.

Caminar junto a nuestros hermanos siendo conscientes de la Unidad de la Filiación, nos permitirá gozar de la Visión Crística, cuya Luz disipará la nube de culpabilidad que nubla nuestra mente. 

8. Eres invulnerable porque estás libre de toda culpa. 2Sólo me­diante la culpabilidad puedes aferrarte al pasado. 3Pues la culpa­bilidad determina que serás castigado por lo que has hecho, y, por lo tanto, depende del tiempo unidimensional, que comienza en el pasado y se extiende hasta el futuro. 4Nadie que crea esto puede entender lo que significa "siempre", y de este modo la culpabilidad le impide apreciar la eternidad. 5Eres inmortal por­que eres eterno, y "siempre" no puede sino ser ahora. 6La culpa­bilidad, pues, es una forma de conservar el pasado y el futuro en tu mente para asegurar de este modo la continuidad del ego. 7Pues si se castiga el pasado, la continuidad del ego queda garan­tizada. 8La garantía de tu continuidad, no obstante, emana de Dios, no del ego. 9Y la inmortalidad es lo opuesto al tiempo, pues el tiempo pasa, mientras que la inmortalidad es constante. 

Este mensaje toca al corazón y no podemos evitar exclamar ¡Guau! Qué maravilla y cuánta sabiduría expresan esas palabras. Es tan obvio, que avergüenza que nuestra conciencia no clame de júbilo a esta invitación a despertar de su letargo sueño. En el ahora, en el siempre, en la eternidad, siempre permaneceremos invulnerables a la culpa. Si elegimos cualquier otro tiempo, estaremos apostando por lo que no existe y, encima, apostamos por revivir el sentimiento de culpa, o lo que es lo mismo, eligiendo ver el pasado, en el ahora, estamos eligiendo condenarnos.

Ningún estado pasado puede aportarnos paz, pues lo que no está, lo que no es real, no es nada, y, ¿puede la nada aportar paz? 

9. Aceptar la Expiación te enseña lo que es la inmortalidad, pues al aceptar que estás libre de culpa te das cuenta de que el pasado nunca existió, y, por lo tanto, de que el futuro es innecesario y de que nunca tendrá lugar. 2En el tiempo, el futuro siempre se asocia con expiar, y sólo la culpabilidad podría producir la sensación de que expiar es necesario. 3Aceptar como tuya la inocencia del Hijo de Dios es, por lo tanto, la forma en que Dios te recuerda a Su Hijo, y lo que éste es en verdad. 4Pues Dios nunca ha condenado a Su Hijo, que al ser inocente es también eterno. 

Haz de tu presente, tu existencia real, y de esta manera gozarás de inmortalidad. Haz de tu presente, el pasado, y de esta manera harás real la muerte. 

10. No puedes desvanecer la culpabilidad otorgándole primero realidad, y luego expiando por ella. 2Ése es el plan que el ego propone en lugar de simplemente desvanecerla. 3El ego cree en la expiación por medio del ataque, al estar completamente compro­metido con la noción demente de que el ataque es la salvación. 4Y tú, que en tanta estima tienes a la culpabilidad, debes también creer eso, pues, ¿de qué otra manera, salvo identificándote con el ego, podrías tener en tanta estima lo que no deseas? 

El sacrificio, el autocastigo, el dolor, el sufrimiento, son los fieles aliados que acompañan a la culpa, y se presentan como las vías de salvación como pago justo por los pecados cometidos.

El ego no quiera cargar con el peso de la culpa y ello le lleva a proyectarla fuera, viendo el pecado en los demás, los juzga y los condena. Su veredicto siempre será el de la culpa y su sentencia redentora le lleva a imponer castigos cuyos efectos aportarán la falta de libertad, el miedo, el sufrimiento, el dolor, la enfermedad y un largo etc.

