jueves, 23 de marzo de 2017

Génesis. "El Despertar del Ser" - 4ª parte -

Trabajos del 2º Día de la Creación.

Traducción Convencional: “Haya firmamento en medio de las Aguas, que separe unas de otras, y así fue. E hizo Dios el firmamento, separando aguas de aguas, las que estaban debajo del firmamento de las que estaban sobre el firmamento. Y vio Dios ser bueno. Llamó Dios al firmamento cielo, y hubo tarde y mañana, segundo Día”.

Kabaleb, en su obra sobre el Génesis “Curso de Interpretación Esotérica del Antiguo Testamento”, nos indica sobre este punto, que se introduce una frase que no figura en las Biblias protestantes o judías. Se trata de: “Y vio Dios ser bueno”. Según nos confirma el autor, Moisés no escribió esta frase, lo que ha llevado a pensar que los trabajos correspondientes al 2º Día de la Creación no fueron considerados como buenos.

Pasemos a la traducción de Fabre d´Oliver: “Declarando a continuación su Voluntad, El-los Dioses dijo: habrá una expansión etérea en el centro de las aguas; habrá una fuerza rarificante operando el partazgo de sus facultades opuestas. Y Él, el Ser de Seres, hizo esta Expansión etérea; excitó ese movimiento de separación entre las facultades inferiores de las Aguas, y sus facultades superiores y así se hizo. Designando, Él-los Dioses, esta expansión etérea con el nombre de Cielos, las Aguas exaltadas; y tal fue el Occidente y tal fue el Oriente, el objetivo y el medio, el término y el arranque de la segunda manifestación fenoménica”.

Si en el Primer Día el Elemento activo fue el Fuego, en el Segundo Día sería el Agua. La labor creadora en ese 2º Día consistió en separar dicho Elemento, es decir, en separar las Aguas, estableciendo sus facultades superiores arriba y las inferiores abajo. En el texto sagrado se recoge que a las Aguas Exaltadas le dio el nombre de Cielos (Shin-Mem-Yod-Mem), sin embargo, nada dice sobre las Aguas que quedaron en otro nivel. 

Tendremos que pensar que al igual como ocurrió en el Primer Día, cuando la Luz al separarse de las Tinieblas da lugar a la dualidad Día y Noche, esa misma dualidad quedaría establecida en el 2º Día, dando lugar al Cielo y el Abismo (infierno).

Decíamos que la manifestación del Fuego Zodiacal se expresaba a través de los signos Aries, Leo y Sagitario. Bien, en la manifestación del Agua Zodiacal se expresan los signos de Cáncer, Escorpio y Piscis, y dichos Arquetipos llevan implícitos en sus Programas la dinámica que estamos estudiando relativa al 2º Día de la Creación y a la separación de las Aguas.


En este nivel del proceso, aún no se había alcanzado la fase de materialización, por lo que debemos decir, que cuando hablamos de las Aguas, no debemos pensar en el elemento líquido que todos conocemos a nivel físico, sino que está aludiendo a un tipo de esencia inmaterial que, en el 4º Día de la Creación, cuando la Obra se cristalizó, tomando la apariencia que ahora tiene, aparecería en forma de Agua. El Agua, a nivel anímico, es Deseos, Sentimientos, Emociones, y que distinguimos perfectamente lo que son bajos deseos, pasiones, de lo que son sentimientos elevados, anhelos sublimes. Estos deseos fueron entonces divididos, y así los experimentamos en la actualidad, puesto que en el llamado Mundo de los Deseos hay unas regiones superiores llamada Primer Cielo y unas regiones inferiores donde van a parar los bajos deseos.

Es muy importante que entendamos lo sucedido en  Segundo Día de la Creación. La Divinidad adoptó la misma dinámica utilizada en el 1º Día, proyectó el Elemento Fuego sobre en Elemento Agua en un acto de integración y ordenación de los Elementos, sin embargo, dicha integración no se pudo llevar a cabo, lo que dio lugar a la “dualidad original”. Sólo pudo iluminar parte de esas Aguas,  dejando las segundas debajo, fuera del mundo divino a fin de que, al no poder gozar de la protección, de las garantías de lo creado, fueran auto-destruyéndose hasta su liquidación total.

Decíamos en el capítulo dedicado al 1º Día de la Creación, que dichos trabajos, habían sido tutelados por el Séfira Kether-Padre. Bien, en el 2º Día de la Creación, fue Hochmah el Centro protagonista, el 2º Aspecto de la Divinidad y su labor consistió en hacerse Agua, con el propósito de lograr integrar el elemento rebelde, que amenazaba con apagar el Fuego primordial. Gracias al Trabajo de integración –Fuego y Agua- se alcanza un estado de fecundidad divina.

Pero Hochmah, como ya hemos advertido, no consiguió la integración completa, quedando un remanente de Agua que no se pudo integrar al mundo divino y permaneció en el Abismo.

Ese nivel de conciencia llamada Abismo,  se convertiría en el  “escenario” donde, los rebeldes, los auto-marginados de la dinámica divina, se darían cita para continuar su maniobrar evolutivo.

