lunes, 18 de julio de 2016

Cuento para Sealiah: "El triunfo de la humildad"


Aquel iba a ser el primer año en el que el joven Sealiah acudiría a la escuela. Hasta ahora, y dada la pobreza de su familia, se había dedicado al cuidado de las ovejas en el campo.

Pero el chico se hacía mayor y sus padres se sentían muy preocupados por él, pues veían como los demás niños del pueblo recibían una educación, mientras que su hijo era casi analfabeto.

Por ello, pensaron que aunque su ayuda le hacía mucha falta, debía acudir a la escuela.

Y allí estaba Sealiah en su primer día de clase. No podía evitar sentirse como un extraño, apenas si conocía a un par de chicos de tantos como había.

Sintió también cómo todos le miraban con cierta curiosidad. Era normal, habían oído hablar del muchacho que pastoreaba en las montañas, pero no habían tenido oportunidad de conocerle personalmente.

Pero Sealiah pasó la prueba, pues muy pronto se fueron acercando a él, presentándose e invitándole a ser su amigo.

Aquella actitud le tranquilizó pues temía que nadie lo aceptase.

Sin embargo, Sealiah no había conocido a todos los que iban a ser sus compañeros de clase, aún faltaba el cabecilla del grupo, el arrogante Solel.
  • Vaya, vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí? -exclamó sarcásticamente el recién llegado -.
Sealiah que no sabía con certeza a quién se dirigía, preguntó incrédulamente.
  • ¿Me hablas a mí?
  • ¿A quién va a ser si no? Aquí todos me respetan, y sabes por qué lo hacen, te lo diré muchachito. Lo hacen porque soy su jefe. ¿Sabes lo que significa eso? -le preguntó amenazadoramente al joven -.
  • Entiendo lo que quieres decir -le contestó Sealiah -.
El humillado joven agachó la cabeza y se alejó del grupo. Todos reían las palabras de Solel.

El tiempo fue pasando y Sealiah fue rechazado día a día por todos. El no seguía las órdenes que Solel dictaba, mientras que los demás si lo hacían.

Un día, el profesor decidió hacer una excursión a las montañas, y todos acogieron la propuesta con ilusión.

Tendrían la oportunidad de jugar y divertirse.

Tras tres horas de marcha, el grupo llegó a su meta. Eligieron una explanada para acampar y tras soltar los bártulos que llevaban, se fueron esparciendo a su antojo.

Solel que ya tenía un plan trazado reunió a sus colaboradores y les propuso investigar una de las montañas más cercanas. Sealiah que se enteró de la idea, quiso advertirles de que era peligroso lo que querían hacer, pero no le hicieron caso.

Aquel pequeño grupo llegó a la montaña que querían explorar y cuando emprendieron la escalada, tres lobos salvajes le salieron al paso. Todos quedaron de piedra. Esperaban que su líder, Solel, les salvara de aquel peligro, pero este tenía aún más miedo que los demás

Cuando todo parecía perdido, una voz emitió un sonido muy extraño, pero consiguió que los lobos obedecieran y se marchasen. Había sido Sealiah, todos le vieron y quisieron hacerle su nuevo jefe, pero el joven que era muy humilde no aceptó.
  • Ya tenéis un jefe. En adelante sabrá ayudaros mejor.
Y así sería. Solel no olvidó aquella prueba de humildad, y desde entonces dejó de ser orgulloso e insolente, para convertirse en un ser comprensivo y humilde.

Fin

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