11. El ego te enseña a que te ataques a ti mismo porque eres culpa­ble, lo cual no puede sino aumentar tu culpabilidad, pues la cul­pabilidad es el resultado del ataque. 2De acuerdo con las ense­ñanzas del ego, por lo tanto, es imposible escaparse de la culpabilidad. 3Pues el ataque le confiere realidad, y, si la culpabi­lidad es real, no hay manera de superarla. 4El Espíritu Santo sen­cillamente la desvanece mediante el sereno reconocimiento de que nunca ha existido. 5Al contemplar la inocencia del Hijo de Dios, sabe que eso es la verdad: 6Y al ser la verdad con respecto a ti, no puedes atacarte a ti mismo, pues sin culpabilidad el ataque es imposible. 7Tú estás, por lo tanto, a salvo, ya que el Hijo de Dios es inocente. 8Y al ser completamente puro, eres invulnera­ble. 

Debemos entregar al Espíritu Santo, nuestra visión del pasado, nuestras creencias en el pecado y en la culpa, en la separación y el miedo. La Expiación corregirá esas creencias y nos llevará a visionar una nueva realidad, en la que el amor sustituirá al miedo, y donde la invulnerabilidad nos permitirá recuperar la inocencia y la pureza.

jueves, 18 de julio de 2024

Capítulo 13. I. Inocencia e invulnerabilidad (1ª parte).

 I. Inocencia e invulnerabilidad (1ª parte). 

1. Dije anteriormente que el Espíritu Santo comparte el objetivo de todos los buenos maestros, cuya meta final es hacerse innecesa­rios al enseñarles a sus alumnos todo lo que ellos saben. 2Eso es lo único que el Espíritu Santo desea, pues dado que comparte el Amor del Padre por Su Hijo, intenta eliminar de la mente de éste toda traza de culpabilidad para que así pueda recordar a su Padre en paz. 3La paz y la culpabilidad son conceptos antitéticos, y al Padre sólo se le puede recordar estando en paz. 4El amor y la culpabilidad no pueden coexistir, y aceptar uno supone negar el otro. 5La culpabilidad te impide ver a Cristo, pues es la negación de la irreprochabilidad del Hijo de Dios. 

Este punto nos enseña dos aspectos interesantes. Por un lado, nos indica el objetivo que comparten los buenos maestros, entre los que se encuentra el Espíritu Santo, y nos dice que, su meta final es hacerse innecesarios al enseñarles a sus alumnos lo que ellos saben. El buen maestro debe saber cuándo debe retirarse en su labor de enseñar, para que el estudiante tome el timón de su barco y comience a navegar por sí solo.

Por otro lado, nos revela, que esa decisión debe tomarse cuando hayamos enseñado que la culpabilidad es la creencia que nos impide recordar nuestra condición de Hijo de Dios. 

2. En el extraño mundo que has fabricado el Hijo de Dios ha pecado. 2¿Cómo, entonces ibas a poder verlo? 3Al hacerlo invisi­ble, surgió el mundo del castigo procedente de la tenebrosa nube de culpabilidad que aceptaste, y que en tanta estima tienes. 4Pues la irreprochabilidad de Cristo es la prueba de que el ego jamás existió, ni jamás podrá existir. 5Sin culpabilidad, el ego no tiene vida, y el Hijo de Dios está libre de toda culpa. 

La culpa nos lleva a escondernos de Dios, al creer que fue Él quien nos expulsó del Paraíso. Bajo esa falsa creencia, el ego justifica su identidad, pues es hijo de la separación. Recuperar la Inocencia, la irreprochabilidad de Cristo, el Hijo de Dios, exige ver las cosas de otra manera, cambiar la percepción errada y visionar el mundo real. 

