miércoles, 20 de julio de 2016

Cuento para Asaliah: "Vida después de la muerte"


Cuando todos los niños se divertían jugando entre ellos, raramente podríamos encontrar a Asaliah en el grupo participando del juego.

Había algo que le interesaba mucho más que aquellos entretenimientos infantiles, al menos así lo veía él, que no contaba mayor edad que sus compañeros.

En aquellos momentos, al joven lo único que le preocupaba era atrapar algún saltamontes o incluso algún ratón para someterlo a sus investigaciones científicas.

Sí, ya saben a que dedica su tiempo libre el extravagante Asaliah. Su mayor ilusión era conocer el porqué de las cosas, y en aquel día se preguntó por qué el saltamontes era verde y saltaba con tanta facilidad.

Con un cuchillo muy afilado le abrió en dos partes y cual fue su alegría al encontrar que aquellas partículas verdes que halló en su interior debían ser la razón por la que el saltamontes era verde.

En verdad lo que había descubierto eran los restos de comida que el pobre insecto había ingerido momentos antes de ser atrapado.

Con el paso de los años, Asaliah no cambió en absoluto, es más, se había convertido en un joven muy inteligente que acababa de decidir qué iba a ser en el futuro. Médico, iba a ser un buen médico.

Durante los primeros años, Asaliah puso mucho interés en sus estudios y gracias a ello fue obteniendo muy buenos resultados.

Había llegado el momento que siempre había esperado, las prácticas de anatomía. Tenía la oportunidad de conocer qué había en el interior del cuerpo humano. Siempre había soñado con aquel momento.

Allí estaba, delante de un cuerpo sin vida. El profesor iba explicando uno a uno los órganos, y Asaliah sin poder controlarse se anticipaba a éste, y antes de que dijera el nombre ya lo había hecho él.

Asaliah se sentía muy impresionado por todas aquellas experiencias, pero aún lo estaría más cuando viviese los acontecimientos que le aguardaban en aquella noche.

Acababa de abandonarse en manos de la dama del sueño, cuando de repente se encontró en el hospital donde realizaba sus estudios. Junto a él, un extraño personaje, con el que parecía tener una misteriosa relación, le guiaba.
  • Acércate Asaliah y observa -dijo su acompañante, al tiempo que le señalaba unas escenas-.
Ante el joven apareció un hombre moribundo. Estaba muy enfermo y acababa de parársele el corazón. Inmediatamente, acudieron el médico y las enfermeras e intentaron reanimarle, pero no pudieron conseguirlo. En ese momento, del cuerpo del recién fallecido surgió un cordón de luz, y poco a poco esa luz adoptó fuera del cuerpo sin vida, su misma imagen.

Asaliah entonces se dio cuenta de que estaba en el mundo de los muertos, y ante él se encontraba el espíritu del recién fallecido.
  • Pero, ¿cómo puede ser esto? -preguntó a su acompañante -, yo nunca pensé que la vida continuase tras la muerte.
  • Sigue mirando Asaliah, observa y no pierdas detalles -volvió a aconsejar su acompañante -.
El espíritu que acababa de salir del cuerpo del fallecido, sintió un profundo dolor. Asaliah quiso saber por qué, y averiguó que estaban practicándole una autopsia. Eso que tantas veces él había hecho a saltamontes y ratones.
  • ¿Por qué sufre el espíritu…, acaso llega a sentir dolor…?
  • La práctica de la autopsia, interrumpe el proceso de asimilación de experiencias que se produce tras la muerte del cuerpo físico. El espíritu necesita al menos de unos días, habitualmente tres, para trasladar las vivencias y tomar consciencia de ella…
Aquel espíritu quedó privado de la posibilidad de aprender de las experiencias que había vivido. De este modo se vería en la necesidad de volver a vivirlas.

Asaliah -volvió a su cuerpo y se sintió agotado. Aquellas vivencias le habían afectado tanto.

Aquel día, en el instituto anatómico del hospital, debía participar en una autopsia, pero Asaliah no lo haría. Quiso convencer a los profesores del error que estaban cometiendo, pero le tomaron por loco.

Desde entonces, el inteligente joven, se entregó a la defensa de los derechos de los fallecidos y con su trabajo consiguió que aquellas prácticas cesasen. Muchos espíritus se lo agradecerían de veras.

Fin


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