Nos comenta Kabaleb, que lo que no pudo hacer Hochmah en el 2º Día, intentaría hacerlo Cristo al descender a nuestro mundo material: purificar esas Aguas y salvar a los que habitan en el Abismo.

Por todo lo recogido hasta ahora, podemos decir, que el 2º Día de la Creación es el de la División. Dicha dinámica ha quedado inscrita en nuestra genética espiritual y cuando abordamos cualquier proceso creativo y afrontamos la fase correspondiente al trabajo de las emociones y deseos, debemos ser conscientes de que tendremos que hacer frente a la experiencia que nos invita a la dualidad.

Podríamos hacernos la pregunta, ¿Por qué Dios tuvo que operar con elementos que se combaten entre sí? Ya hemos visto, como la “colaboración” de los Zodiacales, poniendo a disposición del Creador las Esencias de los Elementos Fuego, Agua, Aire y Tierra, permitió a Elohim realizar su Creación. Por lo tanto, dichas Energías les vino dada y no tuvo más remedio que trabajar con ellas.

Fabre d´Olivet nos aporta una importante información a la hora de describir la condición implícita en el Agua, al traducirla como: “Imagen de la universal pasividad de las cosas”. Esta idea nos sitúa ante dos Elementos totalmente contrarios entre sí. Por un lado, el Fuego-Voluntad, como energía de acción; por otro, el Agua-Deseo, como energía de interiorización: actividad-pasividad. He ahí, la necesidad de integración de ambos elementos.

La Luz proyectada por Elohim sobre las Aguas, permitió elevar una parte, mientras que la otra quedó en un plano inferior. Esta es la razón por la cual, los sentimientos, nos pueden elevar hacia la conquista de metas muy elevadas o por el contrario, nos mantienen identificados con falsos valores.

Nuestro Trabajo Humano, como ya hemos adelantado, nos invita a integrar los Elementos Zodiacales de una manera armónica y creativa. Cuando nos enfrentemos a la dinámica de las emociones y deseos, debemos actuar como lo hizo Elohim, es decir, separar los sentimientos elevados de los inferiores y no combatir estos últimos, pues si así lo hacemos, estaremos generando un círculo vicioso de negatividad. El “mal” no podemos vencerlo con el “mal”. La oscuridad es tan sólo ausencia de Luz. Es necesario que comprendamos nuestra naturaleza emocional y no deleguemos  esa energía que consideremos “oscura” fuera de nosotros, proyectándola sobre los demás y enfrentándonos a ella. El verdadero trabajo consiste en reconocer que forma parte de nosotros y establecer un orden en su manifestación. El cuento de la Bella y la Bestia, bajo mi punto de vista, nos enseña cómo debemos tratar a la parte “Bestia” que todos llevamos dentro. No debemos hacerlo con miedo, con odio, con rencor, con violencia. Cuando decidimos “conocer” esa parte oscura de nuestro ser, cuando decidimos amarla, porque la condición de amar forma parte de nosotros, entonces, esas energías que han dado vida a nuestra naturaleza inferior, se transforma y se convertirá en energía creadora y vital, se convertirá en “príncipe”, es decir, en heredero de la Corona que ha de gobernar nuestro reino.

Finalizaremos, este capítulo dedicado al 2º Día de la Creación, pero no sin antes aportar una información que no incluí cuando nos referimos a los Trabajos pertenecientes al 1º Día de la Creación.

Hablamos, entonces, de que la primera acción realizada por Elohim consistió en crear la Luz-Fuego. Bien, con ese Acto Creador tuvo lugar la Emanación de la Primera Oleada de Vida, la que se conoce con el nombre de Espíritus Virginales y que se refiere al estado potencial de la Oleada de Vida Humana. En este primer Día se recibe en estado potencial el germen del Cuerpo Denso. Ya advertíamos en dicho capítulo que esos Trabajos quedaron tutelados por Kether, de quien recibimos, igualmente, El Espíritu Divino. ¿Qué duda cabe de que somos dignos Hijos de Dios?

De igual modo, en el 2º Día de la Creación, nació el germen de nuestro futuro Cuerpo de Deseos y Elohim emanó una nueva Oleada de Vida, la que conocemos como Oleada de Vida Animal. La tutela de Hochmah-Amor, el segundo de los Séfiras del Árbol Cabalístico, permitió adquirir, una nueva condición espiritual llamada Espíritu de Vida.


Alcanzado el final de los Trabajos correspondientes al 2º Día de la Creación, tenemos que se ha producido la creación de dos Vehículos potenciales, el Cuerpo Denso y el Cuerpo de Deseos, dotados de un doble Espíritu, el Espíritu Divino y el Espíritu de Vida. Hasta aquí todos los Trabajos se están realizando en los “campos” sutiles; nada es sólido. Utilizando una terminología que, hoy por hoy, ya se puede demostrar científicamente y que postula la física cuántica, los trabajos de los dos primero Días de la Creación se desarrolla en el Campo de la Energía Ondulatoria (campos de información). Tendremos que aguardar al 4º Día de la Creación, para que esa energía se convierta en corpuscular y adopte una textura sólida.

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