3. Al examinarte a ti mismo y juzgar honestamente tus acciones, puede que sientas la tentación de preguntarte cómo es posible que puedas estar libre de culpa. 2Mas ten en cuenta lo siguiente: no es en el tiempo donde no eres culpable, sino en la eternidad. 3Has "pecado" en el pasado, pero el pasado no existe. 4Lo que es siempre no tiene dirección. 5El tiempo parece ir en una dirección, pero cuando llegues a su final, se enrollará hacia el pasado como una gran alfombra extendida detrás de ti, y desaparecerá. 6Mien­tras sigas creyendo que el Hijo de Dios es culpable seguirás caminando a lo largo de esa alfombra, creyendo que conduce a la muerte. 7Y la jornada parecerá larga, cruel y absurda, pues en efecto, lo es. 

Para percibir el mundo real, nuestras creencias deben cambiar, nuestra mente debe servir tan solo al Espíritu, cuya esencia es el Amor. No podemos ver quienes somos, si nuestra percepción se basa en el tiempo. Tan solo el presente nos puede mostrar la verdad, pues tan solo el presente es eterno. Ver desde el pasado o desde el futuro, nos impedirá reconocernos realmente. Cargamos con la falsa creencia en el pecado y en la culpa, debido a que nuestra mente se alimenta del pasado, lo que le lleva a temer, igualmente, el futuro. Es en el presente donde únicamente podremos crear un nuevo mundo, el mundo real, esto es así, porque el presente es inocente y nos permite elegir desde la inocencia y no desde el dolor. 

4. El viaje en que el Hijo de Dios se ha embarcado es en verdad inútil, pero el viaje en el que su Padre le embarca es un viaje de liberación y dicha. 2El Padre no es cruel, y Su Hijo no puede herirse a sí mismo. 3La venganza que teme y que ve, nunca recaerá sobre él, pues aunque cree en ella, el Espíritu Santo sabe que no es verdad. 4El Espíritu Santo se encuentra al final del tiempo que es donde tú debes estar, puesto que Él está contigo. 5Él ya ha des-hecho todo lo que es indigno del Hijo de Dios, pues ésa fue la misión que Dios le dio. 6lo que Dios da, siempre ha sido. 

Como bien expresa en punto anterior, la jornada parece larga, cruel y absurda, pues en efecto lo es.

Si miramos el mundo que percibimos actualmente, no es de extrañar que pensemos que nos queda un largo camino por recorrer. El tiempo se convierte en nuestro compañero, invitándonos a aprender día a día, que no podemos continuar haciendo real los horrores del mundo.

La fuerza de las enseñanzas del Curso en Milagros radica en la nueva visión que nos aporta para ver el mundo de otra manera. Una de las lecciones más importante que nos ofrece es reconocer que no es el mundo de afuera el que debemos cambiar, sino nuestro mundo interno, el que ocupa las creencias en nuestra mente. 

5. Me verás a medida que aprendas que el Hijo de Dios es inocente. 2Él siempre anduvo en busca de su inocencia, y la ha encon­trado. 3Pues cada cual está tratando de escapar de la prisión que ha construido, y no se le niega la manera de encontrar la libera­ción. 4Puesto que reside en él, la ha encontrado. 5Cuándo ha de encontrarla es sólo cuestión de tiempo, y el tiempo no es sino una ilusión. 6Pues el Hijo de Dios es inocente ahora, y el fulgor de su pureza resplandece incólume para siempre en la Mente de Dios. 7El Hijo de Dios será siempre tal como fue creado. 8Niega tu mundo y no juzgues al Hijo de Dios, pues su eterna inocencia se encuentra en la Mente de su Padre y lo protege para siempre. 

Como ya hemos comentado, es en el presente, en el ahora, donde podremos reencontrarnos con nuestra inocencia. Es en el ahora, donde ni el pasado ni el futuro tienen presencia, salvo que decidamos que la tengan. La corrección debe realizarse en nuestra mente para que podamos percibir de manera fiable, para poder ver el mundo real, libre de culpa, de miedo, de sufrimiento y dolor. Ese cambio, aunque se produce en nuestra mente, también afecta a las mentes de nuestros hermanos. Al sanar nuestra mente, estamos sanando la de los demás. Sanar la falsa creencia en la separación, nos permitirá reconocer la fuerza que nos une al resto de la Filiación.