domingo, 17 de julio de 2016

Cuento para Ylahiah: "Llamando a los ladrones"

No era la primera vez que ocurría, y la vecindad comenzó a sentir verdadero miedo. En tan solo un mes habían robado en cinco ocasiones en diferentes casas, y ya se preguntaba ¿cuándo le tocaría a ellos?

Los últimos sucesos se habían convertido en el único tema de conversación que se comentaba en todos los hogares del barrio, en el bar, los comercios, en la peluquería, incluso en la escuela, y a veces las discusiones llegaron a enfrentar a los que la mantenían. Este fue el caso de Samiel y de Ylahiah.

Ocurría que Samiel había sido una de las víctimas de los robos y se sentía muy dolido porque los ladrones se habían llevado algo de mucho valor para él.

Pero aquella decepción no era compartida por Ylahiah, y esa opinión vino a empeorar su estado de ánimo, el cual explotó violentamente alcanzando a su amigo de toda la vida.
  • Veo que te alegras de lo que ha pasado, siempre he sabido que no te agradaba que yo tuviese un ordenador y tu no -acusó el dolido Samiel-.
  • ¿Cómo puedes pensar tal cosa?, ¿acaso me crees tan ruin? -le contestó muy afectado Ylahiah-.
  •  Entonces, ¿cómo es que defiendes a los ladrones? -le retó violentamente Samiel -.
  • ¿Acaso has olvidado lo que nos han enseñado en la escuela? -le cuestionó Ylahiah -.
  • ¿A qué te refieres?, pues en la escuela nos han enseñado muchas cosas -preguntó interesado Samiel-.
  • Recuerdas que Cristo dijo a los hombres: "no acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín los corroen, y donde los ladrones horadan y roban" -le contestó dulcemente Ylahiah -.
  • Sí recuerdo que hemos estudiado ese pasaje -dijo su amigo -, pero ¿qué tiene que ver esto con que me hayan robado el ordenador?
  • No lo entiendes, tú nunca has querido compartirlo con los demás. En ocasiones te han pedido ayuda y tú la has negado excusándote en que se estropearía. Lo único que hacías era defenderte de nosotros. Tu celo por poseer lo que los demás no tienen, esa es la causa de que te hayan robado -explicó Ylahiah-.
  • ¿Cómo te atreves a insultarme de esa manera? Creí que eras mi amigo y resulta que lo único que eres es un envidioso. Déjame tranquilo.
Era evidente que Samiel no había aceptado la sugerencia de Ylahiah y lo que era aun peor, aquella conversación vino a empeorar aún más las cosas.

Pasó el tiempo, y la presencia de los guardianes del orden pareció ahuyentar a los ladrones.

Samiel que se había comprado otro ordenador, se encontró cierto día con su ex-amigo Ylahiah y quiso mofarse de sus teorías.
  • ¿Qué me dices ahora de tus enseñanzas? Como bien sabrás tengo un nuevo ordenador y sigo sin querer compartirlo. Ahora tenemos guardianes, ¿por qué no me lo roban?, pues según tu estoy provocando a los ladrones.
Las palabras de Samiel no quisieron ser escuchadas por Ylahiah, pues comprendía que sería perder el tiempo.
Pero la vida es sabia y sabe poner a cada uno en su sitio, y así lo hizo con Samiel.

Acababa de llegar a casa y encontró a sus padres entristecidos. No tardó en saber que los ladrones habían entrado en su casa, pero lo extraño de ello resultó ser que tan solo se habían llevado su ordenador.
Desde aquel día Samiel ganó en sabiduría, y también en amigos, pues siguió al pie de la letra las palabras que Ylahiah le transmitiera.

Fin

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